Tras el estallido del sábado 17 en Francia, los estudiantes junto con los aparatos sindicales y sectores obreros de vanguardia se volvieron a movilizar el sábado 24. Los manifestantes no se dejaron amedrentar por el despliegue policial y militar de 70 mil efectivos que puso Macron en la calle.
Los organizadores estimaron que en todo el país se volvió a repetir la participación de 800 mil personas como el sábado pasado, con 250 mil solo en París.
Dado que ya comenzó un receso escolar en Francia que dura hasta el 2/11, es probable que una nueva manifestación muy masiva se realice el 5 de noviembre día en que está convocado un paro general por la CGT-CFDT y otras asociaciones sindicales. De todas maneras, hoy 31/10 los jóvenes volvieron a manifestarse por tercera semana consecutiva.
El movimiento cuenta a favor con la enérgica convicción de los estudiantes, junto con la combatividad de la juventud heredera de la opresión colonial francesa en los países árabes. Veremos si en la huelga del 5/11 aparece más masivamente el movimiento obrero, y si ello modifica la dinámica de las manifestaciones de presión en las calles. Por ahora está claro que el interés de las organizaciones políticas con cierto peso que participan en la movilización, en particular LFI (La Francia Insumisa) de Melenchón, es llegar mejor ubicados en la consideración popular para las próximas elecciones del 18 de abril.
Mientras la calle la tiene la izquierda y la LFI ha crecido en el último tiempo, por ahora parece que la que puede ganar la primera vuelta es la derecha de Marine Le Pen, Agrupación Nacional (RN).
Esta polarización política a derecha e izquierda no es exclusiva de la situación francesa, sino que está ocurriendo en casi toda Europa, como consecuencia de la crisis estructural creciente.
Francia es el país que está más complicado, con la economía estancada, una deuda pública del 119% de su PBI y un déficit fiscal del 5,4% que hace que la deuda no pare de crecer. Es un imperialismo en decadencia que ha perdido en gran medida los ingresos que provenían de la explotación semicolonial de varios países de Africa cuyos gobiernos exigieron la retirada de las tropas francesas.
Si bien la economía a nivel mundial viene en una larga crisis desde 2008, agravada por la pandemia en 2019, y la economía francesa está sufriendo las consecuencias del aumento del precio del petróleo provocado por la guerra en Medio Oriente.
Esto ha elevado los precios de la canasta familiar en un 18-20% en solo cuatro años y siguen subiendo. Mientras que los salarios reales han aumentado solo un 2,4 % en los últimos cinco años.
Sin embargo, el principal gasto del presupuesto se encuentra en el plano del armamento militar y los aportes a Ucrania para sostener su guerra con Rusia.
Mientras el gobierno pretende recortar del gasto del estado unos 54 mil millones, el presupuesto militar de Francia alcanzará los 64 mil millones de euros para 2027. La crisis económica agravada por la guerra ha producido un deterioro no solo en la educación y en la salud sino en los servicios públicos en general: atención social, carreteras, transporte, instalaciones juveniles, recolección de basura, aguas residuales y suministro de agua, etc.
El ajuste que pretende imponer Macron no empezó ahora. Sin embargo, la resistencia de los trabajadores y la juventud francesa ha logrado frenar parcialmente los recortes al estado de bienestar que en otros países europeos han logrado imponerse.
En 2023 las huelgas y manifestaciones obligaron a suspender la aplicación hasta enero de 2028 del decreto de Macron que pretendía imponer el aumento de la edad jubilatoria de 62 a 64 años con 43 años de aporte.
Ahora mismo el primer ministro Lecornu prometió mejorar las condiciones educativas para frenar al movimiento estudiantil.
La crisis abarca a los principales países de Europa
El aumento del presupuesto militar que está ocurriendo en todos los países se hace en nombre de una guerra con Rusia que todos los gobiernos europeos agitan pero que en realidad constituyen los preparativos de la tercera guerra mundial.
La crisis europea se viene agravando desde que la guerra de Ucrania provocó un alza en el costo de la energía con la que se abastece la industria debido a que ya no tiene el gas barato que antes provenía de Rusia.
Francia es el punto más alto de la crisis, pero no es una excepción, sino que es parte de una crisis general de Europa. Una decadencia general que se hace más visible por las manifestación que surcan el viejo continente como reguero de pólvora, en España y Portugal, Bélgica, Italia y Albania, Alemania, Serbia, con ejes en diferentes reclamos específicos pero que expresan el malestar con la situación general, el alza del costo de vida, y una vida gris y decadente para los jóvenes.
Atenazada por los aranceles norteamericanos y la competencia de la industria china, la burguesía imperialista europea en crisis se prepara para una guerra que inevitablemente será mundial. A ese nuevo abismo de barbarie quiere arrastrar al pueblo y la juventud europeos. Las manifestaciones de la juventud son una expresión espontánea de descontento que viene planteando reivindicaciones parciales como la educación, la vivienda y los salarios, pero expresa el malestar general. Y ya ha reclamado que la plata destinada a la guerra se utilice para resolver sus demandas. Pero todavía no parece ver en toda su magnitud el desastre que, en parte ya es actual en Ucrania, pero que es mucho peor el que se avecina.
La juventud debe empalmar con la clase trabajadora para que esta también se ponga en movimiento. No basta con un paro aislado como los convocados por las burocracias sindicales de Francia, España o Italia. Tampoco se puede esperar que las elecciones resuelvan lo que nunca resolvieron. De las manifestaciones y paros aislados hay que pasar a la huelga general. Sin embargo, cuando la situación mundial se encamina a una nueva guerra mundial sólo la revolución socialista en los principales países imperialistas puede evitar que estalle. Hay que prepararla en este proceso de ascenso. Junto con impulsar los organismos y la coordinación para desarrollar la lucha de los trabajadores y los jóvenes, es imprescindible la organización de un partido revolucionario internacionalista, es decir trotskista. Solo con una dirección revolucionaria toda la energía de la lucha podrá confluir en la conquista del poder.
31/10/26
