Parlamento: una institución del régimen burgués

Tras el triunfo de Milei en las elecciones del 2023, casi todas las manifestaciones estuvieron dirigidas a presionar al parlamento. A su vez fue la “agenda” parlamentaria la que fue marcando la dinámica de la lucha de clases. Con el gobierno teniendo la iniciativa de los decretos o leyes reaccionarias, las movilizaciones siguieron el calendario de las sesiones parlamentarias además de las jornadas litúrgicas con fecha fija.
Esto marca claramente que desde diciembre de 2023 la movilización popular ha quedado a la defensiva cumpliendo el rol de presionar a la oposición para que no se vendiera a la política del gobierno.
En la mayoría de los casos esa política fracasó.  La principal razón de ese fracaso fue que el peronismo en general y el kirchnerismo en particular no quisieron voltear al gobierno, sino que por el contrario actúan como garantes de su gobernabilidad. Por eso no sacaron los pies del plato, no pasaron de las manifestaciones controladas, tanto las convocadas por el aparato político como por la burocracia sindical peronista.
La izquierda, que no tiene fuerza suficiente para voltear a Milei, se ha conformado con ser parte de esa oposición de la calle con un discurso más combativo pero que se limita a la táctica impotente de exigirle a la burocracia sindical una “huelga general”.
Dentro del recinto los parlamentarios se dividen en oficialistas, aliados cercanos, oportunistas provinciales, y una oposición peronista que respondiendo a los gobernadores le presta votos al gobierno a cambio de fondos o se ausenta de las sesiones según la necesidad.
La izquierda actúa denunciando al gobierno, a sus aliados, denunciando las leyes y decretos, y como fiscal de esa oposición peronista.
Con esta actividad la educación política que deja la izquierda es que en el parlamento los opositores se venden, traicionando la representación popular, es decir, o son corruptos o son panqueques o son traidores que no representan a quienes los votaron. Pero se olvidan de señalar lo fundamental para hacer avanzar la conciencia de los trabajadores: el carácter de clase de esos parlamentarios y del peronismo que es la verdadera razón y explicación de su actuación política.
Hasta hace poco una parte de la izquierda (PTS, por ejemplo), diciendo que aplicaba el programa de la Comuna de París, insistía con que los parlamentarios ganaran “como una maestra”, como si eso fuera a cambiar su perspectiva política. Pero ese programa no es para un parlamento burgués, es para un Estado Obrero como era la Comuna, para que no se burocraticen los diputados que representan a la clase obrera. Si los diputados de los partidos burgueses cobraran como una maestra compensarían sus ingresos con sumas en negro pagadas por su partido patronal o directamente por la burguesía. El sentido de clase de su voto no cambiaría.
Otra parte (MST, por ejemplo) decía que el voto de los parlamentarios se explicaba porque no viajaban en colectivo o en subte o no se atendían en hospitales públicos o sus hijos no iban a escuelas públicas. Al MST se le puede aplicar el viejo chiste: “Si mi abuela tuviera dos ruedas sería una bicicleta”. Lógicamente que la mayoría no utiliza los servicios públicos porque son políticos de partidos burgueses. Pero seguramente hay algunos pocos diputados que cumplen con las condiciones del MST e igual integran el peronismo, que es un partido fundamental para sostener el orden burgués y eso es lo determinante, y lo que explica sus votaciones.
Bregman llegó a decir que si la izquierda tuviera dos diputados más hubiera caído el veto de Milei al aumento jubilatorio. Siguiendo ese razonamiento con una mayoría de diputados de izquierda estaríamos resolviendo los problemas más importantes que padecemos los trabajadores. No sé si el reformista Berstein lo hubiera dicho mejor. Si hubiera un parlamento con mayoría de izquierda que le impidiera a la burguesía y el imperialismo imponer su programa, ese parlamento ya habría sido cerrado por el gobierno con apoyo militar. 

La burguesía no es una clase homogénea. Hay sectores vinculados a la industria, otros al campo, al capital financiero, etc. El parlamento es una institución de la burguesía. Es donde las distintas fracciones de la burguesía a través de sus representantes políticos parlamentarios pugnan por los distintos intereses parciales en el marco del sostenimiento del orden burgués.
Ni los diputados individualmente ni el parlamento como institución son reformables. Como hace tiempo ya explicaron Marx y Engels el proletariado no puede utilizar la misma maquinaria estatal burguesa para sus propios fines. Tiene que destruir el Estado burgués y reemplazarlo por un Estado Obrero, totalmente diferente.
En lugar de explicarle a los trabajadores y jóvenes esta verdad ineludible, los diputados del FITu, en particular Myriam Bregman siguen diciendo vulgaridades reformistas. Durante la última sesión parlamentaria para tratar el DNU 70/23, que fracasó por falta de quorum, Bregman insistió en que el problema fueron los diputados tibios, traidores y acuerdistas, a los que hay que exponer ante la opinión pública. Muy parecido a lo que dijo el dirigente de ATE Rodolfo Aguiar que llamó a escracharlos. Además de que ni una cosa ni la otra cambia nada, la educación política que deja para los trabajadores es que se trata de cambiar a los elementos “traidores” individuales por otros que sean leales. Pero deja de lado la explicación de fondo sobre el carácter de clase de las instituciones del Estado y en particular del Congreso, al cual muchos trabajadores fueron a manifestarse con la expectativa de obtener un resultado favorable. Inclusive al llamar “traidores” a los diputados que no dieron quorum crea confusión porque esos diputados no están en el parlamento para defender los intereses populares sino de la clase burguesa que representan. Y en ese sentido fueron leales a su clase.   

Tras el fallo de la Corte Suprema que tuvo como consecuencia la restitución de la vigencia del artículo 154 del DNU 70/2023, se volvió a escuchar por parte de la izquierda que la solución sería la elección de los jueces por el voto popular. Es decir que ¿si los jueces de la corte fueran elegidos en listas mileistas, macristas, radicales y peronistas sería mejor? Otra vez falla la explicación de la izquierda enredada en la democracia burguesa en lugar de exponer el carácter de clase de las instituciones. Este cuentito de la elección de los jueces (consigna apropiada para la revolución democrático-burguesa contra la monarquía) vino a reemplazar la consigna de tribunales obreros y populares que se explicaba en los ’70, con una izquierda que en esa época tenía más aspiraciones revolucionarias y menos adaptación al régimen burgués.

En otras palabras: la propaganda de los partidos del FITu como mínimo lleva a la confusión de que las instituciones del régimen burgués son reformables, y ya sea por medio de la presión de las manifestaciones pacíficas o de un cambio en los mecanismos de elección, podrían actuar y resolver en beneficio de los trabajadores. Es lo opuesto de lo que debe explicar un partido revolucionario. Que en la sociedad capitalista la burguesía es la clase dominante. Domina económica, política y culturalmente. Controla el aparato estatal que está divido en los tres poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, y tiene a su disposición el aparato represivo. Que esas instituciones del orden burgués nunca van a actuar a favor de la clase trabajadora. La función de los diputados revolucionarios es hacer constatar en la práctica esta verdad para que los trabajadores puedan llegar a la conclusión de que hace falta derrocar esas instituciones. Y ya que al PTS le gusta referirse a la Comuna de París debieran recordar la conclusión que sacaron Marx y Engels de esa experiencia revolucionaria: “La Comuna ha demostrado, sobre todo, que “la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines… no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla”.

En estas palabras -dice Lenin-: “romper la máquina burocrático-militar de Estado”, se encierra, concisamente expresada, la enseñanza fundamental del marxismo en cuanto a las tareas del proletariado respecto al Estado durante la revolución. ¡Y esta enseñanza es la que no sólo ha sido olvidada en absoluto, sino tergiversada directamente por la “interpretación” imperante, kautskiana, del marxismo!”

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