Hay trabajadores que ante la situación de explotación brutal a la que estamos sometidos bajo Milei, vuelven a ver con buenos ojos un retorno del kirchnerismo en las próximas elecciones. Por lo menos no vamos a estar tan mal, dicen. Es la lógica del mal menor. Es la vía “facil”. Quedarse piola ahora, aguantársela y votar por el peronismo (sea quien sea el candidato) en las próximas elecciones. Pero si te caíste en un pozo de 3 metros y suponiendo que pudieras subir 50 cmts no es mucha solución. Al principio sentís un poco de alivio, pero con el correr de los meses te das cuenta que seguís en el mismo pozo y sin ninguna perspectiva de salir, sin un futuro mejor.
Hay que mirar la realidad a los ojos.
El principal problema que corroe la economía del país es el pago de la deuda externa y de la deuda pública interna y la fuga de capitales.
El país produce anualmente unos 683 mil millones de dólares (2025). Se calcula que las exportaciones llegarán este año a más de 100 mil millones de dólares, dejando un saldo comercial de aproximadamente 26 mil millones de dólares. De esta cantidad de dinero el Estado recaudaría unos 104 mil millones apróx (según el presupuesto 2026). Al pago de la deuda pública, de la cual entre este año y el que viene vencen unos 33 mil millones, se destina el 12% del presupuesto (alrededor de 10 mil millones de dólares, mientras los vencimientos son de entre 17 y 19 mil millones este año), el doble de lo que asigna a salud.
De los dólares que ingresan en manos privadas terminan “fugándose” -la mayoría al exterior- alrededor de 30 mil millones de dólares anuales (Según Arriazu, “los argentinos” tienen USD 450.000 millones en activos en el exterior, de los cuales USD 170.000 millones corresponden a tenencias no declaradas).
Esto quiere decir, que todo el ajuste del gobierno que pesa en nuestras espaldas termina yendo a pagar la deuda y a engordar los bolsillos de los grandes capitalistas. Por ese ajuste cobran miseria los jubilados, le recortan el pago a los prestadores que atienden a los discapacitados, desfinancian la universidad, no hay obra pública, las rutas están destruidas, el personal de salud y los docentes ganan miseria, 70 mil trabajadores estatales fueron despedidos y siguen ahora con los retiros voluntarios.
Paralelamente al ajuste fiscal, los bajos salarios en el sector privado sirven para aumentar las ganancias de las patronales para que se puedan salvar de la depresión del mercado interno con su consecuencia de decenas de miles de despidos.
Mientras se siga atado al peso de la deuda tanto externa como interna, no hay ninguna posibilidad de que podamos salir del pozo de miseria.
Con dejar de pagar la deuda no se resuelve todo, pero sin dejar de pagar la deuda no se puede pensar en ninguna solución.
Ahora bien, Milei es muy claro. Sabemos que va a continuar con esta misma política. Si Milei cae mucho en las encuestas o tiene un accidente financiero (corrida) en las próximas elecciones habrá otros candidatos que lleven su misma orientación, un mileísmo sin Milei, para lo cual ya está anotada la Bullrich.
¿Pero el peronismo y sus posibles candidatos? ¿Hay alguno que se comprometa a dejar de pagar la deuda? La respuesta es NO. Independientemente de las promesas de campaña que pudieran hacer cuando gobernaron siguieron pagando religiosamente.
Muchos preguntarán: ¿pero que pasa si dejamos de pagar la deuda? La respuesta corta es que liberarse de la esclavitud implica luchar. De ahí en más lo que pueda pasar dependerá de muchos factores. Lo que sí sabemos es lo que va a pasar si seguimos pagando una deuda que como es impagable sigue creciendo años a año.
Haciendo “el ajuste más grande de la historia de la humanidad” -según dijo el mismo Milei- para pagar la deuda, esta siguió creciendo durante su mandato.
“En términos numéricos, la deuda pública del Estado central es cercana a los U$S 500.000 millones. Las cifras actualizadas al 31 de mayo (2026) da una cuenta de U$S 495.500 millones. En lo que va de la administración del presidente Javier Milei, oficialmente, la deuda se ha incrementado en U$S 57.000 millones en dos años. En realidad, aquí se presenta una controversia porque falta incluir la capitalización de los intereses que pueden representar unos U$S 50.000 millones más. Por lo que se entiende que la deuda, bajo la gestión Milei, en estos dos años habría crecido en unos U$S 120.000 millones. Cabe aclarar que, bajo la última administración kirchnerista, de Alberto Fernández, la deuda se incrementó en más de U$S 100.000 millones, pese al discurso de desendeudamiento. Y bajo la administración de Mauricio Macri aumentó en U$S 83.000 millones. Entonces, vemos que todos los gobiernos se lamentan de la herencia recibida en materia de deuda, pero todos la incrementaron. Como habrá visto hace unos días, se formalizó la toma de un préstamo adicional por U$S 5.000 millones y por eso decía al principio que el endeudamiento estaba en aquellos U$S 500.000 millones en términos redondos.
Lo que mencioné se refiere solo a la deuda del Estado central, sin tomar en cuenta la deuda de otros organismos del Estado, como el Banco Central o las provincias que, en su conjunto, el endeudamiento consolidado total ronda los U$S 27.000 millones. No se sabe cuál es la deuda de los municipios…
…un país no puede vivir con una deuda de U$S 500.000 millones, en una situación en la que ni siquiera podemos pagar los intereses, mucho menos amortizar el capital. Si uno toma las cifras oficiales del Ministerio de Economía, la Argentina tendría que estar pagando intereses por unos U$S 45.000 millones…
El Gobierno, con todo el esfuerzo del plan de ajuste, con todos los préstamos que se están tomando incluso para pagar intereses, no llega a pagar los U$S 11.000 millones. Entonces, estamos pagando menos de la cuarta parte de los intereses que le caen al país…
Además, “el Estado renueva en promedio por licitaciones quincenales alrededor de $10 billones por quincena. Esto es retirar bonos viejos y entregar bonos nuevos. Y eso pagando intereses y comisiones.” (Héctor Luis Giuliano, Autor del libro “Problemática de la Deuda Pública Argentina”, La Gaceta, 28 junio 2026)
Algunos quizás dirán que se podría hacer como hizo Néstor Kirchner y sacarse de encima la presión del FMI pagándole lo que le debemos y nos ahorraríamos un enfrentamiento con el imperialismo yanki. Pero eso es una ficción.
“La Deuda heredada por el gobierno Kirchner en 2003 de la administración Duhalde-Lavagna era de 152.600 millones de dólares, y según las cifras del MECON, rondaría en 2014 los 250.000 millones de dólares, aumentando a un ritmo de 10 mil millones por año.” (La deuda bajo la administración Kirchner, Héctor Giuliano).
Ni siquiera con la estatización de las AFP y echando mano al FGS, ni con los altísimos precios agrícolas, los gobierno kirchneristas pudieron impedir que la deuda continuara subiendo y llevando nuevamente al FMI.
Es que además de que no se puede pagar es una estafa de la burguesía y el imperialismo contra los trabajadores y el pueblo. Para no ir más atrás en la historia basta con ver el acuerdo que hizo Macri con el FMI. Este rompió su reglamento interno para salvar al gobierno de Macri y a los especuladores financieros por orden de Trump. Y el grueso de la plata que ingresó al país se la llevaron los grandes bancos y fondos que estaban especulando con el “carry trade”.
Por supuesto que dejar de pagar la deuda implica una ruptura con el imperialismo en general y el yanki en particular.
Dejar de pagar la deuda es absolutamente necesario (aunque no suficiente) para que pueda haber un mejoramiento de la situación de los trabajadores y el pueblo pobre. Como ya lo ha demostrado, el peronismo en ninguna de sus variantes tomará esa decisión. Solo declaró el default en 2001 bajo la presión del levantamiento popular. Después renegoció y al final la deuda volvió a crecer. Los únicos que pueden ir a fondo contra esa condición de sometimiento al capital financiero es la clase trabajadora en el poder. Solo un gobierno de los trabajadores dirigido por un partido revolucionario puede llegar hasta el final en la lucha contra el imperialismo y la independencia nacional, y avanzar hacia el socialismo.
