El globo de Milei pierde aire

La importante movilización contra la conocida como “Ley de tierras” le dio un golpe al gobierno y tuvo que suprimir varios capítulos de su proyecto para que fuera aprobada en el senado. En esa movilización también se vio reflejado un estado de ánimo de creciente oposición al gobierno que se cristalizó alrededor de una causa por la que gran cantidad de jóvenes y trabajadores independientes -es decir, no organizados políticamente- se sintieron convocados a participar.

Este estado de ánimo también se refleja en las encuestas que empiezan a preocupar al gobierno por la constante caída de la opinión favorable. El fracaso parlamentario y el creciente malestar social fue un golpe de realidad sobre Milei que lo hicieron recluir diez días en Olivos.

La estabilidad “macroeconómica” y el invierno de la “economía real”

La Argentina es como un buque que sufrió el impacto de un torpedo y a duras penas flota con varios compartimentos llenos de agua. Como en el Titánic, los que estamos en las cubiertas inferiores con el agua hasta el cogote, somos los trabajadores. Los capitalistas y la nueva casta corrupta mileista nos mienten mientras bailan al son de la orquesta imperialista yanki-sionista.

La estabilidad «macroeconómica» que el gobierno esgrime como logro consiste en el ajuste brutal que hicieron en estos casi tres años para pagarle la deuda al FMI y a los acreedores nacionales y extranjeros. Nos condenan a la miseria para pagar esa deuda fraudulenta de dólares que fugaron al exterior los empresarios amigos del poder de turno.

Los sectores económicos dominados por la gran burguesía y el imperialismo, el campo, la energía y la minería están funcionando y son los que estadísticamente producen el «crecimiento» del PBI.

Como contraparte, la industria en general, pero sobre todo la vinculada al mercado interno, está en recesión provocando más despidos y cierres de empresas.

La clase trabajadora no encuentra perspectivas para resistir la ofensiva capitalista

Por más discursos que haga Milei negando la realidad, la situación social de miseria es grave. Los salarios que vienen cayendo contra la inflación desde hace años están ahora en su límite más bajo de las últimas décadas en el mismo nivel o inferior al 2001. Los despedidos engrosan las filas de los desocupados. Las changas escasean porque la crisis también golpea fuerte a la clase media. El Uber se satura de choferes aspirantes a ingresar. Todo esto se refleja en la caída del consumo que denuncian los propios comerciantes y en el aumento de la morosidad de las tarjetas de crédito. Pero toda esta situación que sufrimos los trabajadores está cruzada por la impotencia y la falta de perspectiva política.

La CGT-CTA continúa haciendo la plancha y dejando que pase la política hambreadora y entreguista del gobierno.

Para disimular un poco su conspiración contra los trabajadores cumplen un “plan de lucha a la francesa”, que consistirá en hacer movilizaciones intrascendentes una vez por mes. Pero la razón por la cual la CGT y el resto de las direcciones del movimiento obrero pueden maniobrar con sus agachadas es porque la clase trabajadora no ejerce aun una presión abierta para luchar. El descontento ante la creciente miseria salarial y los despidos-suspensiones es evidente. Sin embargo, no se traduce en acciones independientes que destaquen una vanguardia clasista o un activismo combativo. Prevalece por el momento la pasividad expectante en el marco del temor a perder el trabajo.

Argentina con bandera de remate

El gobierno ataca directamente a la clase trabajadora. A los privados con la reforma laboral para aumentar las ganancias patronales, aumentando la flexibilidad laboral, bajando los salarios contra la inflación, e poniendo trabas a la organización y al derecho de huelga.
Los despidos estatales son para bajar el gasto público para pagar la deuda al FMI y los banqueros y para bajar los impuestos a los empresarios.
Pero además de este carácter marcadamente antiobrero, el gobierno liberal de Milei sigue y profundiza las “relaciones carnales” que cultivó el peronista Carlos Menem con el imperialismo.
Al RIGI ya aprobado en el Congreso le suma ahora el “super” RIGI que establece más ventajas todavía para las grandes inversiones extranjeras, una reducción histórica de la carga impositiva (con una alícuota de Ganancias del 15% contra el 25% que paga el RIGI común y al 35% del régimen general), contribuciones patronales reducidas al 10%, con una amortización acelerada del capital permitiendo deducir el 60% de la inversión durante el primer año y el 40% restante en los dos años siguientes, eximición del pago de aranceles a la importación y exportación, estabilidad jurídica por 30 años, imponiendo un pago de regalías de apenas el 3%, permitiendo que puedan enviar al exterior las ganancias, es decir, estableciendo condiciones de un verdadero saqueo al servicio de las empresas imperialistas.

Por otra parte, el gobierno quiso aprobar en el Congreso la “ley de tierras”, con la que se pretendía eliminar las restricciones actuales (ya reducidas en su momento por CFK) a la compra de tierras por extranjeros, incluyendo de manera insólita las tierras fronterizas y aledañas a cursos de agua. Una ley a la medida de Peter Thiel.

En otro acto de gravedad estratégica para cualquier país que quiera mantener algún grado de independencia, amputando la posibilidad de una desarrollo científico y tecnológico, Milei ataca las universidades, despide a los trabajadores del INTI, el Conicet y de la CNEA a la par que concede la construcción de un reactor nuclear de diseño argentino a una empresa yanki que entraría con las ventajas del nuevo super RIGI.
La apertura indiscriminada de importaciones que puso en crisis y provocó el cierre de una cantidad importante de industrias con la consecuente ola de despidos y el desfinanciamiento del sector científico-tecnológico implica la postración de cualquier perspectiva de desarrollo independiente y un agravamiento de la semicolonización del país.

El peronismo kirchnerista y sectores afines hablan de la defensa de la patria y la soberanía nacional.

Pero la patria en abstracto comprende un estado, un territorio, relaciones de propiedad y producción y por lo tanto clases sociales antagónicas. En concreto y en tanto los capitalistas son la clase dominante, la patria es de la burguesía, no es de los trabajadores. La patria es de los dueños de los medios de producción y de cambio. Ellos son además quienes controlan el Estado y todas las instituciones intermedias. Lo único que tenemos nosotros es nuestra fuerza de trabajo.

Por otra parte, la soberanía nacional solo existe desde el punto de vista formal: tenemos gobierno, instituciones y leyes propias que hacen a nuestra constitución como nación independiente. Pero en la realidad la economía nacional depende del capital extranjero tanto en el plano productivo como en el financiero. Esa dependencia determina la orientación política del gobierno, tanto con los liberales como con los peronistas.

Con el gobierno de Milei ese sometimiento es más explícito. Las relaciones promiscuas con Donald Trump o la reciente visita de Kristalina Giorgeva, la representante del FMI, son expresiones de esa brutal dependencia. Por lo tanto, la soberanía nacional es una ficción frente a la cruel realidad de la dominación del capital imperialista extranjero.

Los peronistas kirchneristas dicen que “la patria no se vende”, pero la Argentina hace rato que está siendo vendida e hipotecada para varias generaciones, tanto por los gobiernos liberales como también por los gobiernos peronistas.
Para no ir tan lejos en la historia, basta recordar las relaciones carnales de Menem con el imperialismo yanki, a Néstor Kirchner haciendo sonar la campanita en Wall Streat, a CFK firmando los acuerdos con Chevrón sobre Vaca Muerta con cláusulas secretas, o recibiendo a la jefa del comando sur de EE-UU, cuando esta declaraba abiertamente que los recursos naturales del país eran una parte vital de la seguridad nacional yanki.

La hipocresía de los defensores de la patria queda en evidencia cuando dicen que se oponen a la venta de tierras, pero no le tocaron ni un metro a los grandes capitalistas como Elsztain que a través de su empresa Cresud, posee aproximadamente 540.000 hectáreas de tierras rurales en la Argentina, y Joe Lewis, el amigo de Macri, sigue siendo dueño del Lago Escondido.  Los gobiernos K festejaron las inversiones extranjeras en la minería, el petróleo o la industria y toleraron millones de hectáreas en manos extranjeras directamente a través de testaferros como el polista argentino Hugo Barabucci, quien admitió en un juicio en Bariloche haber comprado a su nombre casi 20.000 hectáreas de tierras de gran valor estratégico y ambiental en Río Negro en la zona de la frontera cordillerana de la Patagonia con fondos donados por el emir de Abu Dhabi.

Cuando el peronismo habla de defensa de la patria, de la industria nacional, de la soberanía, pretende que los trabajadores seamos furgón de cola de la burguesía nacional que ellos representan.

La patria que defiende el peronismo es la patria semicolonial capitalista, en donde los burgueses nacionales puedan ser socios menores de los consorcios imperialistas. En esa patria los burgueses “nacionales”, dueños de las fábricas, las tierras y los bancos, fugan los capitales acumulados para invertirlos en el exterior. Mientras que los trabajadores solo tenemos nuestra fuerza de trabajo que vendemos por un salario miserable.
Bajo el capitalismo a nosotros NADA nos pertenece. Pero aun así luchamos por defender los recursos de la naturaleza y las fuerzas productivas porque cuando los trabajadores tomemos el poder, serán la base patrimonial sobre la cuál construiremos el socialismo.
Como la clase trabajadora no tiene ningún interés económico en común como el imperialismo ni con los terratenientes ni con los banqueros, sólo un gobierno revolucionario de trabajadores puede romper la dependencia con el FMI y el capital financiero, expropiar al imperialismo, nacionalizar la tierra y los bancos para controlar y dirigir el crédito. Solo así se puede conquistar una verdadera soberanía popular en una patria obrera y socialista, teniendo claro que solo con el triunfo de la revolución internacional podrá derrotar definitivamente al imperialismo y avanzar en la construcción del socialismo.

La izquierda está inmersa en su «burbuja» electoral 

Desde que aparecieron los altos índices de popularidad de Myriam Bregman, los partidos del FITu se han enroscado en abstractas discusiones alrededor de lo creen que podría ser su oportunidad histórica. Erran el análisis y el camino. Si la simpatía por Bregman es solo electoral, para lo único que servirá es para que haya algunos diputados de izquierda más en el Congreso. Mientras la izquierda acumule votos, pero no organice sectores de vanguardia vinculados estructuralmente a la clase trabajadora no podrá cumplir ningún papel importante en la lucha de clases y seguirá siendo una fuerza marginal en la clase trabajadora. Solo partidos adaptados al régimen burgués pueden esperar una “oportunidad histórica” que venga por el camino electoral. La realidad indica que por ahora solo pueden llegar a ser una colectora de izquierda del peronismo para el ballotage. Un verdadero partido revolucionario de la clase obrera debe saber que sin un ascenso importante de las luchas y en consecuencia un avance cualitativo en la conciencia de clase, no puede haber ningún cambio favorable a los trabajadores. 

¿Qué dice La Causa Obrera?

Impulsamos la organización y la lucha por los intereses de la clase trabajadora contra las patronales y el gobierno. Pero también explicamos pacientemente que no hay «salida» dentro del capitalismo. Basta con hacer un repaso serio de los últimos 50 años de decadencia y retroceso en las condiciones de vida del pueblo trabajador. No es un problema de un gobierno u otro. Radicales, peronistas y liberales que se fueron alternando en el poder para hundirnos en la miseria. Es la crisis del sistema capitalista que, tras una pausa de los 20 años posteriores a la postguerra, a partir de la década de los 70 retomó su senda de decadencia estructural. 

Tampoco habrá soluciones mágicas en las próximas elecciones para las que todavía falta más de un año. Si las cosas siguen como hasta ahora lo más probable es que gane Milei o un “mileismo” sin Milei o el peronismo que se acomoda cada vez más a la derecha. Es decir, más de lo mismo.
Lo que nos queda en este momento en el que todo viene para atrás es organizarnos en cada lugar de laburo para resistir la ofensiva de las patronales y los gobiernos, apoyar las luchas que surjan, tratar de que se coordinen para tener más fuerza.
La organización empieza con los activistas y compañeros más conscientes. Pero como cualquier trabajador puede comprobar por la experiencia, la lucha exclusivamente sindical no alcanza para impedir que las patronales y el gobierno nos exploten y nos hundan en la pobreza. La tarea más importante que tenemos planteada los trabajadores y jóvenes más conscientes es construir un partido revolucionario para luchar por un gobierno de los trabajadores y el socialismo. Ese partido no saldrá del FITu como está ahora embarcado en la ilusión electoral y adaptado dentro de los marcos del régimen burgués. Por eso te proponemos que te sumes a construirlo militando con La Causa Obrera.

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