Después de la cadena nacional en la que Milei apareció con un fuerte discurso de reivindicación de la soberanía argentina sobre Las Malvinas, la pregunta que surge es a que se debe el repentino interés por la soberanía sobre las islas, de un gobierno que hasta ayer no demostraba ninguna preocupación por recuperar el control de Malvinas. Por el contrario, y si bien siempre reivindico formalmente la soberanía, en septiembre de 2024, la canciller de entonces Mondino firmó un acuerdo de cooperación con el ministro de exterior inglés David Lammy en Nueva York para reanudar los vuelos semanales a las islas (desde San Pablo, Brasil, con una escala mensual en Córdoba). Es decir, no había de parte del gobierno argentino ninguna política de presión contra el Reino Unido sino por el contrario de colaboración.
La mayoría de los comentaristas políticos, sobre todo los peronistas piensan que se trata de una maniobra política sobre un tema que se demostró sensible y popular durante el mundial de futbol, para levantar los alicaídos índices de popularidad de Milei en las encuestas electorales para el 2027.
Sin embargo, este giro se da en consonancia con declaraciones de Donald Trump un día antes de la cadena nacional. En su discurso Milei relacionó las resoluciones que estaba adoptando con un cambio en la situación internacional. Efectivamente Trump dijo que podía cambiar su posición respecto de Malvinas como consecuencia de la falta de apoyo inglés a la lucha militar por el control del estrecho de Ormuz.
Pero las consideraciones en el plano internacional no terminan allí. Paralelamente el Reino Unido había manifestado su reconocimiento del pueblo palestino y su derecho a tener un estado, por lo que criticaba la ofensiva de los colonos sionistas con apoyo del ejército para desplazar a la población palestina de las tierras de Cisjordania. Inclusive el gobierno laborista amenazaba con imponer sanciones a Israel, lo que se concretó en la tarde de hoy. En ese marco se producen las declaraciones del ministro de seguridad de Israel Itamar Ben-Gvir reconociendo el derecho argentino sobre las Malvinas, y declaraciones de Trump diciendo que si Reino Unido impone sanciones a Israel EE-UU haría lo mismo contra empresas inglesas.
En su discurso Milei hizo referencia a las declaraciones de Trump, pero también más en general se refirió a los “vientos de cambio” diciendo que en el escenario global se registran modificaciones geopolíticas favorables para el reclamo de soberanía argentino sobre las Islas Malvinas. En ese marco no se puede ignorar el peso que puede haber tenido la posición israelí contra el Reino Unido en las resoluciones adoptadas por Milei.
En otras palabras, el discurso de Milei estuvo guiado por su subordinación y alineamiento con EE-UU e Israel, lo que también lo favorece en este caso electoralmente. La base militar en Ushuaia es un punto clave también ya que está pensada para compartir con la presencia de tropas yankis, para controlar el paso interoceánico del sur, que en caso de guerra con China será muy importante.
Por su parte, las decisiones del gobierno laborista inglés no están determinadas por la solidaridad con el pueblo palestino, sino también por el oportunismo político, ya que en Inglaterra hay gran cantidad de inmigrantes musulmanes que apoyan la causa palestina.
Los vientos que ahora son favorables pueden cambiar mañana. Trump no tiene un problema con el Reino Unido sino con su gobierno laborista. Como dijo el rey Carlos en su visita a Washington, las relaciones entre ambos paises están por encima del signo político circunstancial del primer ministro.
Esto significa que no se puede esperar nada serio de parte del gobierno respecto de la recuperación de Malvinas. Inclusive las sanciones que se aplican a las empresas que explotan petróleo no afectarán la continuidad de su negocio.
Está claro que a Milei no le interesa la soberanía nacional ya que a través del RIGI y el super RIGI crea condiciones para la explotación de recursos naturales que son propias del saqueo colonial. Junto con la fallida ley de tierras le puso a la Argentina bandera de remate.
Por eso hay que prestar atención a la creación del consejo de seguridad nacional cuyo proyecto de ley será enviado al Congreso, con la excusa de defender la soberanía nacional. Todo indica que esa ley habilitaría la intervención de las fuerzas armadas en la seguridad interna y la utilización de métodos de control social e inteligencia utilizando la tecnología de Palantir para perseguir militantes o activistas obreros y populares, en línea con los acuerdos firmados por el gobierno de Milei con EE-UU, el llamado “Escudo de las Américas”, en cuyo marco se desarrollaría la colaboración de los países adheridos (Argentina entre ellos) con los servicios de inteligencia yankis contra las organizaciones de “extrema izquierda” las que fácilmente son catalogadas de terroristas.
De esta manera el gobierno de Mieli sirviente del imperialismo yanki y del sionismo pretende controlar a los trabajadores y el pueblo. Con la reforma laboral impidiendo de hecho las huelgas en sectores amplios de la clase trabajadora y profundizando la legislación represiva (no olvidemos que una ley antiterrorista ya se aprobó bajo el gobierno de CFK) para maniatar la acción de las organizaciones de izquierda. Todo esto tiene como objetivo, no solo imponer el plan del gobierno sino garantizar el control semicolonial por parte de EE-UU y su doctrina “Donroe”.
El peronismo con su ala kirchnerista, su variante más de “izquierda”, nunca se propuso romper a fondo con el imperialismo y Cristina nunca movilizó “a los pibes para la liberación”. Eso se debe a que representan políticamente a sectores de la burguesía “nacional” que mantienen vínculos económicos con el imperialismo. Controlando el poder del estado a lo sumo buscan negociar en mejores condiciones su sometimiento. Basta recordar las concesiones de CFK a la minera Barrick Gold por las cuales vetó la ley de glaciares de Miguel Bonasso, o los acuerdos con cláusulas secretas con Chevron en Vaca muerta.
Es por eso que sólo la clase trabajadora, que no tiene ningún interés económico en común como el imperialismo ni con los terratenientes ni con los banqueros, puede llevar hasta el final la lucha por la liberación nacional. Solo un gobierno de la clase trabajadora dirigida por un partido marxista revolucionario puede romper la dependencia con el FMI y el capital financiero, expropiar al imperialismo, nacionalizar la tierra y los bancos para controlar y dirigir el crédito. Solo así se puede conquistar una verdadera soberanía popular en una patria obrera y socialista, teniendo claro que solo con el triunfo de la revolución internacional podrá derrotar definitivamente al imperialismo y avanzar en la construcción del socialismo.
10/9/26
