LENIN X 100

Al cumplirse el 24 de enero 100 años de su fallecimiento, el nombre de Lenin despierta todavía el temor de las clases poseedoras, como lo refleja la preocupación de Milei por ganar cartel internacional acometiendo contra el comunismo y el socialismo en el foro de Davos. Sin embargo, entre los explotados más jóvenes Lenin es desconocido o es una lejana letanía para los veteranos. Para sectores politizados del progresismo de izquierda, representa ideas pasadas que no se pueden aplicar en la actualidad.

El vago recuerdo de Lenin en la clase trabajadora tiene que ver no con la cantidad de años que han pasado, sino con la derrota histórica sufrida por la restauración del capitalismo tras la disolución de la URSS, en todos los países miembros de aquella federación y en los demás Estados Obreros. La “caída” del comunismo en los ‘90, que fue responsabilidad de la burocracia stalinista, fue propagandizada por todos los medios capitalistas como una demostración de que las ideas de Marx, Lenin y Trotsky habían fracasado, y que el único sistema “posible” es el capitalismo. La onda expansiva de la derrota de una economía estatizada, llegó hasta la Argentina y fue aprovechada por Menem-Cavallo en los 90s para privatizar todas las empresas del estado que pudieron. El discurso de Milei en Davos tuvo como objetivo también alinearse con esos objetivos, calificando como “socialismo” a cualquier orientación “estatizante” o de intervención reguladora del Estado en la economía.

El régimen stalinista de la URSS era llamado, tanto por sus defensores como por sus detractores, el “comunismo real” o el comunismo realmente existente. Con ello querían significar que todo lo demás, todo lo que se oponía al stalinismo desde el trotskismo era pura fantasía utópica. Y sin embargo la realidad demostró que Lenin y Trotsky tenían razón. No se puede construir el socialismo (etapa inferior del comunismo) en un solo país. Tampoco fue interés de la burocracia impulsar la lucha revolucionaria contra el imperialismo cuando había tomado el control en varios países de Europa Oriental. Al contrario, en los pactos de Yalta y Postdam, Stalin acordó repartir áreas de influencia con el imperialismo a cambio de una “coexistencia pacífica” a nivel internacional que garantizaba el control imperialista, en particular de EE-UU, sobre la economía mundial.

La economía nacionalizada y planificada instaurada en la URSS, a pesar de todas las deficiencias provocadas por el control burocrático, demostró una gran capacidad de desarrollo hasta los 70s. De ser Rusia el país más atrasado de Europa, la URSS se transformó en la segunda potencia mundial detrás de EE-UU, siendo que al final de la segunda guerra EE-UU pasó a subordinar a las demás potencias imperialistas, tanto las vencidas, como las aliadas que terminaron exhaustas y semidestruidas. EE-UU controlaba las 2/3 del mercado mundial y entre ellos los países más desarrollados de Europa. No había forma de superar al imperialismo por la vía de la competencia económica, menos todavía en el momento en que la destrucción provocada por las dos guerras mundiales había dado lugar a una alta tasa de ganancia para las inversiones colocadas en la reconstrucción de Europa, y con ello a un período de 20 años de auge capitalista de postguerra.

Hacia los 80s las economías nacionalizadas empezaron a agotarse y estancarse, como consecuencia de la desarticulación y roces entre las burocracias nacionales, de la competencia en desigualdad de recursos con el imperialismo y a la enorme pérdida económica que significaba el gasto militar necesario para equiparar el potencial bélico atómico de EE-UU.

Lenin y Trotsky tenían razón, las economías nacionales son una refracción particular de la economía mundial, que es una totalidad. No se puede construir el socialismo en un solo país ni en un grupo de países cuyas economías son terreno de disputa de bandas burocráticas nacionales.

“La política correcta de un estado obrero no se reduce solamente a la construcción económica nacional. Si la revolución no se expande a nivel internacional siguien­do la espiral proletaria, dentro de los marcos naciona­les inevitablemente comenzará a contraerse siguiendo la espiral burocrática. Si la dictadura del proletariado no se extiende a nivel europeo y mundial, comenzará a marchar hacia su derrota. Todo esto es completamen­te indiscutible en una perspectiva histórica amplia”. [LT, La naturaleza de clase de la URSS, 1933]

Para construir el socialismo hay que derrotar al capitalismo imperialista a escala internacional, y la burocracia es incapaz de realizar esa tarea porque solo pretenden cuidar sus intereses de casta. Por eso Lenin y Trotsky destinaron grandes esfuerzos para construir un partido internacional de la revolución socialista. Juntos fundaron la III Internacional y Trotsky, en su lucha tanto contra el imperialismo como contra la burocracia stalinista, fundó la IV Internacional.

Este intento de la clase obrera por tomar el poder y construir una sociedad sin clases es, visto a escala histórica, una segunda experiencia, después de la Comuna de París, pero que con la URSS alcanzó una escala mucho mayor y que deja claras lecciones. Y así como después de la derrota de la Comuna la revolución se tardó 46 años en volver a resurgir, ahora llevamos ya 34 años de retroceso de las ideas socialistas revolucionarias.

Pero el capitalismo está en una crisis terminal. No solamente porque la economía mundial se encuentra en un callejón sin salida. Sino porque al igual que otras veces en la historia de la época imperialista, esta crisis conduce a una nueva guerra mundial.

La decadencia mundial del capitalismo es tan grande que hasta ha llegado a poner en riesgo la existencia vital sobre la tierra debido al calentamiento global. A pesar de los llamados de atención de los científicos que gritan que nos acercamos al punto de no retorno, la burguesía dominante no reacciona o solo reacciona parcial e insuficientemente en las cuestiones en las que puede hacer negocios. Para el capital todo se reduce a la ganancia, cueste lo que le cueste a la humanidad.

Por eso el legado de Lenin ahora tiene más fuerza que nunca. Lenin dejó en evidencia el carácter reaccionario -en toda la línea- del imperialismo, y la inevitabilidad de las guerras imperialistas en tanto subsistiera el capitalismo. Algunos que se consideran leninistas cierran los ojos a la realidad con diversos argumentos. No quieren ver la guerra que se aproxima, aun cuando se multiplican las evidencias.

¿Qué hacer? Se planteó Lenin en 1902 y esa pregunta hoy tiene la misma respuesta que en aquel entonces. Hay que construir un partido revolucionario, como el que forjó Lenin con los bolcheviques. Esa es la única herramienta histórica, la gran palanca que tenemos los trabajadores para remover de sus cimientos este sistema de explotación que nos amenaza con la barbarie a escala planetaria. Las ideas de Lenin vuelven al primer plano ¡¡multiplicadas por 100!!

AB, 10/2/24

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Vladimir Illich, Lenin

¿Qué es el Poder soviético?

Discurso pronunciado a fines de marzo de 191, grabado en disco fonográfico:

¿Qué es el Poder soviético? ¿En qué consiste la esencia de este nuevo poder, que no quieren o no pueden comprender aún en la mayoría de los países? Su esencia, que atrae cada día más a los obreros de todas las naciones, consiste en que el Estado era gobernado antes, de uno u otro modo, por los ricos o los capitalistas, mientras que ahora lo gobiernan por primera vez (y, además, en masa) precisamente las clases que estaban oprimidas por el capitalismo. Mientras exista la dominación del capital, mientras la tierra siga siendo propiedad privada, el Estado lo gobernará siempre, incluso en la república más democrática y más libre, una pequeña minoría, integrada en sus nueve décimas partes por capitalistas o ricos.

Por primera vez en el mundo, el poder del Estado ha sido organizado en Rusia de manera que únicamente los obreros y los campesinos trabajadores, excluidos los explotadores, constituyen los Soviets, organizaciones de masas a las que se transfiere todo el poder público. Esa es la causa de que, por más que calumnien a Rusia los representantes de la burguesía de todos los países, la palabra “Soviet” no sólo se ha hecho comprensible en todo el mundo, sino popular, entrañable para los obreros, para todos los trabajadores. Y precisamente por eso, el Poder soviético, cualesquiera que sean las persecuciones de que se haga objeto a los partidarios del comunismo en los distintos países, triunfará en todo el mundo de modo ineludible o indefectible en un futuro próximo.

Sabemos muy bien que tenemos todavía muchos defectos en la organización del Poder soviético. Este poder no es un talismán prodigioso. No cura de golpe las lacras del pasado, el analfabetismo, la incultura, la herencia de la brutal guerra, la herencia del capitalismo rapaz. En cambio, permite pasar al socialismo. Ofrece a los oprimidos de ayer la posibilidad de elevarse y de tomar cada vez más en sus manos toda la gobernación del Estado, toda la administración de la economía, toda la dirección de la producción.

El Poder soviético es el camino al socialismo, hallado por las masas trabajadoras y, por eso, un camino acertado e invencible.

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Nuestra tarea inmediata

Escrito: En 1899 para Rabochaya Gazeta.

 El movimiento obrero ruso se encuentra actualmente en un período de transición. Su brillante comienzo, cuando se dieron a conocer las organizaciones socialdemócratas obreras de la región occidental, de Petersburgo, de Moscú, de Kíev y de otras ciudades, culminó con la formación del “Partido Obrero Socialdemócrata Ruso” (primavera de 1898). Después de este gran paso adelante, la socialdemocracia rusa parece haber agotado sus fuerzas y retroceder a las viejas formas de trabajo disperso, de aisladas organizaciones locales. El partido no dejó de existir; solamente se replegó en sí mismo, para reunir sus fuerzas y encarar la tarea de unificar a todos los socialdemócratas rusos, en un terreno firme. Realizar esa unificación, elaborar las formas convenientes, dejar de lado definitivamente el fraccionado trabajo localista: tales son las más inmediatas y esenciales tareas de los socialdemócratas rusos.

Todos estamos de acuerdo en que nuestra tarea es organizar la lucha de clases del proletariado. Pero, ¿qué es la lucha de clases? Cuando los obreros de una determinada fábrica, de un gremio determinado, inician una lucha contra su patrono, o sus patronos, ¿es eso lucha de clases? No; eso es tan sólo un débil comienzo. La lucha de los obreros se convierte en lucha de clases, sólo cuando los representantes de vanguardia de toda la clase obrera de un país tienen conciencia de la unidad de la clase obrera y emprenden la lucha, no contra un patrono aislado, sino contra toda la clase capitalista y contra el gobierno que apoya a esa clase. Sólo cuando cada obrero tiene conciencia de ser parte de toda la clase obrera, cuando en su pequeña lucha cotidiana contra un patrono o un funcionario ve la lucha contra toda la burguesía y contra el gobierno en pleno, sólo entonces su lucha se trasforma en lucha de clases. “Toda lucha de clases es lucha política”; esta conocida frase de Marx no debe interpretarse en el sentido de que toda lucha de los obreros contra los patronos es siempre una lucha política. Hay que interpretarla en el sentido de que la lucha de los obreros contra los capitalistas necesariamente se convierte en lucha política, a medida que se convierte en lucha de clases. La tarea de los socialdemócratas consiste, precisamente, en trasformar, por medio de la propaganda, la agitación y la organización de los obreros, esa lucha espontánea contra sus opresores, en una lucha de toda la clase, en la lucha de un partido político determinado, por ideales políticos y socialistas definidos. Semejante tarea no puede lograrse solamente con un trabajo local. […]

La socialdemocracia rusa tiene todo el derecho de creer que ha dado la solución teórica de estos problemas; detenernos en ello sería repetir lo dicho en el artículo Nuestro Programa. Ahora se trata de la solución práctica de estos problemas. Tal solución no puede ser dada por una persona, o por un grupo aislado; sólo puede darla la acción organizada de toda la socialdemocracia. Creemos que, en la actualidad, la tarea esencial consiste en hallar la solución de estos problemas, y que para eso debemos proponernos, como objetivo más inmediato, la organización del periódico del partido, su aparición regular, su estrecha vinculación con todos los grupos locales. Creemos que hacia la organización de esta tarea debe dirigirse, en el futuro inmediato, toda la actividad de los socialdemócratas. Sin ese órgano, el trabajo local seguirá siendo una estrecha “artesanía”. Si no se asegura que un determinado periódico sea la expresión fiel de un partido, la creación de ese partido se reduciría en gran medida a palabras y nada más. La lucha económica, si no está unificada en un órgano de prensa central, no puede transformarse en lucha de clases de todo el proletariado ruso. La prosecución de la lucha política es imposible sin que el partido se exprese en todos los problemas políticos, y sin que dirija las manifestaciones aisladas de esa lucha. La organización de las fuerzas revolucionarias, su disciplina y el desarrollo de la técnica revolucionaria son imposibles, sin la discusión de todos estos problemas en un órgano central, sin una elaboración colectiva de determinadas formas y normas de dirección, sin establecer por medio del órgano central la responsabilidad de cada miembro del partido ante todo el partido. […]

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