El crecimiento de la AfD expresa la decadencia del imperialismo alemán

El partido filo nazi Alternativa para Alemania (AfD) ganó las elecciones en el estado federal de Sajonia-Anhalt, con una participación muy alta (78%), duplicando su resultado del 2021 y dejando a la CDU (Democracia Cristiana del gobierno nacional de F. Merz), muy por debajo, el peor resultado histórico en la región.

Si bien es cierto que este land (estado federado) es uno de los menos poblados de Alemania, la AfD viene creciendo en apoyo a nivel nacional, (principalmente en las regiones de la ex Alemania Oriental) tal es así que en algunas encuestas ya la sitúan como primera fuerza nacional. Hasta el momento apenas había logrado llegar al poder en cuatro municipios menores y también había ganado las elecciones regionales en el land de Turingia en 2024, pero una coalición encabezada por la CDU, luego de una maniobra electoral, se terminó quedando con el poder. Ahora este triunfo ha provocado un gran desconcierto en el sistema político del imperialismo alemán, y por ende de la Unión Europea. A fines de septiembre se vienen otras dos elecciones importantes en Mecklemburgo-Pomerania Occidental es posible que llegue a ganar la AfD; y más importante en Berlín, las encuestas pronostican un resultado más dividido. 

Hay que aclarar, que, si bien todavía no ha alcanzado la gobernación de Sajonia-Anhalt, para eso va a necesitar sumar 3 diputados más para llegar a los 42 diputados necesarios, lo más probable es que lo haga, ya que podría llegar a un acuerdo con algunos de los diputados de la CDU o del BSW (la izquierda nacionalista de Sahra Wagenknecht). Si los diputados de la CDU aceptan, se rompería uno de los pilares sobre los que se sostiene el sistema político, el denominado Brandmauer o “cortafuegos” un acuerdo entre los partidos burgueses que sostienen al régimen posterior a la reunificación de 1990*.

La situación económica en Alemania

Estas elecciones se dan en un marco de crisis profunda de la economía alemana, con casi 190 mil empresas que han cerrado durante el año 2025. Si bien la mayoría son pequeños emprendimientos, lo que resalta es lo que sucede en la industria manufacturera, donde cerraron cerca de 11.000, destacándose el caso de los fabricantes de autos y componentes, donde 360 compañías dejaron de operar y la otrora “joya de la corona” alemana, la industria automotriz, está directamente en la lona. Sin ir más lejos, las más emblemática: Volkswagen, anunció un plan de reestructuración que contempla el despido de unos 50.000 trabajadores (algunos hablan del doble) hasta el año 2030 y pone en riesgo la continuidad de cuatro plantas en el país.**

La economía industrial de Alemania luego de la reunificación en 1990 prosperó sobre la base del gas y el petróleo ruso barato, pero la destrucción del gasoducto NordStream 2 y la consiguiente ruptura de las relaciones comerciales con Rusia han dejado a Alemania comprando gas natural (que llega en barcos gasíferos) a Estados Unidos a precios varias veces superiores. El sector químico (en Sajonia-Anhalt opera -con muy baja producción-, el parque químico de Leuna, uno de los más grandes de Alemania y Europa) su sector siderúrgico, su industria del vidrio, sus fabricantes de alto consumo energético están perdiendo competitividad internacional día a día. Los puestos de trabajo cualificados están desapareciendo y la clase media, junto con la aristocracia obrera, sienten y con razón, que están realizando una transferencia fenomenal a la burguesía petrolera yanki. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental (donde se realizarán las próximas elecciones) estaba la punta de línea del NordStream 2, y según parece, miles de trabajadores se quedaron sin sus empleos, eso explicaría en parte, los buenos resultados que se auguran en este land para la AfD. Al problema energético grave que tiene Alemania, se le suma que cerró su última planta nuclear en el 2023, siguiendo un discurso ambientalista impulsado por el partido Verde, mientras que la AfD plantea reabrirlas de nuevo.

Otra cuestión importante es el aumento de la tasa de pobreza, la cual alcanzó un histórico 16,1%, según la definición de la UE, se considera que una persona está en riesgo de pobreza si sus ingresos son inferiores al 60% de la media nacional. En Alemania, ese umbral es de 1700 dólares al mes para un hogar unipersonal y de casi U$S 4000 para un hogar con dos adultos y dos niños menores de 14 años.

Todos estos índices explican porque la popularidad del gobierno de Merz, que, en campaña electoral, prometía resolver los problemas que había dejado el socialdemócrata Scholz, está en caída libre. El 85% de los alemanes se declara insatisfechos con el gobierno y el 67% lo declara directamente un incompetente. Otra de sus promesas, de la campaña electoral era que iba a ponerle un coto al crecimiento de la AfD, pero se ve que muy bien no le fue.

Esta situación se expresa más profundamente en Alemania Oriental, pero conforme vaya progresando la crisis económica y el malestar social, crecerá aún más el apoyo a la AfD en la parte Occidental. Obviamente que no está dicha la última palabra, el gobierno de Merz sigue teniendo la iniciativa y recientemente se conocieron datos que atemperan la caída de la producción en base a la inversión del estado, pero por otro lado también sigue aumentando el endeudamiento que llegó al 65% del PBI en el 1° Trim. del 2026.

Alguno podría decir, porque este descontento no lo capitaliza la izquierda. Los partidos de “izquierda”, como podría ser Die Linke (que ha llegado a ser la primera fuerza en Alemania Oriental) son sostenedores del régimen imperialista alemán manteniendo a Alemania adentro de la OTAN, y el resto de la izquierda, incluida la izquierda trotskista, es muy marginal. Cabe aclarar que la “izquierda” rojiparda, del BSW, no ha aumentado mucho el caudal de votos.

¿Qué es la AfD?

Este partido surge como una ruptura de la CDU en el 2013, en esos años se los denominaba, “euroescépticos” y que luego de su fundación, fue girando más a la derecha, quedando en estos momentos con dos alas principales: la expresada por Alice Weidel y Tino Chrupalla que se reivindican “liberales” en la economía y la de Björn Höcke, un pronazi, que, entre otras cosas nefastas, tiene vínculos con el movimiento antinmigrantes musulmanes, denominado PEGIDA, dirigido por otro nazi, llamado Lutz Bachmann.

El surgimiento de este tipo de partidos cuasi fascistas, que aparentan estar por fuera del régimen capitalista tradicional (que dicen estar en contra de la “casta” política, una frasecita que conocemos bien en Argentina), no son ninguna novedad en Europa y en América. Es prácticamente un mismo fenómeno que empezó a fortalecerse con la crisis del 2008 y con el final de la tendencia globalista del capitalismo, y que se expresa de diferente manera, según sea un país imperialista o semicolonial, y según los factores políticos e históricos.

En Europa algunos de ellos han llegado al poder como el partido de Meloni en Italia, otros están cerca de serlo como el de Marine Le Pen en Francia, mientras que el de Orban en Hungría que luego de varios años en el poder, ha perdido las elecciones. A la AfD si bien sigue subiendo en las encuestas, todavía le falta crecer bastante para llegar al poder de la nación y las elecciones recién serán en el 2029. Pero la situación es muy inestable, así que no hay que descartar ninguna hipótesis de cuál puede ser la dinámica de la situación.

Principalmente con la guerra en Ucrania, que en los últimos meses está escalando, y donde recientemente se produjeron varios ataques “híbridos” de Rusia sobre países del este europeo que son parte de la OTAN. Hace solo unos días, hubo un ataque sobre un tren que iba de Kiev a Varsovia y que llevaba funcionarios británicos, así como también la detonación de un artefacto explosivo en el aeropuerto de Leipzig, que llevó a la ruptura de relaciones diplomáticas entre Rusia y Alemania. Para seguir echando más leña al fuego, durante la Cumbre Europea sobre el Ártico celebrada en Finlandia, hace unos pocos días, Merz declaró que la región ártica se ha convertido en un “punto caliente geopolítico” e hizo un llamado a los miembros de la OTAN y de la Unión Europea a mantenerse firmes frente a Rusia, argumentando que la amenaza de Moscú afecta a todo el continente. La elección de Finlandia no es para nada casual, ya que no solo limita con Rusia, sino que siempre tuvo una política de neutralidad hasta que se sumó a la OTAN durante la guerra de Ucrania.

La AfD es una respuesta de un ala más nacionalista del imperialismo alemán, a la contradicción de ser un país imperialista, que no ha terminado de asumir el papel que le corresponde en el concierto mundial de potencias. Contradicciones políticas e históricas han hecho que la burguesía de un país imperialista como Alemania siga subordinada militarmente al imperialismo yanky.

Cuando Olaf Scholz planteó unos pocos días después de la invasión rusa a Ucrania, en febrero de 2022, la política del Zeitenwende “el cambio de época”, es decir, ir hacía una Alemania militarmente mucho más activa, la respuesta de la AfD fue: eso no puede ser posible sin tener energía barata rusa y estando bajo la égida militar (y energética) de EE-UU. Esta sumisión a EE-UU ha provocado un descalabro monumental en la economía al perder la provisión del gas ruso, y es por eso que los dirigentes de la AfD plantean reabrir el “dialogo” con Putin.

Esta subordinación militar al imperialismo yanki funcionó mientras existió durante la tendencia globalista (o neoliberal), del capitalismo que comienza a mediados de los 70 y tiene su apogeo con la unificación de las dos Alemanias, que, con la deslocalización de capitales alemanes principalmente en el este de Europa, pero también en China (aprovechando la mano de obra calificada y barata) permitió un gran crecimiento de su economía, pero que tuvo su límite con la crisis del 2008. A partir de ahí la industria alemana vino en picada.

En estos 18 años de crisis y estancamiento de la economía mundial, en donde “la torta a repartir” empezó a achicarse, las potencias imperialistas han empezado a armarse hasta los dientes, para defender su parte del botín. Entonces la AfD, expresa dejar de ser un simple vasallo del imperialismo yanqui e ir hacia un imperialismo alemán militarmente independiente que es solo es posible con una energía barata y abundante que solo puede venir de Rusia.

La burguesía imperialista alemana de conjunto, mantuvo durante un tiempo, una posición autónoma de EEUU. El tratado económico de Maastricht de 1992, (un bloque económico capaz de competir directamente con la hegemonía financiera del dólar, habiendo creado para eso el Euro) incluía una Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) para que Europa tuviera su propia defensa, más tarde esta política tuvo una vuelta de tuerca más, con los acuerdos que estableció primero el gobierno de Gerhard Schröder y luego el de Angela Merkel con las ventajas comparativas que otorgaba el gas y petróleo ruso. Pero evidentemente esa política no pudo prosperar, y luego como consecuencia de la crisis del 2008, el nuevo gobierno demócrata de EEUU, apoyándose en las rivalidades que las burguesías de los países de Europa Oriental tienen con Rusia, supo meter una cuña, que dividió a Rusia con Alemania y al mismo tiempo a la burguesía alemana.

No es casualidad que luego de la retirada de Afganistán, el comando estratégico de EEUU en Europa, pasó a estar en Polonia. El gobierno de Biden, forzando una guerra en Ucrania, buscaba realizar un golpe a dos bandas. Por un lado, quebrar el curso de Alemania -principalmente- y Francia al estrechamiento de relaciones económicas y políticas que llevaban a la posible constitución de un bloque con Rusia potencialmente peligroso para EE-UU, y obligar a esos países a disciplinarse vía la OTAN a la política yanki. Y, por otro lado, golpear a Rusia, desgastando militarmente las fuerzas de Putin, como preparativo ante la guerra de EEUU con China que tendría a Rusia como aliada.

Así como Trump, pretendió dar una respuesta nacionalista, la AfD, si llega al poder pretenderá hacer algo similar, tratar de ensalzar al nacionalismo alemán: “Alemania primero”. Pero como ya lo hemos escrito, eso es como querer volver a meter al “genio” adentro de la lámpara. Una política defensiva no puede solucionar la crisis. La época imperialista surge justamente porque no se podían contener las fuerzas productivas en el marco del Estado nacional. Si el capital “globalizado” entró en crisis en 2008, no se va a salir volviendo a encerrase en el Estado nacional, y es por eso que las potencias imperialistas se preparan para la guerra. Dentro del imperialismo alemán, existe una disputa interna en que bando ir a la guerra, si dentro de la OTAN/EEUU o dentro de Rusia/China y eso es lo que está expresando el crecimiento de la AfD.

La AfD explota políticamente el resentimiento de las clases medias y amplios sectores de la aristocracia obrera (que en Alemania siempre ha sido muy numerosa por los relativos altos salarios y el nivel de vida de un país imperialista) fomentando el odio y el resentimiento, hacia los extranjeros principalmente hacia los inmigrantes musulmanes que son visto por la clase trabajadora como alguien que les viene a quitar el trabajo. El Die Linke (y la izquierda en general) al ser un partido, completamente adaptado al régimen pro OTAN de la CDU/SPD, empuja a la clase trabajadora a manos de los partidos de derecha. Como han adoptado un programa abiertamente reformista, no explican que el problema de fondo que genera desempleo, pobreza, falta de viviendas, es el sistema capitalista y su crisis económica sin salida, que está llevando a la humanidad a una nueva guerra mundial. Y esta crisis existencial, no se puede resolver a través de la vía electoral o con una Asamblea Constituyente como plantean los partidos del FITu argentino, la única manera es luchar por la revolución socialista y para eso los trabajadores tienen que construir un partido revolucionario.
Mariano López, 19/9/26

* SPD (socialdemócratas) y CDU (demócratas cristianos) y también los otros partidos más chicos, como los Verdes, los Liberales y el Die Linke (la izquierda), para aislar a la “extrema derecha” y no pactar ninguna coalición de gobierno con ningún partido que ose de reivindicar al nazismo. El Die Linke, es parte del régimen imperialista alemán, pro OTAN, y globalista, el BSW, es más bien pro ruso. La ruptura se produjo por la posición hacia la guerra de Ucrania. El Die Linke, dirige una agrupación política que se llama Rosa Luxemburgo, financiada el Estado, actúan en varios países de América Latina. En Argentina sostienen una política feminista burguesa y tienen acuerdos políticos con algunos sindicatos enrolados dentro de la CTA Autónoma.

**Volkswagen ha vendido una de sus fábricas en Alemania dentro del proceso de reestructuración de la compañía. La planta, que llevaba 125 años fabricando coches, cambiará ahora de actividad y comenzará a producir sistemas de defensa aérea, en acuerdo con una empresa de armamentos israelí.

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