El acuerdo entre EE-UU e Irán: un frágil cuarto intermedio

En la noche del 17 de junio se firmó el memorándum de entendimiento entre EE-UU e Irán. El acuerdo establece una serie de concesiones por parte de EE-UU, en tanto que Irán habría aceptado diluir el uranio enriquecido al 60% y al 20% hasta niveles de uso civil (3%).

Esa es la salida que encontró Trump para una guerra en la cual no pudo derrotar al gobierno iraní. Irán fue golpeado duramente por las bombas y misiles yankis e israelíes, que asesinaron a su principal dirigente el ayatollah Kamenei, a varios miembros de su familia y a una gran cantidad de altos mandos militares, causando grandes daños a sus fuerzas militares y a su infraestructura energética. El resultado fue opuesto al esperado por Trump y los sionistas: ante la agresión imperialista el pueblo iraní reforzó su apoyo al gobierno y toleró el agravamiento de una situación económica que meses antes lo había impulsado a levantarse pidiendo la caída de Kamenei.

Irán resistió dignamente y también causó daños importantes a Israel combinando el uso de drones y misiles, y a las bases militares de EE-UU en la región.

Paralelamente a la resistencia militar Irán apeló a su arma económica, bloqueando el estrecho de Ormuz. Esto produjo un alza importante en el precio del petróleo. Pero, además, a medida que el tiempo corría, iba a provocar escasez en muchos paises de Asia y Europa. El bloqueo que a su vez estableció Trump para ahogar económicamente a Irán le permitió aumentar la presión sobre el abastecimiento a China. A pesar de lo cual China pudo mantener el funcionamiento casi normal de su producción industrial gracias a que había tomado previsiones acumulando importantes reservas petroleras.

Si resolvía continuar la guerra, las alternativas que le quedaban a EE-UU eran dos: una invasión militar terrestre, la cual seguramente iba a producir una gran cantidad de bajas entre las tropas yankis. O una destrucción catastrófica apelando a armas tácticas nucleares de impredecibles consecuencias en el plano internacional.

Por otra parte, para mantener el bloqueo esperando ahogar la economía iraní y aumentar la presión sobre China, Trump se enfrentaba a dos límites. Por un lado, la situación económica mundial presionada por la restricción del abastecimiento petrolero.

Por otro lado, su propia situación en el marco interno de EE-UU al aproximarse el inicio del proceso electoral estadounidense que culmina con las elecciones de medio termino en el mes de noviembre.

El aumento de la gasolina, que superó los 4 dólares el galón, afectó las encuestas electorales en las cuales Trump ya venía cayendo. En este momento ya se descontaba que Trump perdería en noviembre la mayoría en la cámara de representantes (diputados). Pero con esos precios del combustible y una inflación en ascenso del orden del 4,2% anual, arriesgaba también perder en senadores. De ahí que si Trump no podía ganar la guerra rápido, tenía que encontrar una salida que permitiera restablecer el abastecimiento petrolero mundial para que bajaran los precios del barril de referencia.
Al mismo tiempo esta crisis de abastecimiento petrolero, estaba provocando un crecimiento general de la inflación a nivel internacional y con ello un aumento de las tasas de interés, lo cual presiona sobre los intereses que EE-UU debe pagar sobre su deuda de 39 billones de dólares una parte de la cual está próxima a ser renegociada.

De allí que durante una conferencia de prensa al cierre de la cumbre del G7, Trump aseguró que el entendimiento con Irán evitó una «catástrofe económica» que, podía haber impactado sobre el comercio mundial, el abastecimiento energético y los mercados internacionales.

Fue en este marco que, durante su visita a China, Trump estableció con Xi Jinping las bases del preacuerdo con Irán.

Las organizaciones de izquierda que dicen que Irán ganó la guerra son poco objetivos y no toman en cuenta la situación de conjunto: el genocidio palestino y la reducción de buena parte de la Franja de Gaza a escombros; el golpe militar en Siria que desalojó al gobierno aliado de Irán, los ataques de junio de 2025 cuyas bombas arrojadas por los B-2 liquidaron las instalaciones nucleares de Isfahan, Fordo y Natanz. La ocupación de Israel de la zona sur del Líbano y su expansión territorial en Siria. Tampoco cuenta la liquidación de gran parte de los mandos superiores desde Kamenei para abajo y la destrucción de su fuerza aérea y naval. Militarmente Irán fue muy duramente golpeado y económicamente también sufrió.

Está claro que a pesar de ello EE-UU no pudo provocar la caída del régimen de los ayatollas ni hacerlo capitular. Pero tampoco se puede decir que Irán haya derrotado a EE-UU. Tomar en cuenta para ello los términos del memorándum de preacuerdo no sirve porque muchos de los puntos son difusos. El levantamiento de las sanciones económicas contra Irán no es una conquista estable, ya que se puede revertir en cualquier momento; los 24 mil millones de fondos iraníes incautados o bloqueados será liberados en cuotas a medida que Irán garantice la liquidación de su uranio enriquecido. Sobre este desembolso Trump dijo que los devolverá a cambio de compras de productos agropecuarios. Los 300 mil millones de dólares para la reconstrucción de los daños de guerra, es una mezcla de humo -ya que esa cifra no está garantizada de ninguna manera- y de negocios inmobiliarios privados (Trump aseguró que EE-UU no pondría un centavo), necesaria para que la Guardia Revolucionaria aceptara el acuerdo.

Es que la guerra desatada por Trump contra Irán no es un objetivo final como para quemar todas las naves, sino solo un medio importante, pero un medio al fin, en el plan del imperialismo yanki para derrotar a China. En ese marco y ante la proximidad de las elecciones de medio término que marcarán los próximos dos años de su mandato, Trump no se arriesgó a quemar las naves.

 Aun así, Trump mantuvo la presión militar y económica hasta que Irán cedió en el punto clave de diluir el uranio enriquecido -algo que tampoco está para nada garantizado- pero le permite a Trump argumentar ante el electorado yanki que ganó la guerra al obtener el objetivo sobre el cual venía haciendo eje en la medida que un triunfo completo que se había planteado al principio se hizo inalcanzable.

Lo importante ahora para Trump era la apertura total del estrecho de Ormuz, el restablecimiento del flujo petrolero y obtener alguna garantía respecto al uranio enriquecido. Lo demás es todo humo que le permite ganar tiempo. La guerra no terminó, solo está en un cuarto intermedio de duración indeterminado.

Queda por ver cuál va a ser la actitud de Israel. A pesar de los llamados a la responsabilidad que le hizo Trump, Netanyahu ha declarado que el acuerdo fue negociado por el presidente norteamericano sin su participación, o sea, que no es su acuerdo, lo que significa que no se siente obligado a respetarlo.

Ha dicho que mantienen sus objetivos de eliminar la amenaza de Hezbollah, y que se van a quedar en el Líbano todo el tiempo que haga falta, lo que significa que los sionistas no se van a retirar del territorio que han ocupado, en el que han avanzado varias decenas de kilómetros al norte del Río Litani, considerada por Israel una zona de amortiguación.

Tras el acuerdo de alto el fuego firmado entre Israel y el gobierno libanés, acuerdo forzado por EE-UU, todo indica que Irán aceptaría el statu quo en el Líbano, por lo menos en los 60 días acordados, siempre que se mantenga el alto el juego.

Pero mientras se celebraba el homenaje fúnebre al ayatollah Kamenei, el alto el fuego se quebró repentinamente cuando Irán atacó con drones dos buques (uno con contenedores y otro petrolero) que utilizaban para salir del estrecho una vía diferente (bordeando la costa de Omán) a la que quiere imponer Irán para cobrar peaje. EE-UU respondió usando misiles contra varias instalaciones ubicadas cerca de la costa occidental y el sur de Irán. Irán por su parte volvió a atacar bases militares yankis en Qatar, Bahréin y Kuwait. El intercambio de ataques continuó por varios días, y sigue cuando estamos cerrando esta nota, lo que hace bastante imprevisible su desarrollo.

A Trump le convendría que el alto el fuego y las negociaciones se estiren para llegar lo más cerca posible de las elecciones en EE-UU. Pero no puede permitir que Irán imponga sus normas en el estrecho de lo contrario la impotencia de no poder doblegar a Irán será anotada internacionalmente por las demás potencias como una debilidad de EE-UU y del gobierno de Trump.

12/7/26

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