Inteligencia Artificial y Capitalismo

Con el lanzamiento de Chat-GPT en 2022 la inteligencia artificial (IA) comenzó a popularizarse en la población, así como también en los medios masivos de comunicación. Se convirtió en objeto de estudio en Universidades y centros académicos, y ya comenzaron aparecer voces a favor y en contra. El objetivo en este artículo es indagar en las posibilidades que abre esta nueva tecnología, sus implicancias en la fuerza de trabajo (como afectará a los trabajadores) y el futuro del capitalismo.

En 2017, el Consejo de Estado chino proclamó como prioridad nacional convertir al país en “el principal centro de innovación en materia de inteligencia artificial en el mundo en 2030”. De hecho, China ya utiliza la inteligencia artificial con éxito en aplicaciones médicas e industriales, así como en el transporte, por ejemplo, gestionando semáforos que detectan atascamientos en el tránsito y administrando el mismo para agilizarlo.

La inteligencia artificial es una rama de la informática que se centra en el desarrollo de algoritmos capaces de simular la inteligencia humana. Esto es simular procesos de pensamiento humano, como el aprendizaje, la toma de decisiones, el razonamiento, etc.

Ahora bien, entre los detractores de esta nueva herramienta se encuentran quienes consideran que la IA en un futuro cercano terminará por reemplazar a la fuerza humana de trabajo. Millones de empleos se perderían por causa de la introducción de esta nueva tecnología. Choferes, cajeros de supermercados, personal administrativo, personal de vigilancia, etc., se harán superfluos. De ahí que muchos quieren detener el desarrollo de estas aplicaciones.

No obstante, estos procesos son recurrentes en el modo de producción capitalista. El mismo Marx lo analizó en su vasta obra. Durante la revolución industrial, cuando se introducía la máquina-herramienta, por ejemplo, la máquina de hilar mecánica que hacía peligrar el trabajo de los artesanos, se organizó un movimiento opositor conocido como “ludita” que se manifestaba destruyendo la maquinaria e incendiando los talleres. Esa respuesta elemental de la incipiente clase obrera dio paso a las huelgas y a la organización de los sindicatos.

El desarrollo de nuevas tecnologías es fundamental para el avance de la humanidad. Ningún marxista puede renegar de ellas. Pero esa herramienta, que en manos de los capitalistas aumentará sus ganancias a costa de los padecimientos de los trabajadores, en manos de la clase obrera produciría un beneficio para toda la población.

La inteligencia artificial es una herramienta más, pero muy importante, que permitirá ahorrar tiempo en muchos procesos y aumentar la productividad del trabajo.

¿Es posible reemplazar a la fuerza humana de trabajo?

Otra pregunta que surge sobre las posibilidades que abre la automatización y la inteligencia artificial es si es posible suplantar completamente a la fuerza de trabajo. Ya hemos mencionado que muchos trabajos de baja cualificación serán inevitablemente reemplazados por la máquina-IA.  Pero muchos intelectuales cargados de un exceso de futurismo consideran que la totalidad de la mano de obra puede y debe ser suplantada. La cuestión sobre este punto radica en la esencia del modo de producción capitalista, que es la acumulación de capital. Como sabemos el Capital es el dinero que se emplea en la compra de medios de producción y de fuerza de trabajo, que se destina a obtener Plusvalía (ésta es el valor que el obrero produce y que es apropiado por el capitalista, es decir, es trabajo no remunerado). Es la fuerza viva de trabajo, la fuerza del trabajador de carne y hueso, la única que puede generar la Plusvalía que se apropia la clase capitalista. Para el caso, la Inteligencia Artificial es una herramienta, esto es un medio de producción. Y sabemos que tanto las materias primas, así como los medios de producción por sí solos no crean ningún valor en el proceso de producción. Entonces surge la siguiente pregunta, ¿qué pasaría si el capitalismo logra reemplazar completamente a la fuerza humana de trabajo por máquinas, es decir, que todos los trabajos incluso los más calificados sean realizados por robots? Marx lo respondió en los Grundrisse: el trabajo humano dejaría de ser la “gran fuente de riqueza” y por lo tanto “se desploma la producción fundada en el valor de cambio”. Esto quiere decir que nos encontraríamos bajo otro modo de producción, diferente y antagónico al capitalismo. La automatización completa de la producción es un cambio tecnológico incompatible con la existencia del capitalismo.

Oligopolios, inversiones y lucha entre potencias por la hegemonía

La inteligencia artificial y su desarrollo se concentran en pocas empresas de punta: IBM, Microsoft, Google, Amazon, NVIDIA, Tesla (de Elon Musk), Deep Mind o OpenIA. China tiene las suyas con Alibaba y Baidu (el “google” chino). La supremacía en este campo es también una cuestión de estrategia geopolítica. Ya desde el gobierno de Donald Trump, se abandonaron de forma unilateral acuerdos de libre comercio firmados por las anteriores administraciones y se inició una agresiva política comercial y tecnológica contra China. Por ejemplo, los EE.UU. no dudaron en amenazar a aquellos países que intentaran a acceder al 5G de Huawei.

Hoy en día la lucha por la supremacía alrededor de los semiconductores y la fabricación de los chips para esta nueva tecnología es lo que enfrenta a Estados Unidos contra China. Los semiconductores son esenciales para las innovaciones en curso alrededor del 5G, de la nube, de la Internet de las cosas y de numerosos sectores en plena mutación, como el sector militar y espacial. La mayor fábrica de estos semiconductores y circuitos integrados se encuentra en Países Bajos, país aliado de EE.UU. con el que acordó la prohibición de exportar estos elementos necesarios hacia el gigante asiático. Lo que a su vez aumenta la necesidad de China de hacerse con el control de Taiwán, ya que allí se encuentra el complejo “Taiwan Semiconductor Manufacturing Company” (TSMC), poseedora de la mitad de los segmentos del mercado mundial de semiconductores más sofisticados.

A su vez, la materia prima para crear esos poderosos semiconductores, son producidas por China. Las famosas reservas de “tierras raras” se encuentran allí y son esenciales para la elaboración de metales específicos para la producción. El gobierno chino ha anunciado su reconsideración de la exportación de este material indispensable hacia los Estados Unidos y sus países aliados, lo que pondría en peligro toda la cadena de suministros globales.

Por lo pronto, China tiene una gran cantidad de reservas de semiconductores en sus laboratorios tanto públicos como privados, pero en el largo plazo asoma la escasez y por lo tanto amenaza su capacidad para desarrollar sus propios algoritmos indispensables para elaborar una Inteligencia Artificial competitiva.

Como ya dijimos, el desarrollo de la inteligencia artificial se llevará por delante muchos empleos de baja calificación. Los cálculos menos aterradores afirman que más de 400 millones de empleos serán destruidos por esta tecnología. Obviamente otros nuevos surgirán, pero en el corto plazo hará aumentar el ejército industrial de reserva (obreros disponibles que no encuentran trabajo) característico del modo de producción capitalista.

En régimen capitalista, dado su funcionamiento orgánico, presenta la paradoja de que una tecnología que puede acortar el tiempo de trabajo para producir una mercancía, que aumenta la productividad de los trabajadores, que puede liberar al hombre de las tareas más repetitivas y alienantes del trabajo, genere las condiciones para aumentar la explotación. En el modo de producción capitalista el único incentivo de los burgueses es la obtención máxima de ganancias y no el bienestar material y espiritual de la población. Hoy el grado de desarrollo de las fuerzas productivas permitiría la reducción de la jornada laboral y el pleno empleo de los trabajadores, pero el chaleco de fuerza de la propiedad privada de los medios de producción (entre los que encontramos a la inteligencia artificial) genera su opuesto: precarización, desempleo, prolongación de la jornada laboral y la exacerbación de la competencia entre los Estados capitalistas a nivel mundial que culmina en la guerra imperialista.

Es imperiosa la necesidad de organización de los trabajadores en su propio partido, independiente de las facciones burguesas, que tenga como horizonte la expropiación de los capitalistas, para así poner todas las fuerzas de la producción al servicio de la satisfacción de las necesidades de la humanidad, esto es, el socialismo.

Luciano Andrade, 28/7/23

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