Chile: Del “estallido” al pantano del reformismo impotente

El domingo 21 de noviembre se realizaron en Chile las elecciones para presidente y legisladores nacionales.

En las presidenciales, el candidato de la “ultraderecha” (Partido Republicano en el Frente Social Cristiano), José Kast, con casi 28 %, le ganó a Gabriel Boric (del partido Convergencia Social en el Frente Amplio) el candidato de la “izquierda”, de la Coalición Apruebo Dignidad, integrada a su vez por el Frente Amplio y el Partido Comunista, que obtuvo casi 26 %.

En consecuencia, dado el resultado del 21 de noviembre, habrá una segunda vuelta electoral el 19 de diciembre, para definir entre los más votados Kast y Boric, al próximo presidente de Chile.

El resultado fue una sorpresa para muchos. No sólo porque en las elecciones para la Convención Constituyentes ganaron las listas que se reivindicaban de “izquierda”, y no tanto porque las encuestas iniciales daban por ganador a Boric, aunque al aproximarse la fecha electoral Kast estaba repuntando.  Sino principalmente porque apenas hace dos años ocurrió en Chile un levantamiento popular conocido como “el estallido”, conmemorado el mes pasado por una multitudinaria concentración en la Plaza de la Libertad.

¿Como puede ser? Se preguntan los trabajadores y estudiantes que siguen con cierta atención los acontecimientos en el país vecino.

Mayor es la sorpresa cuando se conoce el “pedigree” de Kast y algunas de sus posiciones políticas.

Este hijo de un oficial nazi, formaba parte de la coalición de gobierno Chile Vamos, repudiada en el levantamiento de 2019, integrando un partido (la UDI) ubicado políticamente a la derecha del partido del presidente Piñera (RN), que reivindica el “legado” de Pinochet.

Durante su campaña electoral, Kast se pronunció por avalar la militarización y violencia del Estado en la Araucanía; la “mano dura” contra la delincuencia; la defensa de la “familia tradicional”; en oposición a reconocer los derechos de las mujeres y de la diversidad sexual; por la educación religiosa en las escuelas públicas; sostener el actual sistema jubilatorio de las AFP privadas y la privatización del agua; derogar el impuesto a los “súper-ricos”; eliminar las leyes laborales que protegen a los sindicatos, facilitar los despidos y precarizar el empleo.

Obviamente, su triunfo en la primera vuelta con este “programita” fue saludado por Milei, el “libertario” protofascista argentino.

Por su parte, Boric, después de salir segundo, fue “moderando su discurso” para ganar el apoyo de la Democracia Cristiana y el PS. Comparte la idea de reforzar el aparato represivo de Carabineros para reprimir la “delincuencia común”, y rechazó la posibilidad de otorgar el indulto a los presos del “estallido” que hayan incendiado iglesias y pymes o que hubieran saqueado supermercados. En relación a la Araucanía, aunque personalmente votó en contra de mantener el Estado de excepción, es decir la ocupación militar del territorio que reclama el pueblo mapuche, no dijo nada de la aprobación de quienes desde ahora son sus socios políticos.

Boric es el candidato de la centroizquierda (como lo ha caracterizado Inzulsa), que contribuye a la estabilidad del régimen burgués, al igual que el PC, cuya principal figura pública Daniel Jadue ha dicho que, si ganan las elecciones, bajo su gobierno no volverá a haber un levantamiento popular. Y no son sólo palabras, ya lo han demostrado con hechos. En plena crisis del régimen, cuando -en el marco del levantamiento popular- la huelga general del 12 de noviembre amenazaba con provocar la caída de Piñera, Boric junto a los demás partidos de la “oposición” fueron a tirarle el salvavidas con el “Acuerdo por la paz y la nueva constitución”, de donde resultó -sintetizando- la actual Convención Constitucional en funciones, a cambio de desmovilizar (tarea en la cual el PC, que dirige la CUT, sindicatos y movimientos sociales, puso su “mejor esfuerzo”), condenar la violencia de los manifestantes, y aprobar también una ley para reprimirla, la ley anti-barricadas.

Ya en ese momento, agrupaciones enteras se retiraron de la coalición que encabezaba Boric, llamada Frente Amplio (una especie de versión chilena del “Podemos” español), en repudio a su colaboración con el gobierno de Piñera. 

Es por eso que, la mayoría de los jóvenes trabajadores y estudiantes que participaron más intensamente en las manifestaciones y enfrentamientos, no reconocen en Boric a alguien que los represente. Boric es una babosa reformista que no genera ninguna expectativa en los trabajadores y jóvenes más conscientes.

Desgraciadamente, a falta de un partido revolucionario de la clase trabajadora, en las elecciones a convencionales, esa representación la obtuvieron los “independientes” y movimientos sociales, que en total asumieron 48 bancas, y particularmente la Lista del Pueblo que obtuvo 27 escaños, mientras que la coalición Apruebo Dignidad de Boric (FA) y Jadue (PC) obtuvieron 28 escaños y la lista del Apruebo PS-PDC (25 bancas). Es decir, en la elección de hace seis meses atrás y con un porcentaje menor aun de participación electoral (un poco más del 45%), el 75% de las bancas fueron ganadas por la centroizquierda, la izquierda y sectores afines, contra el 25% de la derecha y extrema derecha. 

El objetivo principal del régimen burgués, plasmado en el “Acuerdo por la paz…” ya empezaba a concretarse. Las movilizaciones solo siguieron siendo protagonizadas por minúsculos grupos de vanguardia, reclamando principalmente por la liberación de los presos del estallido, o sea, bien a la defensiva, mientras que el proceso político principal -aun con la alta abstención- se canalizaba dentro del marco electoral y en las condiciones acordadas.

La “estrella fugaz” del proceso convencional fue la Lista del Pueblo, un engendro “postmoderno” que plantea respuestas reformistas e insuficientes a problemas parciales, “identitarios”, ambientales, de opresión sexual o nacional, pero sin ninguna estrategia orientada a derrocar al capitalismo, que es origen de los padecimientos de la clase trabajadora y los sectores pobres del pueblo. Pretendiendo obtener “derechos” pacíficamente, en el marco de un capitalismo que los viene negando con las armas en la mano, entró en disolución y se dividió al poco tiempo de ingresar a la convención, no solo por las faltas o fraudes personales de algunos de sus integrantes (lo cual desmoralizó a sus votantes), sino por diferencias políticas, acerca de si debían o no participar en las elecciones generales, cosa que finalmente no ocurrió.

La propia Convención, con mayoría del Apruebo Dignidad y los independientes, se subordinó completamente a los límites del “acuerdo por la paz”, y voluntariamente asumieron su impotencia frente a la coalición burguesa gobernante y la constitución a la que fueron convocados a modificar. Inclusive, teniendo mayoría, acordaron con la derecha en tomar las resoluciones por los dos tercios, aunque esta misma resolución se aprobó con mayoría simple. La Convención Constitucional es voluntariamente impotente no solo para dar respuesta a las demandas planteadas por “el estallido”, sino que ni siquiera fue capaz de resolver la libertad incondicional de sus presos políticos, a la vez que dejan pasar como si lloviera los asesinatos de activistas mapuches y la militarización en La Araucanía.

En esta situación, el poco entusiasmo que generaba la izquierda reformista y la decepción con los independientes, se reflejó en los bajos niveles de participación electoral en las comunas obreras y populares, contra la mayor concurrencia a votar en las comunas de la clase media acomodada. En Chile, donde el voto no es obligatorio, la abstención fue alta, aunque menor a las elecciones anteriores a constituyentes: solo concurrió a votar el 47,3 % del padrón habilitado, que en proporción invertida con la elección anterior, tuvo más incentivo para ir a votar la clase media acomodada de derecha, que los trabajadores y jóvenes de las poblaciones.

Por lo tanto, a diferencia de las elecciones a convencionales, de hace apenas 6 meses, en donde el voto fue ampliamente favorable a la izquierda y centroizquierda, ahora fue bastante más pareja. Si se sumaran los votos de los candidatos considerados de derecha tendrían: Kast + Sichel un poco más del 40%, sin contar los 12,8% de Parisi, entre los que es de esperar que una parte vaya a la derecha.  Y entre los que podrían votar por Boric se cuentan 46,5%.

Esto ya provoca especulaciones sobre cuánto del voto de los otros candidatos de derecha irá para Kast. Lo más probable es que la mayoría de los votos de Sebastián Sichel (ex ministro de Piñera, candidato de la coalición oficialista “Chile Podemos Más”), que quedó en cuarto lugar con un 12,8 %, vayan para Kast. En cambio, no es tan seguro que lo mismo ocurra con los votantes de Franco Parisi (Partido de la Gente, casi 12,8 %). En estos días el propio Parisi tomó distancia tanto de Boric, como de Kast.

Por otra parte, como ya dijimos, Boric empezó a girar a la derecha en su discurso, a “moderarlo” según lo que había reclamado Yasna Provoste, la candidata de “Nuevo Pacto Social”, como condición para darle su apoyo. Y ya lo ha conseguido, así como el apoyo expreso de la junta nacional de la Democracia Cristiana, el de Ricardo Lagos y lo mismo ha hecho (a través de su fundación Horizonte Ciudadano) Michelle Bachelet, representantes de la “concertación” y la vieja política contra la cual supuestamente surgió el Frente Amplio.

La consultora Cadem (las encuestadoras chilenas también son poco “confiables”), refiere en este momento (entre el 24 y el 26/11) una ventaja a favor de Boric, pero todavía con muchos indecisos.

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Desde los partidos y medios de difusión de la derecha exageran los peligros que podría tener para la burguesía el voto a Boric, como si este fuera a instaurar un régimen comunista. Mientras los más lúcidos analistas de la burguesía creen -por el contrario- que sería el más adecuado para contener las exigencias y reclamos de las masas populares, que no han sido para nada satisfechos, y cuyo movimiento, si bien ha sido desviado de la lucha directa en las estructuras laborales y las calles, al fangoso terreno electoral -entre otros por el propio Boric y el PC-, sin embargo, no ha sido derrotado.

Fuera de los fuegos de artificio de los que auguran el ascenso del comunismo con Boric o el ascenso del fascismo con Kast, un representante directo de la gran burguesía, el dirigente de la Confederación de la Producción y el Comercio de Chile, Juan Sutil, destacó que en la reunión con ambos candidatos encontró “mucha moderación en todas las propuestas que escuchamos”.

Lo que ocurre en este proceso electoral es la continuación de la política que llevó al movimiento al desvío. Mientras la derecha y Piñera reprimía, sobre todo a los sectores de vanguardia que continuaban enfrentándose después del 15 de noviembre, los “aparatos” reformistas, luego de firmar el acuerdo con el gobierno, hicieron todo lo que estaba a su alcance para desmovilizar.

Esta política se vio favorecida con la falta de una estrategia para luchar por el poder de muchas de las organizaciones que intervinieron en el levantamiento. Sobre la base del desprestigio popular de los partidos del régimen, agitaron que “el pueblo unido marcha sin partido”, haciendo un culto a la espontaneidad de las masas, y al horizontalismo, sin siquiera tener una política para centralizar los organismos de lucha en que se agrupaban las masas trabajadoras, ya que su estrategia nunca pasó de presionar al régimen para conseguir que se convocara la asamblea constituyente. Pero como es sabido, con presiones al régimen, a lo sumo, lo que se puede obtener son concesiones reformistas, nunca una transformación revolucionaria. Y eso es, apenas, la Convención Constitucional: una concesión reformista dentro del régimen burgués.

La rueda oportunista que se adapta al carro burgués

En la izquierda, los oportunistas, muchos de los cuales se engancharon en la política reformista de levantar la consigna de la Asamblea Constituyente, repiten ahora, en esta segunda vuelta electoral, la estrategia de apoyar al mal menor entre las opciones burguesas. Unos cuantos ya hacen campaña para votar por Boric, aunque sea con un “palo de ropa” en la nariz.

Tanto el MST (Izquierda Socialista de Argentina, miembros de la UIT-CI), como el MIT (PSTU de Argentina, miembros de la LIT-CI), y tanto el Socialismo Revolucionario (miembro de la CIT), como el Partido Obrero revolucionario (grupo vinculado al PO de Altamira), llaman directamente a votar por Boric, contra el “fascismo”.

El FUT, Frente por la Unidad de la clase Trabajadora, que se presentó en estas elecciones por primera vez, emulando al FIT de Argentina, está integrado por el PTR (PTS en Argentina), quien aportó la legalidad electoral; el MST; SR; Fuerza 18 de octubre (vinculado al PO de Argentina), el grupo de la revista El Porteño y el grupo FUL. Evidentemente hay una división interna en este Frente, ya que como hemos dicho, tanto el SR, como el MST, llaman a votar por Boric.

La organización hermana del PTR en Brasil (MTR, ahora también PTR) en la segunda vuelta de las elecciones de 2018, llamó a votar por el candidato del PT Fernando Haddad (un Boric brasileño), contra Bolsonaro, con el cuento de frenar al fascismo. Pero cuando asumió Bolsonaro, y ya sin necesidad de caer en exageraciones para justificar su política, el MTR caracterizó al régimen de Bolsonaro como pre-bonapartista, o sea varios escalones menos que fascista.  

El PTR chileno plantea la misma posición que sus hermanos brasileños, pero de manera vergonzante, adornándola con llamados a la organización: es el voto a Boric pero “crítico”, “sin confianza en Boric”, ya que en ningún momento plantea ni Kast, ni Boric. En una línea similar el grupo FUL de Denis Barría, llama a votar “contra Kast”, como si hubiera alguna otra posibilidad para ello que votar por Boric. El grupo vinculado al PO argentino, no se ha pronunciado todavía. El único que ha sido claro en rechazar el voto a Boric es el compañero Gustavo Burgos, editor de la revista El Porteño (EP) de Valparaíso.

Ante la opción impuesta desde arriba, de votar por Kast o por Boric, la única alternativa electoral es el voto nulo, o en blanco o la abstención, cosa que, por otra parte, ha hecho más de la mitad del padrón electoral.

Por supuesto que a nadie se le ocurriría “romper” con los trabajadores y jóvenes de base, o con los activistas independientes, que presionados por la situación vayan a votar por Boric.

Pero otra cosa son los oportunistas y centristas de origen trotskista, que ya son viejas organizaciones políticas, y que, si llaman a votar por Boric, o usan el vergonzante “contra Kast”, no es por equivocación, sino porque se han adaptado al régimen y le capitulan de muchas maneras, y una de ellas, la más evidente, es su política recurrente de apoyar al “mal menor” entre los candidatos de la burguesía.

La construcción de un partido revolucionario es una tarea urgente

Ante esta capitulación del oportunismo y el centrismo, hay compañeros que rechazando votar por Boric, y reconociéndoles su honestidad, siguen haciendo culto de la espontaneidad y el horizontalismo, y quizás sea por eso mismo que no han podido construir un partido que se postule para dirigir a los trabajadores. La historia de la lucha de clases internacional demuestra que, si se quiere hacer una revolución para derrocar al régimen burgués y que la clase trabajadora tome el poder, es indispensable un partido, un programa y una dirección. Y la experiencia histórica e inmediata de la clase trabajadora y la juventud chilena deja planteada con extrema urgencia esa necesidad.

El FUT fue convocado como acuerdo electoral para participar en estas elecciones. En la primera resolución política importante que le toca adoptar cuando la participación directa de sus candidatos ha terminado, el FUT aparece dividido, entre los abiertamente oportunistas y los centristas vergonzantes, con la excepción de El Porteño, que hasta ahora ha mantenido firme su posición, a pesar de la marea reformista en contra. Por lo cual, la idea de seguir integrando el FUT, solo puede servir si lo que se quiere mantener es un acuerdo electoral oportunista como el que existe en Argentina. Pero si lo que se quiere construir es un partido revolucionario de la clase trabajadora, la cuestión de sostener la independencia de clase y no caer en el oportunismo es una cuestión central, que pone a prueba el carácter marxista de los revolucionarios.

¿Cómo se puede plantear ante la vanguardia obrera y juvenil la tarea de construir un partido revolucionario si se concede en aceptar la línea del mal menor o que votar a Boric serviría frenar al fascismo? Cuando se apura un poco la discusión, los oportunistas reconocen que detrás de Kast no hay un movimiento de masas fascista, presto a tomar el poder y destruir las organizaciones obreras con métodos de guerra civil. Y si así fuera tampoco servirían de nada las boletas electorales para frenarlo, sino que habría que estar organizando milicias obreras y populares para enfrentarlo y derrotarlo en las calles. Y entonces, darle un voto a Boric, así sea crítico, es entrar en el terreno del “acuerdo por la paz”, es contribuir a engañar a los trabajadores, lo cual demuestra que no se puede construir un partido revolucionario de la mano del oportunismo y el centrismo.

La situación política y social próxima, no tanto por cómo se pueda presentar el resultado electoral, sino por el marco general de la situación internacional, plantea un período de inestabilidad por la exacerbación de la lucha de clases. A nivel internacional vuelve a resurgir el problema de la pandemia del covid, que afecta la salud y la vida de las personas, en especial de los trabajadores y los pobres, siempre más expuestos. Cuando la “variante” delta todavía sigue haciendo estragos en todo el mundo, ya aparece una nueva variante: la ómicron. Pero a la gran burguesía y el imperialismo, lo que le interesa es que la nueva ola de contagios dificultará la recuperación de sus ganancias. Peor todavía, la muy probable y próxima decisión de la Reserva Federal de EEUU, de subir las tasas de interés para frenar la inflación provocada por ellos mismos, puede provocar una crisis en las empresas llamadas “zombies”, y agravar la crisis económica mundial que se arrastra desde 2007-8.

En este marco la burguesía chilena cierra sus puños y muestra los dientes, para arrancar más plusvalía de la clase trabajadora. Pero, es muy viejo el método de amenazar con la derecha -que se ha reforzado con Kast- para obligar a las masas proletarias a aceptar los ajustes que hace la centroizquierda reformista encabezada por Boric. Volvemos a la calesita de los 30 y pico de años. Por arriba, solo con un recambio de figuritas. Por abajo, por el contrario, se está procesando la experiencia y sacando conclusiones de los últimos dos años de levantamiento pre-revolucionario y de reacción “democrática”.

La tarea de los revolucionarios está planteada entre esos dos ejes: la coordinación (frente único) y centralización de las luchas que surjan para defenderse de la ofensiva del régimen y las patronales; el impulso de la lucha por las demandas que se plantearon en el Octubre de 2019; la lucha contra la burocracia sindical y los aparatos políticos reformistas. Y la lucha política contra el oportunismo y el centrismo, para ayudar a que la vanguardia obrera, juvenil y popular saque las conclusiones revolucionarias de los acontecimientos vividos. Y la conclusión más importante, que hace falta construir un partido revolucionario de la clase obrera, para la revolución y el socialismo, tanto a nivel nacional como internacional.

Antonio Bórmida, 1/12/21

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