PARA LA JUVENTUD EN LOS BARRIOS EXISTE MÁS QUE UN PROBLEMA DE CONECTIVIDAD

La irrupción de la pandemia y la cuarentena impuso un rotundo cambio en la dinámica de las clases y tanto docentes como familias y estudiantes debieron amoldarse al trabajo “áulico” virtual, con todo lo que esto conlleva. También dejó al descubierto, entre otras cosas, la imposibilidad de los jóvenes de los barrios populares y obreros de seguir cursando. 

Según la CEPAL, entre el primer y segundo trimestre de 2020, el uso de la “educación en línea” aumentó más del 60 % en América Latina, pero el informe remarca que el alcance es limitado por las brechas en el acceso y uso de tecnologías y las bajas velocidades de conexión.  En Argentina, en julio se estimaba que el 45% de los jóvenes en edad escolar habían abandonado la escuela, el 70% en escuelas públicas. Así lo indica el estudio “Covid-19 en Argentina: impacto socioeconómico y ambiental” de Naciones Unidas. Por supuesto que quienes abandonan son los chicos de familias trabajadoras, los que viven en los barrios populares porque son quienes sufren directamente el recrudecimiento de la crisis económica. 

Quienes dejan la escuela lo hacen entre otras cosas por la escasa o nula conexión a Internet, por no tener computadora ni celular, por tener que compartir el mismo dispositivo entre varios hermanos o no tener el espacio necesario en sus hogares para concentrarse.  A esto se le suma la necesidad de tener que salir a trabajar o changuear porque sus padres quedan desempleados o porque un solo sueldo no alcanza. Así, entre una mezcla de fatiga, estrés, pérdida de perspectiva sobre su futuro y la urgencia de no pasar hambre, para estos niños y adolescentes de familias trabajadoras, sostener la virtualidad y cumplir con las consignas que mandan los docentes se hace imposible.

Para el Estado la educación es una prioridad en papeles, desde los gobiernos burgueses se manejan todo tipo de decretos y proyectos que tratan la conectividad. En Santa Fe, el gobernador Perotti (PJ) sacó en Julio un decreto que tenía como eje un “programa para el acceso universal a las tecnologías de la información y las comunicaciones y garantizar la inclusión digital de la población”. Sin embargo, sigue habiendo falta de conectividad y dispositivos y la deserción escolar sigue en aumento. Así, como tantas otras veces, todo queda en un papel que decreta pero que no se cumple. 

En este marco de miseria, no sólo dejan la cursada virtual, sino que difícilmente muchos estudiantes retomen las clases presenciales cuando regresen. Como ya sabemos muchos dejaban sus estudios cada vez más jóvenes para ir a trabajar y colaborar con un ingreso de dinero en su casa, lo que trajo la cuarentena fue un aumento de estos casos y cada vez a más temprana edad. 

“… y los ricos cada vez están más ricos y los pobres cada vez están más pobres”

Lamentablemente el problema de la conectividad no es el único que atraviesa a los jóvenes en los barrios populares, lo que se ve con la falta de conectividad es un pedacito de algo mucho más grande. Una gran desigualdad social, una brecha cada vez más grande entre pobres y ricos, entre jóvenes que provienen de familias trabajadoras y familias burguesas. 

En la Argentina más del 40% de la población alcanzó niveles de pobreza, siendo los niños los que más sufren los golpes de la crisis económica, más del 50% de los niños en nuestro país son pobres, es decir, más de la mitad no tiene garantizadas sus necesidades básicas.

Ante esto el Ministerio de Educación de la Nación pretende solucionar la grave situación que atravesamos, entregando algunas computadoras y tablets que además de ser totalmente insuficientes, no solucionan la falta de conectividad y el desamparo que hoy viven, más que nunca, los jóvenes en los barrios. Es que los niveles de vida son cada vez más bajos, el aumento de la pobreza en las nuevas generaciones se ve reflejado en el abandono de “la escuela” pero también en la falta de viviendas dignas, desnutrición infantil, en las condiciones de trabajo con las que se encuentran cada vez a más temprana edad.

La crisis económica acarrea consigo la descomposición social, esto se ve con el aumento del consumo y venta de drogas por jóvenes, generando más violencia en los barrios y hogares. No hay política social para contener esto, por un lado, porque el gobierno ya empezó un ajuste del gasto público para pagar la deuda externa y como requisito para el acuerdo con el FMI, y por otro porque este Estado claramente representa los intereses de una clase que no es la nuestra, sino la clase capitalista, la clase de los patrones y empresarios. A ellos nos les interesa que cada vez haya más deserción escolar o más jóvenes trabajadores que mueren a causa del consumo de drogas o a causa del gatillo fácil. 

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Tampoco le interesa si las adolescentes y niñas dejan de estudiar porque quedan embarazas o si mueren en el intento de un aborto clandestino, es por eso que todos los años patean la ley que permitiría realizar abortos legales en los hospitales, sean del partido que sean. Además, hoy no reciben la poca educación sexual que tenían en las escuelas y se le suma que se han dejado de repartir anticonceptivos en los centros de salud.

Los jóvenes que deciden, con mucho esfuerzo, estudiar y trabajar para poder terminar la escuela o tener algún título más, son la fuerza de trabajo precarizada y oprimida por los empresarios que los contratan por dos mangos y en las peores condiciones. En el peor de los casos, pasan a ser la mano de obra barata para los narcos, no ven otra salida que hacerse soldadito, son seducidos por el “dinero fácil” pero exponen sus vidas. La mayoría no dura más de tres años, en este negocio multimillonario para la burguesía, parados en las esquinas, repartiendo en bici o en algún búnker. Trabajan días enteros sin dormir, para que otros se llenen los bolsillos y paseen libremente en sus autos de alta gama, viviendo en los country privados o mansiones, sin importar cuantos pibes terminan presos o muertos a balazos. 

Gatillo fácil, jueces y represión

La policía y todo el poder judicial cumplen un rol fundamental para que esto pase, es la que cuida los intereses de los narcotraficantes para llevarse su porción de la torta y así el narcotráfico aumenta, al igual que sus riquezas y al igual que la cantidad de muertes de jóvenes de los barrios populares que mueren a causa de la droga o por quedar en medio de disputas territoriales entre los narcos.

Son los jóvenes de clase trabajadora quienes se ven perseguidos, hostigados y quienes son asesinados por la policía o por los aparatos parapoliciales. No podemos dejar de mencionar el caso de Facundo Castro, asesinado por la Bonaerense con la complicidad de Berni y el peronismo (Kicillof y los Fernández). Éste es un ejemplo claro de que la justicia burguesa sólo pone palos en la rueda cuando se trata de esclarecer qué ocurre con los pibes que son violentados por la policía, aún hoy se pone en duda que se haya tratado de un asesinato.  

Es que, bajo el Capitalismo, la “justicia” no es para todos. Es para quienes tienen en sus manos los medios de producción, es decir para la burguesía. Sus perros armados hasta los dientes regentean no sólo el narcotráfico, sino la explotación infantil y la trata de mujeres. Y es que esta democracia es una democracia para burgueses. Por eso mientras se destinan millones al aumento de los sueldos de la policía y el armamento o a la deuda externa, lo que se destina en presupuesto para que los jóvenes no dejen de estudiar no alcanza para nada. 

Todas estas situaciones que nombramos y que generan incertidumbre, que hacen sentir que no existe salida y no permiten tener una perspectiva sobre nuestra vida, todos estos padecimientos son culpa del capitalismo que con una u otra cara como representante en el gobierno (ayer fue Macri y hoy Alberto Fernández) hacen que la miseria atraviese a los jóvenes por todos lados. Por esto, esta juventud hija de los obreros despedidos, de trabajadores precarizados por dos pesos, esta juventud que es parte de la clase trabajadora debe organizarse de manera independiente de todos esos partidos burgueses que dicen que van a hacer las cosas para que vivamos mejor pero nunca cumplen. 

La realidad es que como jóvenes de familias trabajadoras no podemos esperar que ningún gobierno burgués piense en nosotros. No tenemos muchas opciones ante la crisis que nos atraviesa o nos ponemos como objetivo la construcción de un partido revolucionario para sacar a la burguesía del poder estatal y darle paso a un gobierno de trabajadores y del pueblo pobre o esta crisis nos llevará a más descomposición y miseria.

                                    Juventud del PCO.

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