A 44 años de la noche de los Lápices

Los años de Rosariazos y Cordobazos 

En el año 1969 comienza en nuestro país un gran ascenso de las luchas de la clase obrera. Hablamos del Cordobazo y de los Rosariazos (y de varios otros “azos” en todo el país) las movilizaciones y huelgas culminan en levantamientos obreros y populares por varios días, con tomas de fábricas y establecimientos, con duros enfrentamientos con la policía y tropas del ejército. La alianza fundamental de sectores sociales que le dio una gran fuerza a esos levantamientos semi-insurreccionales fue “la unidad obrero-estudiantil”. 

Estudiantes secundarios y universitarios se plegaban en las movilizaciones y piquetes de los obreros de varios sectores, en contra del ajuste y represión que vivían. Por ejemplo, durante el segundo Rosariazo, en el mes de septiembre, OBREROS Y ESTUDIANTES formaron una gran columna de movilización, a la que se fueron sumando vecinos de las barriadas populares. Al comenzar la represión policial, los manifestantes resistían y al estar organizados para la autodefensa, se reagrupaban y continuaban luchando.

En esos años se vivía una crisis económica producto del final del denominado boom de postguerra. Después de la segunda guerra mundial (1939-1945) se vivieron 25 años de crecimiento económico, durante ese tiempo existió lo que se denominó el Estado de Bienestar. Si bien este gran aumento en el nivel de vida de la clase trabajadora fue principalmente en Europa, América Latina también vio una etapa de prosperidad. Por ejemplo, en Argentina para el año 1974 había solamente un 5% de población que era pobre, contra el 35 o 40 % de nuestros días. 

Sin embargo, el capitalismo siempre genera crisis ya que son parte de su propio funcionamiento, y la burguesía (empresarios, banqueros, terratenientes) que es la propietaria de los medios de producción, para poder seguir manteniendo sus beneficios (básicamente las ganancias de sus empresas) siempre pretende descargar las consecuencias de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores.  Estas consecuencias son como la fiebre en un paciente enfermo: el desempleo, el aumento de los alimentos, alquileres, la inflación, etc. Ante esto, como siempre pasa, las masas explotadas salen a defender lo poco que han conseguido en la etapa de crecimiento económico. Lo interesante que sucedía en aquellos años, era que había una gran organización de trabajadores y estudiantes. 

Este ascenso de las luchas volteó a la dictadura de Onganía, y dejó herido de muerte al régimen militar, pero la burguesía nacional junto al imperialismo sabía que no podía controlar así nomás a las masas y entonces coincidieron en que la única forma de parar el ascenso obrero-estudiantil-popular era llegar a un acuerdo con Perón que le permitiera su “retorno”.

Así surgió el “Gran Acuerdo Nacional”, suscripto por las tres fuerzas políticas más importantes de aquel momento: militares, peronistas y radicales. Con este se pretendía desviar las luchas por la vía electoral, permitiendo el ascenso del peronismo al poder. El 25 de mayo de 1973 fue elegido presidente el “tío” Cámpora (como lo llamaba la Juventud Peronista). Pero este delegado del General Perón, no tenía un peso político propio. Así que renunció y el 23 de septiembre de 1973 nuevas elecciones le dieron el triunfo al mismo Perón. 

Con el PACTO SOCIAL entre el gobierno, la UIA (patronales industriales) y la CGT, Perón creyó que podía hacer frente a la crisis con un acuerdo de precios y salarios. Pero mientras que los salarios quedaron estancados, los precios seguían subiendo.

Dado que las luchas continuaban, Perón al volver al poder, puso en el gobierno a lo más recalcitrante de la derecha peronista, a la vez que se apoyaba en la burocracia sindical, desplazando a los sectores de la izquierda peronista. A su vez también organizó desde el Ministerio de Bienestar Social a manos de “el Brujo” López Rega, bandas fascistas como la Triple A, que atacaban al activismo obrero y estudiantil de izquierda. Fueron miles los asesinados bajo el gobierno “democrático” de Perón. 

Perón murió el 1 de julio de 1974, y dejó como sucesión a su viuda “Isabelita” y su yerno Lastiri. A su vez adquirió mayor peso político López Rega. Con el agravamiento de la crisis económica internacional el versito del Pacto Social fracasó como era de esperarse, llegando la inflación al 80% anual. Isabel y su ministro de economía Celestino Rodríguez en junio de 1975 pretendieron llevar adelante un tremendo ajuste contra la clase trabajadora y el pueblo, devaluando el peso en un 200%, aumentando las tarifas (75%) y los combustibles (180%), al mismo tiempo que ponía un techo a las paritarias del 40%.

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En respuesta, una huelga general surgió desde las bases obreras, que habían organizado Coordinadoras Zonales y esta presión de la base obligó a Lorenzo Miguel (CGT) a declarar la huelga general por 36hs. Esto provocó la caída de López Rega y del ministro Celestino Rodrigo e Isabel quedó prácticamente sin poder. Por primera vez la clase trabajadora le hacía una huelga general a un gobierno peronista, el famoso “Rodrigazo” hizo estallar por los aires el Pacto Social. 

La burguesía y el imperialismo ante esta situación comenzaron rápidamente a preparar un golpe de estado, ya que el gobierno peronista, primero con Cámpora, luego con Perón y después con Isabel se había demostrado impotente para derrotar a la clase trabajadora e imponer el brutal aumento de la explotación que requerían para sostener sus ganancias. Allí, en esa situación, como en todo período de aguda crisis capitalista, no quedaban caminos intermedios, era el triunfo de la revolución socialista o el de la contrarrevolución burguesa-imperialista a manos de la dictadura militar. Ya sabemos lo que pasó…

La Noche de los Lápices 

El 16 de septiembre de 1976 y días posteriores, ya bajo la dictadura militar, en la ciudad de La Plata un grupo de estudiantes secundarios fue secuestrado por las Fuerzas Armadas, a este hecho se lo recuerda en esta fecha como La Noche de los Lápices. Durante su secuestro, los jóvenes fueron sometidos a torturas en distintos centros clandestinos y la mayoría murió allí. Este terrible hecho, emblema de la represión de la dictadura militar sobre el movimiento estudiantil, al igual que contra la clase obrera y sectores populares, debe servirnos para reflexionar acerca de las transformaciones sociales que HOY son necesarias.

Durante el ascenso obrero-estudiantil y popular de los ’70 había una numerosa vanguardia que estaba convencida de que para poder terminar con la opresión y la explotación era necesario terminar con el sistema capitalista, a través de una revolución socialista. Incluso sectores que no eran marxistas cantaban a favor de la “Patria” Socialista. Los estudiantes y trabajadores en ese momento participaban a través de sindicatos y centros de estudiantes, protagonizaban duras luchas, pero, eran “un gigante con pies de barro”, ya que faltaba un partido revolucionario que lograra dirigir todas esas fuerzas para luchar por el poder e instaurar un gobierno de trabajadores. Esta debe ser una de las principales conclusiones que debemos sacar. 

Año 2020, hemos podido sacar muchas conclusiones y agotado varias experiencias con gobiernos “neoliberales” y “populistas” y hoy nos preguntamos, ¿Para quién vale la “democracia” en el régimen burgués? La realidad es que esta democracia sólo funciona para la parte de la población mundial que se beneficia explotando y oprimiendo a la gran mayoría del pueblo trabajador y pobre. Lamentablemente lo que hoy decidimos a través del voto es qué sector político va a representar los intereses de la burguesía. Sólo nos permiten hacer “un cambio de gerentes”, pero siguen gobernando los mismos capitalistas de hace 100 años. 

El peronismo-kichnerismo por más que intente “pintarse de setentista”, ya no engaña a nadie. Sabemos que son políticos burgueses, y que tras su discurso demagógico permiten precarizar las condiciones laborales y salariales del conjunto de las familias de clase trabajadora. Ahora en el medio de la Pandemia, les han dado aumento a los policías, pero no a los trabajadores de la salud y educación, es que necesitan tener bien “alimentados a sus perros de presa” para cuando los trabajadores salgamos a luchar por nuestras reivindicaciones como viene pasando desde el año pasado en varios países, Chile, EEUU, Ecuador, Irak. En estos meses de cuarentena entramos en un impasse, pero ya vuelven a surgir manifestaciones sociales como por ejemplo en Colombia, Líbano y Bielorrusia. 

En las crisis profundas, como la que atravesamos hoy, lo primero que se cae es la careta “democrática”. Quedando en evidencia que “la democracia” no es más que la cobertura del verdadero régimen que nos gobierna, la dictadura del capital. Y cuando esa dictadura no puede imponer sus intereses por medios pacíficos, los impone por medio de la violencia, recurriendo al aparato armado que está a su servicio, las FFAA y de seguridad, como ocurrió en el ’76 y en menor medida en cada lucha reprimida.  

Concretar las aspiraciones de aquella generación callada con sangre y represión no será fácil. Pero lo que está cada vez más claro es que hoy los jóvenes de clase trabajadora debemos elegir, como sentenció la revolucionaria Rosa Luxemburgo a principio del siglo XX, entre “socialismo o barbarie”. Dejaba claro entonces que el capitalismo va a agotar los recursos y aumentar la explotación de los trabajadores sin otra salida que ésta: la Barbarie. Para nosotros que no tenemos ese bozal de los partidos burgueses vestidos de “populares”, que impidieron una organización independiente en el pasado, nos queda la responsabilidad de ser los protagonistas de esa lucha, levantando las banderas de la revolución para defender nuestro futuro.

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