Tras el ataque a Venezuela, y habiéndose hecho EEUU con el control de su petróleo gracias a la colaboración del régimen chavista encabezado, primero de hecho y ahora legalizado por una ley aprobada en la Asamblea Nacional presidida, Donald Trump emitió una orden ejecutiva para sancionar a cualquier país que venda petróleo a Cuba. La intención declarada es ahogar económica y energéticamente a Cuba para obligar al gobierno del PC cubano a capitular ante EEUU.
La primera en obedecer la orden de Trump ha sido la presidenta “progresista” de México, que era el único país -además de Venezuela- que enviaba petróleo a Cuba. El modus operandi de Trump ya es conocido: amenazó con intervenir militarmente en territorio mexicano contra las bandas narco. Ante la inminente violación de la soberanía que dejaría descolocada su autoridad, la presidenta cedió. Claudia Sheinbaum dice que no fue ella sino Pemex (la petrolera estatal mexicana) la que canceló los contratos de “venta” del petróleo a Cuba y que esa fue una decisión soberana de Pemex. La realidad es que México se sumó al bloqueo, obedeciendo la orden de Trump. Sheinbaum no descarta la posibilidad de hacer envíos humanitarios de petróleo, pero tampoco los garantiza. Por ahora sólo ha enviado un cargamento humanitario de víveres y otros artículos. En otras palabras, todo dependerá de cómo vayan las negociaciones de los cubanos con Trump, en las cuales Sheinbaum hace de mediadora al servicio de Trump.
La situación en Cuba es muy grave. Los apagones por falta de energía son cada vez más frecuentes y de mayor amplitud. Algunos hoteles han sido evacuados y los turistas trasladados a otros, para ahorrar energía. El 9/2 el gobierno informó que ya no tiene combustible para aviones. Hay muchas dificultades para el transporte. En otras ocasiones los apagones han provocado protestas importantes en la población, una gran parte de la cual está cansada de sufrir escasez de los productos más elementales.

La propaganda de la derecha usará la decadencia de Cuba, provocada por la burocracia castrista y el hostigamiento imperialista, como ejemplo de que el socialismo no funciona. El Estado obrero cubano se constituyó poco después de la revolución como consecuencia de las presiones yankis, y durante toda su existencia ha sido objeto de bloqueos y todo tipo de ataques incluyendo un intento de invasión derrotado en Bahía de Cochinos.
A partir de la ruptura con el imperialismo yanki Cuba pasó a depender enteramente de la URSS que se transformó en el punto de apoyo indispensable para sostener la economía cubana, entre otras cosas, intercambiando azúcar por petróleo. Pero no se debe confundir la expropiación del capitalismo con el socialismo. Tras las expropiaciones Cuba pasó a ser un Estado Obrero, pero nunca llegó al socialismo y nunca hubiera podido llegar con la política del stalinismo, que llevó a la derrota a la revolución mundial y acordó la coexistencia pacífica y el reparto de zonas de influencia con el imperialismo yanki.
Como explica Trotsky: “El marxismo parte del concepto de la economía mundial, no como una amalgama de partículas nacionales, sino como una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial, que impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales.
Las fuerzas productivas de la sociedad capitalista rebasan desde hace mucho tiempo las fronteras nacionales. La guerra imperialista fue una de las manifestaciones de este hecho. La sociedad socialista ha de representar ya de por sí, desde el punto de vista de la técnica de la producción, una etapa de progreso respecto al capitalismo. Proponerse por fin la edificación de una sociedad socialista nacional y cerrada, equivaldría, a pesar de todos los éxitos temporales, a retrotraer las fuerzas productivas deteniendo incluso la marcha del capitalismo. Intentar, a despecho de las condiciones geográficas, culturales e históricas del desarrollo del país, que forma parte de la colectividad mundial, realizar la proporcionalidad intrínseca de todas las ramas de la economía en los mercados nacionales, equivaldría a perseguir una utopía reaccionaria.”
La economía es un fenómeno mundial, es una única economía mundial, aunque tenga particularidades nacionales que presentan grandes diferencias entre un país y otro. Las principales diferencias están entre los países imperialistas (llamados desarrollados) y los países semicoloniales atrasados en el desarrollo de las fuerzas productivas. El socialismo solo se alcanza cuando las fuerzas productivas de un Estado Obrero llegan al nivel de los países desarrollados y ya se han eliminado las clases explotadoras. El comunismo cuando la abundancia de bienes debido a la gran productividad del trabajo, permite que el Estado se vaya extinguiendo, lo mismo que el dinero, y que la producción y la distribución de los bienes se guíe no por una igualdad formal sino por la igualdad de contenido de la consigna comunista: «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades». Evidentemente el socialismo -y menos todavía el comunismo-, no se puede alcanzar en un país aislado por el hostigamiento imperialista del resto de la economía mundial. Sólo el triunfo de la revolución mundial y la derrota del imperialismo pueden abrir paso a la sociedad socialista y al comunismo. Lo demás es todo cuento de la burocracia stalinista y la propaganda capitalista: Ni Cuba ni Venezuela son socialistas, ni China es comunista. Cuba hace rato dejó de ser un estado obrero. En Cuba el capitalismo se restauró de la mano de la propia burocracia castrista. (ver Cuba: ¿Estado obrero o estado burgués? En la Revista Manifiesto Internacional n°6 de septiembre de 2021 y también antes en el MI n°1 de abril de 2015-)

Cuando el ahogo económico -como consecuencia de su propia política traidora- llevó a la burocracia de la URSS a iniciar el proceso de restauración, el castrismo adoptó el mismo curso restauracionista ya anticipado por la burocracia china que inició las reformas procapitalistas en 1978. Por eso Fidel Castro le aconsejó a los sandinistas en 1979, no hacer una nueva Cuba, no expropiar. El intento del PC cubano de transitar la restauración del capitalismo siguiendo el camino chino, no ha dado ningún resultado ya que una isla de 11 millones de habitantes no puede atraer las inversiones capitalistas que acudieron a un gran país de 1400 millones. No es que no haya habido inversiones imperialistas en Cuba. A diferencia de lo que se cree ha habido inversiones y no solamente en hoteles y turismo, sino en la extracción de níquel, petróleo y en zonas económicas especiales, en donde los empresarios pueden explotar a los obreros cubanos a gusto y piacere. El gobierno del PC, no quiere perder el poder y por eso ha sido muy cauteloso. Además de las mencionadas inversiones imperialistas, la economía se abrió para pequeños emprendimientos, mientras una parte de la economía sigue bajo control del aparato estatal stalinista. En estas condiciones y con la crisis mundial de 2008 y el posterior estancamiento que se arrastra desde entonces, en Cuba se agravaron todos los problemas.
El interés de Trump en Cuba responde a su política de controlar y subordinar a los países de América establecida en la doctrina “Don-roe”. No es un interés principalmente económico, aunque es seguro que algunos negocios piensa hacer junto con sus amigos gusanos de Florida. Pero es más importante como valor simbólico, ideológico. No olvidemos que hace muy poco fue elegido como alcalde de NY un socialdemócrata. Según encuestas, en los últimos años creció entre la juventud la simpatía por el socialismo, aunque quizás no lo piensen por la vía revolucionaria sino reformista. Con la capitulación de Cuba quieren significar una segunda derrota del socialismo, aunque ellos saben muy bien que lo que hay en la isla no tiene nada que ver con el socialismo. Pero muchas personas creen que Cuba es socialista, y que China es comunista. El stalinismo mundial que va levantando cabeza con el auge chino, contribuye a difundir esa falacia.
Es muy probable que los dirigentes restauracionistas del PC cubano busquen una vía de salida por medio de la negociación con Trump. Miguel Díaz-Canel ya dijo que Cuba está dispuesta al diálogo con Estados Unidos.

Díaz-Canel afirmó que este diálogo debe ser «sin presiones» y «sin precondicionamientos». Solo les queda el discurso. Pero la realidad es que, si justamente se avienen “al diálogo”, es porque los yankis lo están presionando con el petróleo e imponiéndole condiciones.
Como en otros países, el gobierno cubano ha bastardeado tanto a la población, la ha sometido, haciendo crecientes las diferencias sociales entre la mayoría de la población pobre y una elite capitalista que incluye a los funcionarios del gobierno, que es muy probable que la mayoría de los trabajadores cubanos ya no sienta que tenga nada para defender, ni una revolución que hace rato dejó de existir, ni sus conquistas sociales degradadas.
Así lo explica Frank García Hernández, disidente cubano e integrante del blog Comunistas: “Es necesario aclarar que la mayoría de la sociedad cubana no asume el escenario actual desde la resistencia antiimperialista, sino desde la sobrevivencia cotidiana. Es falsa la imagen de que el pueblo cubano ve a Estados Unidos como el principal mal de sus agravados problemas. Lo que se escucha y palpa en la calle es un grandísimo hartazgo del pueblo hacia el gobierno. Tanto en Venezuela como en Cuba, Trump sabía que podía tomar estas medidas entre otras cosas porque conocía la poca popularidad del gobierno cubano”. (LID México)
Los llamados a la defensa de Cuba entendida como apoyo al castrismo es puro voluntarismo sin ninguna base en el análisis marxista del carácter de clase de las “relaciones sociales” que contiene el Estado cubano. No hay forma de defender Cuba apoyando al régimen castrista de la misma manera que no se pudo enfrentar al imperialismo de la mano de Maduro o Delcy Rodríguez.
Sólo se puede derrotar la neocolonización imperialista luchando por un gobierno de trabajadores y una verdadera revolución socialista, pero lamentablemente dada la experiencia actual de las masas cubanas, esa idea solo puede estar limitada a una estrecha minoría y por lo tanto reducida a la propaganda.
Nuevamente hay que mirar la realidad a la cara y decirle la verdad a los trabajadores. Inevitablemente habrá que volver a empezar por una nueva fase de experiencia histórica en condiciones más extremas determinadas por la situación internacional.
Cuando la revolución socialista retome su impulso ascendente a nivel internacional contra el imperialismo capitalista, no quedará piedra sobre piedra del stalinismo con sus diferentes nombres que han prostituido el nombre del comunismo para llevar a la derrota tan amarga a la clase trabajadora mundial.
14/2/26
