¡Abajo la reforma laboral antiobrera!

La reforma laboral que el gobierno de Milei pretende hacer votar en el Congreso, es un salto reaccionario contra la clase trabajadora.

Pretende reglamentar el derecho de huelga en el transporte, la educación, la salud y en numerosas actividades que serán consideradas como servicios esenciales, imponiendo mínimos de cobertura de 75% y 50% en servicios “trascendentales”, anulando en los hechos el derecho de huelga.

Habilita que la burocracia pueda negociar un convenio por empresa peor y con salarios más bajos que el firmado por actividad.

Quieren imponer el banco de horas para eliminar el pago de horas extras, y para extender la jornada laboral, lo que le permite al patrón disponer de las horas de tu vida. Las vacaciones también podrán ser fraccionadas como quiera el patrón.

Habrá un cambio en los cómputos para abaratar los despidos, y las indemnizaciones que pague la patronal le serán descontadas del aporte jubilatorio, o sea con plata de los propios trabajadores, con lo cual se desfinancia el sistema.

En síntesis, el objetivo es darle más herramientas a las patronales para aumentar la explotación e impedir en la práctica el derecho de huelga para un amplio sector de trabajadores, así como la posibilidad de hacer asambleas.

Aunque la CGT se haya querido lavar la cara con un nuevo triunvirato directivo, siguen manejando los mismos burócratas de siempre. Estuvieron tratando de negociar con el gobierno nacional en el Consejo de Mayo por medio de Gerardo Martínez.Luego intentaron negociar con los gobernadores con poco resultado ya que estos arreglaron antes con Milei.

Ahora la CGT anuncia una reunión de la comisión directiva este viernes 6 para resolver sobre la actitud a asumir. Están los que quieren seguir “negociando” sin paro y los que quieren un paro el 11 cuando se trate la ley en el Senado como medio de presión.  

Por supuesto que si hay paro hay que parar porque lo peor sería que la reforma pase sin siquiera una protesta. Pero un paro aislado de la CGT o la manifestación “rodeando al Congreso” convocada por un sector de la izquierda, no va a impedir que la reforma pase, porque hay un acuerdo general entre las patronales, el imperialismo, el gobierno nacional y los provinciales para imponer la reforma. La burocracia sindical agrupada en la CGT solo se opone a algunos puntos que atacan la estructura sindical, pero están dispuestos a dejar pasar el grueso de la reforma, tal como viene ocurriendo en los hechos parcialmente en distintas fábricas. No podemos confiar ni en la CGT, ni en el Congreso, ni en los jueces, porque son agentes o partes integrantes del Estado burgués que es el que garantiza los intereses de los capitalistas. Las dos CTA son aparatos impotentes que siguen a la sombra de la CGT y del peronismo. La única manera de parar la reforma es con la huelga general hasta que caiga el proyecto.

La izquierda le “exige” un paro a la CGT. Ya hubo paros de la CGT en este gobierno. Paran para descomprimir la bronca y después se mandan a guardar. Pero la huelga general que hace falta no la va a convocar la CGT. No hay atajos. Hace falta prepararla desde las bases. Hay que organizar agrupaciones clasistas, es decir, independientes de las patronales, los gobiernos y las burocracias sindicales. En donde haya condiciones hay que impulsar asambleas que discutan como avanzar en una organización que sirva para la lucha. Las comisiones internas, delegados y sindicatos independientes de la burocracia sindical deben avanzar en formar una coordinadora, pero no de sellos, sino en donde participe la base de las estructuras laborales que dicen representar y se reflejen la posición de las bases a través de las resoluciones de sus asambleas. 

Pero la política reaccionaria del gobierno no se limita a este proyecto laboral. Ya está en curso la reforma tributaria que va a eliminar el monotributo para un sector de trabajadores, para que paguen mucho más como autónomos. También se conocieron los trazos gruesos de la reforma educativa que liquida la educación pública obligatoria. La reforma penal que impone penas más severas contra los detenidos en manifestaciones. Y más adelante viene la reforma previsional en donde van a aumentar a 70 años la edad jubilatoria tanto para hombres como mujeres. La reforma a la ley de glaciares para favorecer la expoliación minera a costa de contaminar el agua. Mientras tanto siguen subiendo los precios más que nuestro salario, siguen despidiendo o cerrando fábricas. ¿Vamos a esperar dos años a que vengan las elecciones de 2027, haciendo una marchita por una cosa y otra marchita por otra? Así como el gobierno de Milei viene por todos nuestros derechos y hasta por nuestra sangre y nuestros huesos, la huelga general que hace falta tiene que plantearse la caída del gobierno y su reemplazo por un Gobierno de Trabajadores.

Partido de La Causa Obrera (4/2/26)

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