Abajo el ajuste de Milei y sus cómplices, la militarización de los barrios y el protocolo de Bullrich

A pocos días de cumplirse un nuevo aniversario del golpe militar de 1976, nos encontramos con un intento de fortalecer el carácter represivo del régimen encabezado por el gobierno de Milei.

Los acontecimientos ocurridos en Rosario, en donde las bandas narcos respondieron con el asesinato de cuatro trabajadores y la intimidación del conjunto de la población mediante balaceras y amenazas, ante el endurecimiento de las condiciones carcelarias contra los jefes de bandas nacos, dieron pie para que la ministra de seguridad Bullrich implemente una política de reforzamiento de la militarización.

 Por ahora se trata del envío de 450 efectivos de las Fuerzas Federales, principalmente gendarmería, y promesas de enviar más efectivos de la policía bonaerense de Berni. Sin embargo, tanto Bullrich como Milei han planteado su intención de enviar a las FFAA con el apoyo del gobernador Pullaro, para lo cual están tratando de adecuar las normas legales mediante una reforma de la Ley de Seguridad Interior, que tal como está ahora impide la participación de los militares en tareas de seguridad interna.

Inmediatamente gobernadores y un juez de la Suprema Corte (Ricardo Lorenzetti) declararon que no se trata de un problema exclusivo de Rosario, abriendo paso a la posibilidad de la intervención de las FFAA en otras provincias claves como Córdoba y Buenos Aires, que han declarado un crecimiento de la violencia de bandas narco.

Pareciera que, de golpe, el fenómeno de la violencia narco prolifera a nivel internacional e internamente en varias provincias. En Ecuador, las bandas narco-criminales tomaron un canal de TV y amenazaron en directo a un periodista-conductor, creando un “estado de conmoción” social, que le permitió al presidente Novoa -un empresario derechista que asumió hace meses- declarar el Estado de Excepción (Estado de sitio), con el objetivo de desplegar a las FFAA a intervenir supuestamente en la lucha contra el narco. Los capitalistas y sus gobiernos aprovechan el apoyo popular que tiene la política represiva de Bukele, para instalar la militarización y el estado de sitio, con el objetivo de prevenir y reprimir las luchas de los trabajadores contra la aplicación de duros planes de ajuste. Lo mismo ocurre en el Perú desde que la vicepresidente Dina Boluarte asumió tras la caída del presidente Castillo. En Chile el gobierno supuestamente izquierdista, ambientalista y feminista de Boric, promulgó leyes para facilitar la represión por parte de los carabineros y extendió la intervención militar en el sur para reprimir al pueblo mapuche. No hay que olvidar tampoco que en sus anteriores gobiernos Lula habilitó la intervención del ejército en las favelas de Río de Janeiro.

¿La intervención de las FFAA en la “lucha contra el narcotráfico” ha obtenido algún éxito? De ninguna manera. El narcotráfico sigue siendo un negocio sumamente lucrativo, que enriquece a los narcos, a los capitalistas que participan dejándolo correr por intermedio de los distintos poderes del Estado (políticos, jueces y fuerzas de seguridad) y que además obtienen un porcentaje importante de su distribución internacional y del blanqueo de los dineros provenientes del negocio ilícito.

En algunos casos, los gobiernos utilizan a esas FFAA para controlar el narcotráfico internacional -como se dice por ejemplo del cartel de “Los Soles”, es decir, de los generales, en Venezuela- haciendo acuerdos con bandas que se benefician con el narcomenudeo.

Esa podría ser la intención de la jugada política de Bullrich-Milei-Pullaro. Los acuerdos firmados por el Ejército de EE-UU con Paraguay y Argentina indican que el imperialismo norteamericano se dispone a ser el socio mayoritario del lucrativo negocio. Si bien las relaciones del narco con la política, la policía y los gobiernos, tanto en Rosario como en Buenos Aires no es ninguna novedad, puede ser que estemos ante una política que tiene como objetivo tomar el control del negocio narco, no para eliminarlo sino para manejarlo directamente y “aceitar” con esos recursos los engranajes de la corrupción y engordar los bolsillos de los empresarios aliados.

Al mismo tiempo, el despliegue de las FFAA en las ciudades con más concentración obrera, como Rosario, Gran Buenos Aires y Córdoba, sirve para atemorizar y prevenir un ascenso de las luchas contra el brutal plan de ajuste de Milei, sus aliados patronales y la burocracia sindical cómplice. Los controles en las calles estarán dirigidos principalmente a disciplinar a los jóvenes. Para lo cual también tiraron el globo de ensayo de la reinstalación del servicio militar.

Si esta política de Milei-Bullrich-Pullaro es posible, ha sido gracias a la colaboración del kirchnerismo, que como toda corriente política burguesa (tal como lo ha reconocido directamente su principal dirigente CFK), desde el primer momento del gobierno de “Néstor” buscó superar la crisis de las FFAA y su restablecimiento institucional, por medio del juicio y castigo a un ínfimo porcentaje de los militares que participaron de la represión, como quedó demostrado en el discursos de “Cristina” llamando a dar “vuelta la página” y con la foto de Hebe abrazada al General Milani, y sus declaraciones afirmando que “Estas son otras FFAA”. Con esa política encubren el carácter de las FFAA, que como institución es el aparato más importante de represión contra el pueblo cuando se levanta, y que está para la salvaguarda de la propiedad privada de los medios de producción capitalistas y de su Estado.  El carácter burgués de los dirigentes kirchneristas, queda reflejado en los tres últimos candidatos que llamaron a votar: Scioli, hoy miembro del gobierno de Milei; Alberto Fernández que, entre otras cosas, “blanqueó” el acuerdo de Macri con el FMI; y Massa, el ultimo candidato, que hasta Grabois llamó a votar, ahora es empleado del fondo buitre Greylock Capital Management, un fondo de inversión norteamericano que posee bonos de deuda argentinos.

Milei por su parte se ha alineado con EE-UU e Israel que están masacrando militarmente y matando de hambre al pueblo palestino encerrado en la franja de Gaza, llevando adelante la política de “solución final”. La burguesía sionista, después de haber ocupado sus tierras, ahora quiere hacer desaparecer físicamente al pueblo palestino. EE-UU prepara la guerra contra China en el sudeste asiático, e impulsa la OTAN a la guerra contra Rusia en Europa. Mientras Israel sigue provocando a Irán. La tercera guerra mundial va tomando forma. Las potencias imperialistas van preparándose para hundir a la humanidad a corto plazo en un mundo de tinieblas. Los trabajadores, los jóvenes y el pueblo pobre debemos organizar nuestro partido que sea independiente de todos los sectores de la burguesía y la burocracia sindical, un Partido de los Trabajadores, y una organización internacional, lo suficientemente fuertes como para derrotar al régimen burgués, instaurar un Estado Obrero, e impulsar la lucha por el triunfo de la revolución socialista, no solo en América latina sino a nivel mundial. Para esa lucha militamos en el PCO.

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