Algunas cuestiones acerca del problema de la vivienda

¿Cómo, pues, resolver el problema de la vivienda? […] ya existen en las grandes ciudades edificios suficientes para remediar enseguida, si se les diese un empleo racional, toda verdadera “penuria de la vivienda”. Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados en la suya. Y tan pronto como el proletariado conquiste el poder político, esta medida, impuesta por los intereses del bien público, será de fácil ejecución […]. Federico Engels en “La contribución al problema de la vivienda”

Muchos trabajadores que no tienen casa propia saben lo difícil y angustiante que es llegar a la fecha para la renovación del contrato de alquiler. Conseguir garantías en las que hay que “molestar” a amigos o familiares, que sea un dpto. acorde a la estructura familiar, que tenga una cercanía relativa al trabajo o lugar de estudio, etc. etc. como dijo un compañero con familia: “al principio sentís bronca, después angustia, es difícil cuando tenés hijos, uno se va a vivir abajo de un puente y come arroz, si es necesario, pero los chicos necesitan otra cosa, necesitan una mínima comodidad”. Para colmo, si esa situación fue siempre complicada, en estos días, donde todos los gobiernos nos aplican un tremendo ajuste vía inflacionaria, -sumado a los aumentos de tarifas y transporte- es mucho peor, porque los sueldos quedaron súper-licuados. Hoy febrero del 2024, un mono-ambiente en el macrocentro de Rosario, no baja de $150 mil, eso sin contar los gastos para ingresar al departamento y luego pagar las expensas, es casi un 30% del salario de un empleado de comercio.

Si bien esto es muy difícil para una familia trabajadora o de clase media plebeya, es mucho peor lo que pasa en los barrios populares. No es solamente el problema de la falta de infraestructura, en los últimos años han surgido bandas narcos que usurpan casas que después las utilizan en la instalación de búnkeres, o si se trata de una toma reciente, usufructúan los terrenos según su conveniencia con todo tipo de manejos punteriles.

Sin embargo, a veces, los vecinos se organizan y los enfrentan, como pasó el 14 de enero, en González Catán-La Matanza, donde los trabajadores -en su mayoría inmigrantes de países limítrofes- del barrio 8 de diciembre que estaban en asamblea, fueron baleados por sicarios que respondían a una banda narco que, obviamente, actuaba en connivencia con la policía y con el intendente Fernando Espinoza. La ráfaga de tiros, acabó con la vida de cinco de ellos (Leonel Enzo Tapia, de 29 años, Waldo Velázquez Chávez, de 28, Gregorio Mamani, de 29, Eduardo Rivera, de 23 Luis Fernando Bascope, un adolescente de 16 años) e hirió de gravedad a otros cuatro.

La hipocresía de los medios masivos de comunicación fue asquerosa. Justificaron todo el tiempo que esos hechos sucedieron porque estaban “fuera de la ley”.  A los pocos días, a pesar del tendal de asesinados, de este tema prácticamente no se habló más. Nos podrían decir que la discusión sobre la Ley ómnibus/DNU de Milei, lo justificaba, pero ¿qué hubiera pasado si los muertos eran de clase media de la Capital Federal?

Tampoco los medios kirchneristas le dieron demasiada importancia, no vaya a ser que salpique al gobierno de Kicillof o al mismo Espinoza. O peor aún, ¡miren si eso obligaba a rememorar la represión hecha por la policía del mencionado gobernador, a manos de Berni (que dicho sea de paso dijo que él era mucho más duro que Bullrich y Milei) en la toma de Guernica en el 2021!, o en la represión hecha en el Parque Indoamericano en el 2010, realizada en un operativo conjunto de la Policía Federal -y la Metropolitana- por el entonces Ministro del Interior Aníbal Fernández, en la que fueron asesinados Rossemary Chura Puña, Bernardo Salgueiro y Emiliano Canaviri Álvarez, con graves heridas con balas de plomo a otras cinco personas, y, donde 13 años después, todos los policías involucrados en los crímenes, fueros sobreseídos. En síntesis, ni siquiera en plena “década ganada”, término les gusta usar a los kirchneristas para llenarse la boca con estupideces, resolvieron el problema de la vivienda, todo lo contrario*.

La imposibilidad de tener una casa propia

Hoy en día es prácticamente imposible para una familia trabajadora comprar una casa o construirla de cero. No solo por el precio de los materiales de construcción sino por los precios de los terrenos. No mencionamos la mano de obra, porque muchos compañeros conocen el trabajo del albañil o tienen familiares/amigos que pueden ayudar en la construcción. Algunos, los que son más “afortunados”, han heredado un terreno o en su defecto construyen en la planta alta de algún familiar, pero cada vez quedan menos terrazas para seguir construyendo. Los gobiernos capitalistas quisieron dar una respuesta con créditos para los sectores medios, como los Pro.Cre.Ar y UVA, pero estos, principalmente los segundos, significaron una estafa, que en algunos casos multiplicaron la deuda al poco tiempo.

En síntesis y a grandes rasgos, si tenemos en cuenta que el grupo familiar en Argentina hoy se conforma por 3 personas, en promedio, y si dividimos la población total de 46 millones por 3, tenemos 15.348.234 hogares. Como hay 17 millones de viviendas, si le damos una vivienda a cada uno de estos 15 millones de hogares, nos encontramos que “sobran” 2.431.975 viviendas. Sin embargo, el déficit habitacional afecta aproximadamente a 4 millones de hogares, de los cuales hay 2.500.000 que viven en condiciones de hacinamiento y 1.500.000 de familias que directamente no tienen donde vivir

La organización Inquilinos Agrupados afirma que los datos de vivienda y población registrados en los últimos cuatro censos nacionales muestran una relación entre el aumento en la construcción de viviendas y en población: mientras el índice de construcción crece en forma acelerada, el de población no alcanza a igualarlo. Esto quiere decir, que a pesar que hay más viviendas, cada vez son menos quienes tienen vivienda propia. **

El problema es que los capitalistas sólo invierten cuando están seguros de obtener una ganancia. De ahí que la construcción de viviendas para los trabajadores y sectores populares no sea rentable. Como el “motor” del capitalismo es la ganancia, se construyen grandes edificios lujosos para los ricos. El “boom” de la construcción, fue perjudicial para la clase trabajadora, en el sentido que aumentó el precio del metro cuadrado y por lo tanto el precio de los alquileres (ni hablar de comprar un terreno). Un informe elaborado por la propia legislatura de la Ciudad de Buenos Aires del 2015, concluye en que, para superar el déficit habitacional al ritmo actual de construcción de viviendas populares, demoraría de 80 a 100 años.

La discusión sobre la ley de alquileres

En los primeros días del año vimos algunos inquilinos que se movilizaron contra la aplicación del DNU de Milei ya que eliminaba la denominada Ley de Alquileres. Esta ley, sancionada y promulgada en octubre del 2023, permitía que los contratos se pudieran mantener durante tres años y además que dejara de usarse el Índice de Contratos de Locación regulado por el Banco Central, y la actualización pasara a ser semestral, por el coeficiente Casa Propia, utilizado por el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat nacional en el programa Procrear II.

Aparentemente con esta ley se buscaba beneficiar a los inquilinos, pero de hecho no fue así. Porque, como lo dicta la lógica del funcionamiento de una economía capitalista, la firma de un contrato por 3 años, cuando se tiene un 215 % de inflación anual, produce una incertidumbre en los valores futuros y termina perjudicando al propietario. Fue por eso que las grandes inmobiliarias (que son los que administran la mayor parte de las casas y dptos.) empezaron a quitarlas del mercado de alquiler. Entonces, al disminuir la oferta y mantenerse la demanda de casas, los precios nunca bajaron, por eso dicha ley tampoco sirvió para que las familias consiguieran fácilmente un lugar para alquilar. De hecho, entre 60% y 75%, de los contratos de locación se terminaron haciendo por fuera de la ley. (Fuente: CIPPEC, Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y TECHO Argentina).

Los reformistas -de todos los colores- piensan que haciendo “cumplir las leyes”, pueden regular el funcionamiento de la economía capitalista, sin embargo, eso es como querer tapar el sol con la mano, y máxime hoy en día que estamos viviendo una crisis económica mundial sin precedentes. Pretenden volver al Estado Benefactor de los años 50 y 60 del siglo XX, pero el capitalismo ya no puede entregar ni una mísera concesión al movimiento de masas, y menos que menos, en un país semicolonial como Argentina. Por eso los liberales, se les terminan burlando en la cara, diciéndoles que desde que se cayó la ley por el DNU aumentó la oferta. Claro que aumentó, pero ahora nadie tiene un peso para pagar el alquiler. La conclusión, es que ambos terminan siendo las dos caras de la misma moneda capitalista, que por una vía o por otra, nos hunde en la miseria a los trabajadores.

Por eso es que decimos claramente, que el problema de la vivienda, no se resuelve con la derogación del DNU que anula la Ley de alquileres, porque volveríamos a la situación anterior.

El problema de la falta de viviendas, como dice Engels, se puede solucionar enseguida porque ya existen en las grandes ciudades edificios suficientes para terminar con la “penuria de la vivienda”. Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores de gran cantidad de viviendas y alojando en sus casas departamentos a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados en la suya. Pero esto sólo se podrá lograr cuando los trabajadores conquistemos el poder político.

La expropiación de las grandes empresas inmobiliarias y las compañías constructoras podrá resolver la urgencia actual del déficit habitacional. A partir de allí, en lugar de que la construcción de viviendas se rija por las “leyes del mercado”, sea este libre o regulado según la cara de la moneda capitalista que esté en el poder, un Gobierno de los Trabajadores elaboraría planes de construcción de viviendas como parte de un plan de obras públicas para dar una respuesta integral a las necesidades y demandas del pueblo trabajador (viviendas, hospitales, escuelas, cloacas, asfalto, gas, lugares de esparcimiento, etc.). A su vez, esto generaría al mismo tiempo miles de puestos de trabajo para eliminar la desocupación y el trabajo precario. Una planificación racional de la construcción de viviendas deberá ir asociada a la desconcentración urbana de las grandes ciudades en las cuales habita el 92% de la población, como ocurre principalmente en el AMBA (35% de la población del país), por lo que este deberá ser un plan de conjunto, en el marco de la planificación de la economía estatizada bajo control de los trabajadores, que contemple la instalación de “fuentes de trabajo”, planeamiento urbano/rural y del transporte.

Mariano López, 12/2/24

* Un estudio que surge del Registro Nacional de Barrios Populares del 2022, detectó que 1,17 millones de familias viven en 5.687 barrios populares distribuidos en todo el territorio nacional. Más de la mitad de esa población no accede de forma regular a más de dos servicios básicos, como luz, agua corriente y cloacas.

** Estos datos hay que matizarlos, porque en muchos casos se toman como referencia unidades habitacionales principalmente departamentos, que no son aptas para la vida en familia (oficinas, garajes, salones).

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