Crisis migratoria: otra cara de la barbarie capitalista

Durante varias décadas, tras el impacto que provocó la caída de la URRS en la economía cubana, la prensa capitalista hacia campaña anticomunista dedicando largos espacios a “los balseros” que huían de la isla escapando de la miseria y la falta de perspectivas.

Algunos tal vez recuerden el caso de Elian González el balserito cubano, un niño de 5 años que en el año 1999 apareció flotando sobre una cámara de neumático, desfallecido, deshidratado, con la piel ampollada por el sol y cortes en el cuerpo, en medio de un mar plagado de tiburones.  Naufragio en el que se ahogaron su madre, la pareja y ocho ocupantes de una embarcación precaria y fuera de toda normativa. Todos salieron de Cuba hacia las costas de Florida habiendo pagado a un contrabandista la suma de U$s 1000 por persona. Elian fue objeto de una de las pujas más notorias entre Cuba y EEUU por ver quien se quedaba con el niño, si su padre en Cuba o los familiares en Miami.  Mucho se habló de este caso, para difundir al mundo cómo los cubanos arriesgaban su vida por huir del “comunismo”, aunque Cuba ni siquiera ha llegado al socialismo, y mucho menos al comunismo.

Pero ahora son los países capitalistas los que, hundidos por la crisis sin salida de la economía mundial, y por la expoliación y guerras imperialistas, expulsan centenas de miles de pobladores que se lanzan a la emigración sabiendo que se expone a enormes peligros que incluyen el riesgo de la muerte. A pesar de eso es tal la desesperación y tan grande el sufrimiento de sus existencias que se despojan de todo lo material para iniciar la huida. Los motiva la esperanza de alcanzar “el sueño” sea americano o europeo, que en la mayoría de los casos se transforma en una nueva pesadilla, primero en el camino y luego en el destino final.

Emprenden su marcha soportando la inclemencia del clima, largas caminatas, por lugares desérticos, con poca agua, poca comida, sin descanso. Arriesgándose a morir asfixiados en un contenedor o en camión, a deshidratarse en un desierto o ahogarse en el medio del mar. Expuestos al tráfico de personas para el abuso y la explotación. Están dispuestos a las detenciones arbitrarias y torturas sin el debido proceso judicial, a la vulnerabilidad de los derechos económicos, sociales, culturales, educativos, de salud y vivienda (igual que en sus lugares de origen), a leyes discriminatorias y a prejuicios y actitudes xenófobas. A permitir que los separen de sus hijos, deportándolos, con el riesgo de que sean obligados al trabajo infantil, o a la explotación sexual.

Frecuentemente los medios publican alguna tragedia con impacto popular, hasta que otra noticia la deja atrás y todo sigue igual, como ocurrió con el caso resonante que estremeció al mundo en el 2015 de Alan Kurdi, un niño sirio de origen kurdo de tres años que apareció ahogado en una playa de Turquía. La foto del cadáver del niño en la playa dio vueltas el mundo. Pero poco se dijo que junto a Alan también fallecieron ahogados su hermano de 5 años, su madre, y al menos otros doce sirios que viajaban en pésimas condiciones desde Turquía a Grecia exponiendo la crisis humanitaria en Siria. Pero en este caso escapando de un país capitalista.

Pero no solo nada ha cambiado para mejor en la situación de los migrantes, sino que por el contrario cada vez es peor, ya que la crisis del capitalismo se agrava.

La más reciente tragedia ocurrió nuevamente en el Mediterráneo hace poco más de diez días. Del naufragio de la nave turca que chocó contra unas rocas y encalló en una playa de Calabria se rescataron 81 sobrevivientes y se recuperaron 62 cadáveres, pero se cree que la cantidad de muertos superó el centenar porque se estima que en el bote de madera turco de veinte metros viajaban alrededor de 200 personas de Irán, Irak, Afganistán y Siria.

No es la primera vez que sucede en Italia una tragedia así. En octubre de 2013, murieron 368 migrantes cerca de la isla italiana de Lampedusa. Según datos de la Fundación ISMU (Iniciativas y Estudios sobre la Multietnicidad) desde 2014 y hasta setiembre de 2022 murieron en el Mediterráneo, en su intento por llegar a Europa, unos 25.000 migrantes.

También en el continente americano varias caravanas de decenas de miles de migrantes han tratado de presionar al gobierno de EE.UU. para que los acepte en su territorio. Pero tanto Trump como Biden, en acuerdo con el gobierno mexicano (el “progresista” AMLO) han sido detenidos en las fronteras y obligados a volverse, o deportados los que consiguieron pasar.

Durante los intentos cotidianos de cruzar las fronteras por contingentes más pequeños, va quedando un tendal de muertes. Recientemente, hace poco más de 20 días, 39 personas murieron y más de 30 resultaron heridas en un accidente de autobús en Panamá, cuando El vehículo se desplomó por un barranco en Panamá a unos 50 kilómetros de la frontera con Costa Rica. Estos migrantes que habían logrado atravesar el Darién provenían de Brasil, Chile, Ecuador y Venezuela.

Una de las rutas muy utilizadas últimamente es a través de la selva de Darién, una provincia fronteriza con Colombia en el sureste de Panamá. Por allí intentan pasar migrantes provenientes de Venezuela, Cuba, Ecuador o Haití en su ruta hacia el norte.

Según datos del gobierno panameño, en 2022 ingresaron a Panamá a través del Darién 248.000 migrantes, casi el doble de los 133.000 del año anterior.

El Darién, es una trampa mortal para los migrantes. En lo que va de este año, 30 personas han muerto o desaparecido (nueve de ellos eran niños) y al menos 88 mujeres han reportado ser agredidas sexualmente en el paso entre Colombia y Panamá, afirma Médicos Sin Fronteras.

Otra tragedia, ocurrida en junio de 2022, fue el hallazgo de 48 personas sin vida y otras 16 moribundas, incluyendo niños, en San Antonio, Texas, dentro de un camión en el que 67 personas viajaran hacinadas, sin ningún control en el vehículo, sin ventilación, refrigeración ni ventanas, además de sin agua y a casi 40 ºC de temperatura. De entre los trasladados a los hospitales fallecieron cinco más, lo que elevó la cifra a 53 muertos.

Es hasta la fecha el caso más mortífero de tráfico de personas en la historia reciente de EE.UU., y afecta también a varias naciones ya que al menos 27 de los fallecidos eran mexicanos, 14 hondureños, siete guatemaltecos y dos de El Salvador.

Desde 2014 son más de 6,400 migrantes que fallecieron o desaparecieron en el trayecto hacia Estados Unidos, de acuerdo a la Organización Internacional de las Migraciones

Según informó Filippo Grande alto comisionado de la Agencia de la ONU para los refugiados ACNUR, que con la guerra en Ucrania el número de personas desplazadas forzosamente supero los 100 millones en el mundo en mayo 2022. Anteriormente con la violencia en Afganistán, Burkina Faso, Birmania, Etiopia, Nigeria, Congo, Siria, Libia, Paquistán, Egipto, los Rohinya (minoría musulmana) de Myanmar. En Centroamérica y el Caribe la mayor migración se da en Guatemala, El Salvador Panamá, Venezuela, México, Colombia, Ecuador, Haití, Republica Dominicana, Honduras.

Las fronteras nacionales son parte constitutiva fundamental de los Estados capitalistas. La burguesía de cada estado controla el ingreso de los migrantes según sus conveniencias económicas. “En teoría” tienen la obligación humanitaria de acoger, dar trabajo, vivienda, salud y educción a las personas migrantes que soliciten su asilo o refugio. Hungría, Croacia y Bulgaria los rechazan, Austria y Alemania se quejan de los miles de solicitudes de asilo que reciben. Polonia y Lituania los hacen retroceder. EEUU los mantiene detenidos y deporta a la mayoría. El parlamento italiano aprobó la ley que dificulta el rescate de embarcaciones en el Mediterráneo. Pero en algunas circunstancias y determinados momentos económicos son recibidos para ser utilizados como mano de obra barata, o para hacer los trabajos que nadie quiere en la clandestinidad.

El capitalismo con sus guerras de conquista, saqueo y expoliación de los recursos naturales ha devastado a través de los años a continentes enteros sometiendo y sumiendo en la pobreza extrema y la desesperación a sus pobladores. Implantando dictaduras y gobiernos títeres, creando nuevas guerras y destruyendo poblaciones. Introduciendo la droga y su comercialización con la mafia organizada, sembrando el terror. Obligándolos a tener que escapar del hambre, la pobreza, falta de vivienda, persecuciones, inseguridades, catástrofes climáticas y guerras.

El capitalismo jamás podría solucionar la crisis migratoria porque, en su crisis y decadencia es el causante da la misma. El capitalismo arrastra a la humanidad a la barbarie. Es un régimen social que agoniza. Pero el capitalismo no va a caer solo. Antes está dispuesto a hundir a los trabajadores y a gran parte de la población del planeta en las más grandes calamidades como la guerra mundial y la catástrofe climática, las cuales a su vez provocarán grandes masas de migrantes. La única forma de terminar con estas miserias y catástrofes es que hagamos la revolución socialista, es decir, que los trabajadores nos organicemos en un partido de los trabajadores, tomemos el poder derrocando y expropiando a la burguesía, para establecer un régimen económico de economía planificada al servicio del conjunto de los trabajadores. En el marco de una federación de estados obreros y socialistas, las fronteras se irán transformando de funestas barreras impuestas por la burguesía, en puertas abiertas en las que no habrá represión contra los migrantes, sino que serán recibidos en cada país como hermanos de la clase trabajadora.

Martha 14/3/23

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