Todos están armados menos nosotros

Hace unas pocas semanas atrás el dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Cristian Castillo, participó en el programa “A dos voces” del canal TN junto a Sergio Berni y Marcelo D´ Allesandro ambos ministros de seguridad por provincia de Bs. As. y CABA, respectivamente.

Uno de los temas que se abordó en el programa fue la “libre portación de armas” que viene pregonando Javier Milei. ¿Sorprendentemente? los dos ministros burgueses y el dirigente del Fitu coincidieron en rechazar la política de liberar la portación de armas, es decir, en defender el monopolio de las armas por parte del Estado burgués.

El Estado moderno y los “destacamentos especiales de hombres armados”

En muchas ocasiones hemos escrito acerca del origen del Estado moderno como un producto o manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. La existencia de la propiedad privada de los medios de producción implica la existencia de una parte de la población que no posee nada (solo su fuerza de trabajo), y que es explotada por los propietarios privados. Este estado de cosas hace que las clases entren en pugna entre sí, a veces de “forma solapada otras de forma franca y abierta”. El Estado, dice Lenin, surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden conciliarse.

En el Estado burgués, el “orden” se garantiza gracias a los destacamentos especiales de hombres armados junto con sus cárceles. “El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del poder del Estado” (Lenin, El Estado y la revolución).

Toda sociedad de clases se ha valido de la fuerza para mantener a raya los antagonismos de clase. Los esclavistas de la antigüedad se valían del Estado para oprimir a los esclavos; la nobleza feudal para hacer lo mismo con los siervos de la gleba y actualmente, la burguesía recurre a la fuerza pública para oprimir y reprimir a los trabajadores y asalariados. 

Como vemos, esto ya había sido explicado por Marx y Engels hace un siglo y medio atrás. 

No obstante, hoy en día la burguesía ha delegado por asociación y/u omisión el poder de represión a grupos privados que controlan grandes territorios: los grupos narcos. Estos se disputan el terreno utilizando a la mano de obra lumpen que pulula al calor de la crisis capitalista. Una nueva forma de represión por medio del terror narco cae sobre los barrios obreros y populares, como es el caso de Rosario.

Castillo vinculó directamente el acceso a las armas con las masacres a la que están acostumbrados los yankis, pero ¿de dónde saca que el acceso a las armas desembocaría inevitablemente en masacres dentro de cines y shoppings como en Estados Unidos?  Y, además, ¿cómo pretende Castillo que se haga una revolución, si es que todavía lo pretende? ¿En qué momento el marxismo pasó de tener en su programa mínimo el armamento general del proletariado a regatear el acceso a las armas o remarcar su peligrosidad?   

Lenin y el armamento de la clase obrera

Observemos como planteaba Lenin la cuestión: “A lo dicho hay que añadir la siguiente consideración general. Una clase oprimida que no aspirase a aprender el manejo de las armas, a tener armas, esa clase oprimida sólo merecería que se la tratara como a los esclavos. Nosotros, si no queremos convertirnos en pacifistas burgueses o en oportunistas, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad de clases, de la que no hay ni puede haber otra salida que la lucha de clases. En toda sociedad de clases — ya se funde en la esclavitud, en la servidumbre, o, como ahora, en el trabajo asalariado –, la clase opresora está armada. No sólo el ejército regular moderno, sino también la milicia actual — incluso en las repúblicas burguesas más democráticas, como, por ejemplo, en Suiza –, representan el armamento de la burguesía contra el proletariado. Esta es una verdad tan elemental, que apenas si hay necesidad de detenerse especialmente en ella. Bastará recordar el empleo del ejército contra los huelguistas en todos los países capitalistas”

Castillo dice que el que quiera poseer armas puede hacerlo. Pero ¿sabe la cantidad de procesos burocráticos que hay que sortear para hacerse con una? ¿Tiene idea de lo que cuesta ya no comprar, sino tenerla y practicar tiro? Un grupo de obreros que esté en conflicto con la patronal y con la burocracia sindical aliada a ella, ¿cómo hará para defenderse? Armas de dudosa procedencia abundan. También las armas viejas, con numeración limada y que están a duras penas operativas. Tener un arma confiable y de calidad no es barato y no es sencillo de conseguir. Hoy en día la pistola más barata del mercado está prácticamente lo mismo que un salario mínimo, es decir, no es fácil para los trabajadores hacerse de las armas con las que se defenderá en el futuro.  Quienes no tienen mayores problemas para acceder al mercado de armas es la pequeña burguesía y por supuesto, como ya todo el mundo sabe los narcos. Podemos decir que estos últimos ya operan a otro nivel, por el dinero que manejan y por los contactos con las fuerzas de seguridad y la importación clandestina.

Castillo, Berni y D´Allesandro pondrán el grito en el cielo por las armas que circulan… pero circulan en los sectores sociales que tienen a mal traer a los vecinos y obreros. Operarios que tienen que ir a la fábrica a las 4 am o enfermeras a las 5 am se hallan completamente desprotegidos. Mientras los narcos balean una carnicería con una FMK3 porque no quisieron ser extorsionados para poder trabajar.

Lo más estúpido es lo siguiente: los narcos compran armas de alto poder de fuego. La pequeña burguesía compra sus armas en tiendas oficiales y legalmente, y los obreros son desarmados todo el tiempo. Las campañas de desarme de la población tienen como principal objetivo a los sectores que están dispuestos a entregar sus armas a cambio de dinero para poder subsistir en el día a día, esto es, no se desarma al hampa, sino que quien entrega el arma al Estado es quien no la usa.

Por el armamento general de la clase obrera

No es que nosotros tengamos expectativas en que vaya a ser el Estado burgués el que arme a los trabajadores. Por supuesto que no. En EEUU la Segunda y Decimocuarta Enmienda (de la Constitución) protegen el derecho de un individuo a portar un arma de fuego para defensa propia fuera del hogar. La Segunda Enmienda fue establecida entre 1789 y 1791 y proviene de la época de la revolución de la independencia, garantizada por las milicias populares armadas. La falta del monopolio estatal del armamento es visto como un peligro por un sector importante de la burguesía, que teme una guerra civil.

Y justamente la posición de Castillo coincide con la de los representantes burgueses del aparato represivo en ese punto: en que el Estado burgués debe tener el monopolio de las armas. 

Milei plantea la libre portación para que el comerciante individual pueda ajusticiar al ladrón que le robó un bien material. Rechazamos la furia de clase del pequeñoburgués que ante un simple robo pretende asesinar a mansalva a los “negros de mierda”. Pero ¿Castillo está en contra que los trabajadores de los barrios obreros y populares se defiendan de los delincuentes? ¿Y está en contra que en los barrios obreros y pobres los trabajadores se armen para expulsar a las bandas narco? 

En lugar de contrarrestar la posición de Milei desde el ángulo de clase, explicando porque y para que se tiene que armar el proletariado, partiendo de la base de que las otras clases ya están armadas. Castillo cae en una posición netamente burguesa y pacifista. 

Como todos hemos visto la guerra en Ucrania ha abierto un panorama sombrío sobre el futuro ejerciendo de prólogo a una conflagración mucho mayor, al enfrentamiento entre potencias por el reparto y una nueva redistribución del mundo. En tal caso la neutralidad en un conflicto mundial va a ser difícil cuando no imposible. Y como ya sucedió en el pasado veremos la vida social militarizarse. 

¿Qué harán los Castillos ante este panorama? ¿Pregonarán el desarme y la paz entre las naciones? 

Mientras tanto, los revolucionarios debemos comenzar a plantear el problema del acceso y aprendizaje en el manejo de las armas. Por ejemplo, en aquellos sindicatos donde logremos barrer y desplazar a la burocracia sindical, debemos capacitar a los trabajadores e introducirlos en la educación militar como parte de la organización de los piquetes de autodefensa contra la patronal, las patotas de la burocracia y las fuerzas represivas del Estado.

Empezar a plantear el problema desde ahora nos dará la posibilidad de poder vencer en el futuro, es decir, venciendo a la burguesía, desarmándola.

Luciano Andrade;  26/6/22

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