COP26: EL FUTURO AMBIENTAL DE LA TIERRA, EN MANOS DE LOS MISMOS QUE LA DESTRUYEN

Durante el mes de noviembre se llevó adelante, en Escocia, la Conferencia de las Partes (COP por sus siglas en inglés) en la que representantes de varios países se reunieron para discutir sobre el excesivo cambio climático y las medidas que las naciones participantes se comprometerían a implementar para regularlo. Los representantes de varios países asisten para hacer declaraciones sobre la necesidad de tomar medidas urgentes para evitar que se siga destruyendo el planeta. 

Varios jefes de Estado de muchos de los países responsables de producir la mayor cantidad de contaminación llamaron al mundo a concientizarse sobre los peligros de la contaminación. Dieron grandes anuncios de las pautas que tomarán por el medioambiente pero que, tratado tras tratado quedan en el discurso.

Estas reuniones se vienen realizando casi todos los años desde que, en 1992, mediante la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, se estableció la necesidad de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), que son el mayor causante del calentamiento global.

Es evidente que el calentamiento global no se ha reducido, basta recorrer un poco redes sociales para ver las grandes catástrofes ecológicas que están ocurriendo en todas partes del mundo, las cuales irán empeorando si no se toman medidas contundentes. Y esto de ninguna manera ocurrirá si son los Estados, que diariamente tienen en los hechos políticas de destrucción ambiental para aumentar las ganancias empresariales, los mismos que discuten cómo implementar medidas para que frenar el daño que ellos mismos causan.

El único acuerdo parece ser seguir destruyendo el planeta

Uno de los objetivos que tuvo la COP26 era anunciar nuevos requisitos para alcanzar la reducción del uso de carbono para que en el 2050 ya esté neutralizado y quizás entonces, el calentamiento del planeta no supere los 1,5 C°. Recordemos que hasta ahora el nivel de temperatura ha alcanzado ya 1.2 grados y que, si no se hace nada, para final de siglo podríamos tener un aumento de 4 o más y a medida que aumenta la temperatura aumentan los riesgos para la vida en el planeta.

Los acuerdos firmados a última hora en la conferencia no sólo que no pasaron de sugerencias a los países para que adopten medidas (sin especificar qué tipo de medidas) para la eliminación del uso de carbono y su subvención, sino que incluso, decidieron cambiar la “eliminación” por la “gradual reducción”, lo que da un margen sumamente amplio para que no haya en absoluto ningún cambio. Teniendo en cuenta que los análisis científicos especifican que, aun implementando estrictamente políticas ambientales, de todas formas, ya sufriremos consecuencias, estamos en un verdadero problema.

Incluso se promulgaron acuerdos contra la deforestación, pero que sólo tiran el problema para más adelante y permiten que se sigan destruyendo los bosques. Hasta Bolsonaro (acérrimo negacionista) adhirió al acuerdo. En Brasil, sólo en 2020 las emisiones de gases de efecto invernadero se incrementaron un 9,5% como consecuencia de la destrucción del Amazonas. Este nuevo acuerdo (que reemplaza un acuerdo anterior que daba plazo al 2020 para reducir la deforestación) otorga a los capitalistas que operan en Brasil, toda una década para seguir destruyendo uno de los pulmones del planeta.

EEUU, uno de los mayores responsables de la emisión de estos gases, se comprometió a reducirlos en un 50% para el 2030 y crear un sistema de energía para el país, sin emisiones de carbono. PERO… las negociaciones en el Congreso yanqui para aprobar el paquete económico que permitiría realizar lo que propone Biden, viene a un ritmo más prolongado y lento que el de la urgencia ambiental (a nadie le sorprende realmente).

La Unión Europea por su parte propone más impuestos a las empresas que contaminen, algo que hasta ahora no dio resultado, porque las empresas los absorben sin dificultades.

China también se comprometió a reducir las emisiones y a tratar de alcanzar la neutralidad de carbono, pero poniendo plazo ¡hasta el 2060! Pareciera que la intención del discurso chino estuvo más enfocado en responder la crítica a Biden por no participar físicamente. “los actos hablan más que las palabras” dijo Xi Jinping y calificó de palabras vacías al discurso de EEUU.

El primer ministro de India se comprometió a alcanzar el cero neto (es decir no agregar nuevas emisiones a la atmosfera) en 2070!! Dos décadas después de lo que necesita el Planeta Tierra para alcanzar el objetivo de grado y medio.

Pero ningún mandatario menciona la tendencia que corre con las políticas actuales, que va hacia por lo menos un aumento de temperatura de 2,4C° para el 2100, motivo por el cual se pospusieron la presentación de los objetivos voluntarios hasta la próxima reunión de la COP.

Los planes que proponen los países imperialistas para ayudar a los países más pobres (semicolonias), quedaron también en eso… proyectos, sin ningún tipo de plan concreto para realizarlos. Y su concreción va a ser muy difícil, sobre todo si pensamos que ni siquiera están de acuerdo en plazos y cantidades de CO2 permitidas a emitir; tampoco se ha discutido de qué manera se garantizaría la transparencia con el que verdaderamente actuarán y que los números que entreguen en los próximos informes sean reales.

Hay un terrible desfase entre la gravedad de la situación climática que amerita respuestas inmediatas y la lentitud para la toma de resoluciones por parte de los representantes de los países de la COP y la burguesía a la que responden. Esto es porque los capitalistas se benefician depredando el planeta y no van tomar decisiones que pongan en peligro sus ganancias.

«No se cumplieron las expectativas del G20, pero al menos tampoco han sido enterradas», fue el amargo resumen del secretario general de la ONU, Antonio Gutiérrez. Varios analistas toman como positivo que se haya hecho referencia al escenario de contención del calentamiento por debajo de 1,5C° y la necesidad que conlleva eso de reducir los gases de efecto invernadero. 

Aunque estamos lejos de eso, se toma como una victoria que se haya mencionado y firmado un documento en conjunto entre países como EEUU, India, China y Rusia, que son de los principales responsables de emisión de gases contaminantes. Más del 55% de los GEI a nivel mundial son producidos por estos países.

Otro punto que se presenta como positivo es que algunos países acordaron la reducción del gas metano en un 30% respecto a los niveles de 2020. Esta reducción sin embargo es totalmente insuficiente. En primer lugar, porque los mismos estudios presentados en la COP hablan de la necesidad de reducir un 45% la emisión de gases, pero, además porque el metano pasa totalmente a un 2do plano frente a la emisión de carbono y la deforestación.

El metano tiene una vida mucha más corta que el carbono, las emisiones de dióxido de carbono son acumulativas, lo que llega a la atmósfera va a quedarse ahí por muchos siglos (que es lo que produce el famosos efecto invernadero). Al reducirse el metano, se alivia levemente la concentración en la atmosfera, pero el carbono se sigue acumulando hasta que cesen definitivamente las emisiones terrestres.

ARGENTINA: “LA POLÍTICA AMBIENTAL ES POLÍTICA DE ESTADO”

Alberto Fernández mencionó que Argentina subió su presupuesto en la Contribución Determinada a Nivel Nacional, es decir el monto que cada país aporta para la inversión en cuestiones de protección medioambientales. Bajo el eslogan de que “la política ambiental es política de estado”, mencionó con orgullo un miserable aumento del 27% de esta cifra respecto al 2016 (¡cinco años atrás!).

Pero, ¿Cuál es la política ambiental que viene llevando el gobierno de los Fernández?

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En la Argentina la energía utilizada proviene en más de un 70% de combustibles fósiles.  es el tercer país en América Latina en contaminar por emisión de GEI (por detrás de Brasil y México). Este gobierno no ha hecho más que reforzar políticas de destrucción ambiental y consentir en todos sus pedidos a las grandes empresas.

A las megamineras, con falsas promesas de progreso y trabajo, se les deja vía libre para la destrucción de los suelos y la contaminación del agua, el aire y de todo lo que esté cerca de ellas. Se permitió la destrucción de más de 900.000 hectáreas a través de incendios forestales como la zona de los humedales o en Córdoba y la Patagonia.  Cientos de industrias contaminan con desechos químicos y basura que no son frenadas ni por el gobierno nacional, ni los provinciales o municipios, que se tiran la pelota unos a otros para ver de quién es la responsabilidad. Mientras tanto el reloj planetario sigue corriendo.

Fernández anunció un “canje de deuda por acción climática”, un concepto del que aún no hay muchas definiciones sobre cómo funcionaría, y especialmente, sobre qué acciones son las que entendería Alberto como “acción climática” porque mientras nos habla de la descarbonización de la economía, la transición energética que tanto anuncia para el país pareciera basarse en el rol de Vaca Muerta y el fracking. Este año la región alcanzó record histórico en fracturas para la extracción de gas y petróleo del subsuelo. YPF lidera los proyectos en el yacimiento, seguida por Tecpetrol, Shell y Pan American Energy.

GANANCIAS VERDES

El otro anuncio que hizo el presidente, fue una inversión millonaria para la instalación en la Patagonia de una planta de “Hidrógeno verde”, que se conseguiría de la separación de las moléculas de agua (H2O) en Hidrógeno (H) por un lado y oxigeno (O).

El Hidrógeno verde es una sustancia de almacenamiento de energía (no energía en sí mismo), para transportarla se necesitarían muchísimas emisiones de Co2. Lo peor de todo es que no sería para uso de consumo interno, o sea, ni siquiera aportaría a la descarbonización de la matriz energética del país.

Esta forma de combustible requeriría enormes cantidades de agua (para 1 tonelada de hidrógeno verde, 10 toneladas de agua) para poder llevarse a cabo de manera eficiente. Entonces, por más que le digan Verde porque la energía que se usa para aislar el hidrógeno provendría de fuentes eólicas; sería otra forma de expoliar recursos naturales para aumentar las ganancias de los capitalistas dueños de estos medios de producción.

En este caso, sería la empresa australiana Fortescue Future Industries, que con el pretexto de llevar adelante la consigna que se levanta en la COP, de reducir la emisión de carbono, hace de las inversiones en Hidrogeno Verde uno de sus más lucrativos negocios (esta empresa a la vez es la 4ta empresa de extracción de hierro a nivel mundial).

Esta forma de generación de energía está siendo impulsada por varios sectores empresariales y políticos como una fuente de energía más limpia. A nivel global existen importantes inversiones para establecer plantas que permitan su uso. Por ejemplo, la Unión Europea se comprometió a invertir $430.000 millones de dólares hasta el 2030.

Es importante señalar que actualmente, el 99% del hidrógeno usado como combustible se genera a partir de fuentes no renovables (Hidrógeno azul o gris), sólo el 0,1% es a través de electrolisis del agua (método de separación de los átomos de hidrógeno y oxígeno en el agua).  Por lo que todavía hace falta mucho para poder llegar a que esta forma de energía tome protagonismo.

A pesar del entusiasmo que generan los nuevos tipos de energía más limpias, lo que hacen también es exponer los grandes problemas y limitaciones que estas tecnologías tienen en una sociedad basada en la propiedad privada de los medios de producción.

Si grandes sectores de la burguesía están buscando innovar en estas formas, no es únicamente por una repentina orientación de cuidar el medio ambiente. Hace ya décadas que las alertas por el cambio climático y sus consecuencias suenan con claridad para todo el mundo.

Este primer acercamiento a reemplazar gradualmente las energías fósiles es consecuencia de la inevitable necesidad de seguir produciendo sin afectar sus propios mercados por los desastres ambientales que generan. No es que los capitalistas se levantaron un día más buenos, sólo están buscando nuevas formas de seguir explotando recursos para beneficio propio porque claramente no sería puesta al servicio de la mayoría trabajadora y del pueblo.

Las grandes empresas petroleras tales como Shell, BP, Repsol, RWE, Engie, Siemens Energy están encabezando los proyectos para la instalación de plantas de Hidrógeno verde. Las mismas empresas que están haciendo destrozos en Vaca muerta, por ejemplo, responsables en gran medida del aumento de la temperatura del planeta, se presentan como claves para descarbonizar la producción.

La perspectiva de que, en un futuro aún capitalista, a medio plazo haya fuentes de energía sin carbono, impulsa la falsa sensación de que el problema está a mitad de camino de resolverse, pero esto no es así. Por eso es que a la par que avanzan muy lentamente y más como novedad y noticia las plantas de energía no fósil; se impulsan nuevos proyectos que aumentan la emisión de carbono, como el gasoducto Nordstream2 en Europa. U ocurre lo que, en EEUU, donde se fomenta la generación de combustibles fósiles acompañadas por “captura del carbono” (un concepto totalmente discutido en la comunidad científica, porque para reducir el calentamiento global son necesarias tanto la captura del carbono, como la reducción drástica de los GEI)

Para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, los estados deberían cambiar sus matrices energéticas e ir abandonando los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) para cambiar las fuentes que dan energía a nuestra vida diaria y a la industria. Deberían invertir millones y sobre todo afectar los intereses de grandes petroleras. Dos cosas que queda claro que los gobiernos no tienen intención de hacer porque son representantes, justamente, de estos grandes capitalistas.

Otro factor que ayudaría a mitigar los efectos del calentamiento global e iría de la mano del anterior, sería incentivar la remoción del CO2, por ejemplo, reforestando y dejando de deforestar o incendiar los bosques nativos que lo absorben. Lamentablemente los dos últimos años han sido record en cantidad de focos de incendios en todo el mundo (para dimensionarlo pensemos que en un minuto se pierden bosques por un equivalente a 27 canchas de futbol). Incendios de los cuales algunos son intencionales o se desbordan por las sequias que también son efectos del calentamiento global.

Los anuncios de energías más limpias pueden sonar tranquilizadores, pero no hay que esperar soluciones que vendrán desde adentro del sistema. No puede haber una relación armoniosa entre producción y cuidado ambiental bajo el capitalismo. El haber llegado a este punto sin retorno en la cuestión climática lo demuestra.

No creamos que somos todos igual de responsables por el calentamiento global, la clase trabajadora es el último eslabón de la cadena, lo que cada uno de nosotros consume en casa es ínfimo al lado de lo que hacen las grandes multinacionales. Es que el mayor problema está la forma en que se produce. Bajo el capitalismo grandes sectores de la burguesía destruyen el planeta por su afán de ganancias.

Algo de lo que dice Greta Thunberg es cierto, que los representantes de la Cop26 no hacen más que “bla bla bla” y que estamos cansados de eso, pero se equivoca al decir que lo que necesitamos los que más sufrimos el cambio climático y menos destruimos el planeta es un “diálogo abierto y constructivo” con esos capitalistas parásitos y sus representantes. Lo que necesitamos para salvar el planeta y salvarnos los trabajadores y nuestras futuras generaciones (que son quienes más sufrirán las consecuencias) es ligar la lucha contra la destrucción planetaria a la lucha por una revolución socialista para terminar con el capitalismo.

Una reconversión energética por supuesto que es necesaria, pero no puede ser llevada a cabo hasta las últimas consecuencias bajo la lógica del mercado, ni de los estados representantes de los dueños del capital. La única forma de que se pueda llevar en serio una forma de producción racional y basada en las necesidades de la mayoría de la población pobre y trabajadora, es con una economía planificada, bajo un Estado obrero, donde se regule lo que se produce y cómo se produce. Esto solo lo puede lograr un gobierno de trabajadores que expropie a la clase social que hoy está llevando al mundo a un destino sin retorno.

Daniel H. y Elsa C.

30/11/2021

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