El coronavirus en el umbral de la nueva crisis capitalista

Una pandemia mundial se extiende por el mundo como una noche negra. Pero el coronavirus no es un desconocido, así como tampoco su irrupción como pandemia fue totalmente sorpresiva e inesperada.

El coronavirus es una familia de virus de la que ya se tiene conocimiento desde hace tiempo y que algunos científicos venían estudiando en laboratorios. ¿Cómo es posible que sabiendo de la existencia del virus y de su peligrosidad no se hayan tomado las precauciones para evitar que se transforme en pandemia?

Resulta inaudito que una sociedad que está planeando colonizar otros planetas, que todos los días anuncia descubrimientos tecnológicos, sin embargo, deje a la humanidad a merced de una pandemia mortal de una variedad de «gripe». ¿Por qué no se ha hecho nada para evitarlo?!!

Mientras enormes cantidades de miles de millones de dólares se queman en las maniobras especulativas de las bolsas, los gobiernos retacean las pruebas epidemiológicas para saber si estás contagiado o no, y en lugar de ponerse a fabricar de manera urgente respiradores artificiales, pretenden que los médicos elijan quien debe vivir y quien debe morir de acuerdo a los que estén disponibles.

Otros como Boris Johnson, decía que no tomar medidas de restricción social era beneficioso porque desarrollaría una amplia inmunidad al virus, aunque mientras tanto «muchas familias perderán a sus seres queridos».

Los capitalistas han comenzado a predicar “el nuevo evangelio” de los tiempos que se avecinan. Llaman a “prepararse para tiempos duros y de sacrificios. Los chivos expiatorios que van a ser inmolados en la siguiente orgía del capital son los trabajadores, y ahora, sobre todo, los que ya han dedicado una vida de trabajo a producir ganancias para sus patrones.

Mientras miles de millones de dólares se dedican a rearmar a los ejércitos con armas sofisticadas y nuevo armamento nuclear, no hay plata para fabricar respiradores. EEUU que es el país que más gasta en armamento, hasta hace unos años tenía sólo 250 respiradores y un 1% de las máscaras que se necesita para cubrir las necesidades de su personal sanitario.

Se compara esta pandemia con una guerra que afecta a las personas de todos los países, de todos los colores de piel, de todos los géneros. Sin embargo, si un gobierno capitalista estuviera frente a una guerra en pocos días transformaría el aparato productivo para adaptarlo a esa situación, reconvirtiéndolo para fabricar municiones, tanques, aviones y toda clase de pertrechos de guerra. ¿Por qué entonces no se puede poner a fabricar masivamente respiradores, camas de hospital, equipos de pruebas (test) de contagio? ¿Por qué no se puede colocar toda la capacidad científica-médica unificada internacionalmente al servicio de encontrar vacunas? Haciendo pruebas científicas de los medicamentos que están diciendo que curan, alivian o protegen del contagio como el interferón cubano, o el remdesivir que se está estudiando en España y la vacuna que dice que tiene un laboratorio alemán, o la que recientemente dice tener China, socializando a todos los países los descubrimientos.  Sin embargo, cada país busca una cura por separado, mientras que los laboratorios privados se frotan las manos, no con agua y jabón para limpiarse de virus, sino pensando en hacer enormes ganancias con las patentes amparadas en la sacrosanta propiedad privada.

El origen de la pandemia

El 2020 en el mundo arrancó como si se tratara de una profecía bíblica. A los incendios forestales en Australia y la posibilidad de un enfrentamiento entre Irán y EEUU que detone una Tercera Guerra Mundial, se le sumó la “aparición” de una nueva cepa viral, un “nuevo virus” perteneciente a la familia de los coronaviridae. La aparición de esta enfermedad, ya afecta directamente a una economía mundial que venía muy golpeada por la crisis.

Existen varios tipos de cepas de este virus, algunos causan enfermedades como conjuntivitis, gastrointestinales, respiratorias graves y ahora el nuevo y novedoso Síndrome Respiratorio, que comenzó en China a fines del año 2019, llamado COVID-19.

De las 5 enfermedades que más muertos han producido 4, son producto de virus zoonóticos, es decir trasmitidos de animales a humanos. Éstas se reproducen en lugares densamente poblados, húmedos y cálidos.

Más de 4.000 millones de personas viven ahora en 1% de la masa terrestre de la tierra. Es decir, el hacinamiento y la falta de controles de salud acordes, posibilita la formación de todo tipo de virus y enfermedades que tienen que ver con la pobreza. Las masas van a vivir a las ciudades porque el campo cada vez produce una mayor expulsión de mano de obra.

La hipótesis más factible al día de la fecha sobre el surgimiento de esta cepa del coronavirus, que por primera vez se transmite entre seres humanos, sostiene que los nuevos habitantes de la ciudad de Wuhan que provenientes del campo, comen los animales silvestres que antaño consumían. La burguesía china que se enriquece a cuatro manos, se justifica diciendo que es por mera nostalgia, pero lo más seguro es que sea porque ¡son muy pobres!

No es que antes no se contagiaran, pero la diferencia es que ahora, al producirse el contagio, ya no viven en chozas aisladas en medio del campo, sino en una ciudad de 11 millones de habitantes, a la que migran escapando de la miseria rural en busca de un trabajo en la ciudad que les permita sobrevivir.

Los virus, al no tener material genético propio, buscan reproducirse penetrando una célula, transformando su material genético para que produzca nuevos virus, que van mutando y haciéndose cada vez más fuertes.

Pero se sabe que el murciélago contiene en su organismo cerca de 500 tipos de virus. Los que hacen propaganda apologética de las bondades progresistas de la burguesía china deberían explicar cómo es que no han hecho nada para impedir estos conocidos factores de contagios. Y para aquellos otros que dicen que China es una potencia imperialista, deberían explicar en cuál otra potencia imperialista una parte importante de su población se alimenta de murciélagos y serpientes, por no nombrar otra clase de bichos más desagradables todavía.

Cómo puede ser que estemos cada vez más expuestos a viejas enfermedades que parecían haber desaparecido hace tiempo, como el sarampión y el dengue, y por estas pestes del siglo XXI como el SARS (2002-03), la gripe porcina H1N1 (2009), el MERS (2012), el ebola (2014-16), el zika y chikunguya (2015), la gripe aviar H5N6 (2016-18) que ahora en medio de la pandemia del coronavirus ha reaparecido en una granja de codornices en Filipinas.

Esta pregunta no es muy difícil de contestar. Es que el capitalismo, en su fase imperialista, es un cadáver pestilente. El capitalismo, sistema de explotación del proletariado por la burguesía -que es la poseedora de la propiedad privada de los medios de producción-, si por un lado ha desarrollado las fuerzas productivas a una escala global inimaginable hace pocos siglos, al mismo tiempo su sed de ganancias, su carácter depredador, el carácter irracional del sistema inherente a la condición de la burguesía como clase explotadora y expoliadora, ha hecho que el equilibrio entre la naturaleza y la sociedad se destruya, corroborando las palabras de Marx: “El capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y el ser humano”.

La polución del aire por el abuso de la energía fósil, la deforestación, con sus consecuencias sobre el calentamiento global, la minería a cielo abierto y el fracking, que contaminan el agua, son las partes integrantes de una cadena mortal para el ecosistema. Una cadena cuyo único objetivo es la acumulación de capital.

No está demás mencionar el desmonte, la penetración del ser humano en hábitats vírgenes y su destrucción. Con cada hectárea “ganada” a la naturaleza, el peligro de despertar a un nuevo virus que estuvo conviviendo con el vector (animal portador) durante millones de años, aumenta exponencialmente.

Cada año los capitalistas intensifican la deforestación de selvas y bosques y esa política no es sólo de los “neoliberales” como Bolsonaro en el Amazonas brasilero, sino de también de los “progresistas” como Evo Morales en el Amazonas boliviano (Chiquitanía).

La burguesía no produce de acuerdo a un plan general para responder a las necesidades de la población humana, sino para acumular ganancias y conquistar una mayor tajada del mercado, sin inmutarse por el hecho de que hoy en día el 80% de la basura producida viene de la gran industria y sólo el resto de hogares privados. Bajo este sistema no hay planeta que aguante, y si la clase trabajadora no reacciona a tiempo, las próximas generaciones están condenadas.

La expansión del virus

A nivel mundial, la pandemia de COVID-19 derivó en más de 199.000 casos detectados hasta ahora, entre ellos casi 8.000 letales, según el sitio web Worldometer. Después de que China anunció que había logrado contener el contagio, Italia, España, Irán, Alemania pasaron a ser en estos momentos los principales focos de casos activos, que son más 108.000.

Al día 16 de marzo el brote del coronavirus ha paralizado la vida de los principales países de Europa Occidental y ya es pandemia. El pueblo italiano, cuyo gobierno -por priorizar los intereses económicos de la clase dominante- respondió con debilidad y retraso ante la pandemia, se lleva hasta ahora la peor parte con 24.938 infectados, 1.809 muertos. El país se encuentra completamente cerrado, en el norte hay aislamiento de regiones enteras, los hospitales están colapsados y en varios lugares de trabajo se obliga a trabajar sin protección alguna. Esto ha provocado huelgas aisladas y la bronca de los trabajadores, como en el caso de varias fábricas donde organizaron huelgas y se paró la producción.

Ante eso el gobierno en medio del caos ha sacado el ejército a la calle para mantener no sólo a la población bajo control sino para proseguir con la producción.

España sigue de cerca a Italia con un crecimiento bastante acelerado con 13.716 infectados (con un aumento de 2500 en un solo día) y 558 muertos (18/3). La ciudad de Madrid, principal foco en el país, corre la misma suerte que la región de Lombardía en Italia y se ha llamado a cerrar todo lugar de esparcimiento, evento e institución pública. En ese país también los trabajadores de varias fábricas hicieron huelga para parar la producción y obligar a la patronal a cerrar.

La cercanía histórica y cultural con estos países europeos de una parte de la población, hizo que la cantidad de infectados y muertos tuviera una fuerte repercusión sobre la política que venía adoptando el gobierno. Mientras el ministro de salud Ginés González García, que en el 2005 acusó de “terroristas sanitarios” a las enfermeras del Garrahan que luchaban por un aumento de sus miserables salarios, minimizaba la gravedad de la pandemia del coronavirus diciendo que era una simple gripe. Lo que a ciencia cierta hoy en día se sabe del virus es que es más mortífero que una gripe normal, alrededor de 4 a 7 veces, que tiene una tasa de propagación mucho más alta y se hace difícil su detección porque a diferencia de la gripe normal que se incuba en dos días, el coronavirus tarda 14 días. Esto es algo que el gobierno ya sabía, pero la minimización del problema iba en la misma línea política de Italia y España, para evitar golpear los intereses económicos de las patronales.

En tanto Alberto Fernández –en la misma línea de Ginés GG- hacía demagogia barata yendo a dar clases a la facultad de derecho, para resaltar la idea de que no había nada de que preocuparse, los muertos e infectados aumentaban rápidamente en Italia y España

Allí se produce un giro por temor a las consecuencias políticas de que una alta mortalidad fuera identificada por los trabajadores y el pueblo como una consecuencia de la desidia gubernamental. Y entonces, del “no pasa nada”, el gobierno paso rápidamente a plantear medidas tendientes a reducir la circulación de las personas, esperando con ello reducir también la circulación del virus.

Precariedad del sistema de salud

Esto es el fiel reflejo del sistema en el que estamos viviendo, el capitalismo, que poco le importa la vida humana, evidenciándose en las políticas que se toman con respecto al cuidado de las familias trabajadoras. La salud para el capitalismo es solamente garantizar mano de obra para poder explotar y sostener su dominación de clase, por eso no tiene en cuenta las medidas preventivas. Existen países en donde la salud está totalmente privatizada con poco acceso a la misma desde la clase trabajadora, y en los países que tienen “salud pública” esta sigue siendo parte del negocio capitalista, ya que los gobiernos poco invierten en la misma, con déficit en atenciones, personal, insumisión, etc.

Para ahorrar gasto público, los capitalistas han promovido la precarización en todo el sistema. En los hospitales públicos, se ha ido reemplazando a personal médico experimentado con residentes algunos rentados y no, y muchos médicos que hacen sus prácticas gratuitas.

Los recortes se aceleraron a raíz de la crisis de 2008. Mientras la Organización Mundial de la Salud, recomienda no menos de 800 camas cada 100.000 habitantes, en 2006, la Unión Europea tenía 574 camas cada 100.000 habitantes, pero en 2017 la cifra había caído a solo 504 camas. Una disminución del 12%.

Italia se sitúa en uno de los lugares más bajos de la tabla europea: en 2006 tenía 399 camas cada 100.000 personas y en 2017 cayó a solo 318, un descenso estrepitoso del 20%.

Madrid, que es la región que tiene los mayores índices de privatización, así como el mayor porcentaje de camas privadas sobre el total (27,7%), es el foco principal de España, con el 44% de los contagios, y el 72% de los muertos, al 17 de marzo.

En América Latina, la disposición de camas es aún peor. No es casualidad que Cuba siendo una pequeña isla tenga 520 camas cada 100.000 habitantes. Es la herencia de un sistema sanitario construido en el período en el que el país era un Estado Obrero (aunque burocrático). Argentina tiene 500. A mucha distancia le sigue Uruguay, con 280 camas, Brasil y Chilecon 220. Una lista que se cierra con Haití, Honduras, Venezuela y Nicaragua, con menos de 100 camas.

En Estados Unidos, campeón en la privatización de la salud, donde mueren 380.000 pacientes de residencias de ancianos por año, debido al incumplimiento de los procedimientos básicos de control de infecciones, enfrenta esta crisis sanitaria con los servicios sanitarios devastados en las comunidades más pobres y zonas rurales ya que “la lógica del mercado” provocó el cierre de muchas clínicas privadas, recargando a hospitales públicos que no tienen recursos.

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El Estado capitalista tiene como único interés velar por la propiedad privada y el lucro, es decir beneficiar a los lobbies de la industria de medicamentos y equipamientos y a la corporación médica – médicos dueños de clínicas, consultorios en los que explotan fuerza de trabajo, etc. Para eso se apoya en la burocracia sindical, la cual, en la mayoría de los casos, tiene intereses privados, ya que manejan la suculenta caja de las obras sociales. Pero ninguno de estos sectores puede tener interés en la salud como bien público.

Es por eso que los trabajadores debemos defender la salud pública y la atención gratuita sin restricciones, porque la salud debe ser un derecho inalienable. No puede ser que el que tenga plata tenga derecho a vivir y el pobre tenga que penar enfermo o morir esperando un turno, por no tener plata. Por lo tanto, el sistema de salud debe ser único e integrado, y para ello habría que expropiar a todos los sanatorios y clínicas privadas e integrarlas con los hospitales públicos en una sola red, sin distinción de “fronteras” municipales, provinciales o nacionales. Un sistema sostenido por un presupuesto nacional, tomando como ejemplo el esquema soviético. Las vidas de los trabajadores y el pueblo pobre no pueden seguir siendo una mercancía, solamente un gobierno de los trabajadores garantizaría un servicio sanitario único, gratuito y de calidad.

El coronavirus como detonante de la crisis económica mundial

El coronavirus vino a detonar una crisis en la economía mundial que ya había tomado un curso rápidamente descendente. Sobre la base de una economía que ya venía cayendo, la guerra de precios del barril del petróleo entre Rusia y Arabia Saudita provocó un primer cimbronazo a toda la economía mundial. Por ahora, el principal golpeado en este torneo mundial del precio del petróleo es la industria del fracking norteamericano y por supuesto también Vaca Muerta, puesto que con un barril más barato que 50u$s, no es rentable, y hoy los precios futuros del petróleo WTI para entrega en abril descendieron un 4,5 % hasta 25,7 dólares, y el Brent está por debajo de 28 dólares por barril, mínimos desde mayo de 2003.

La pandemia vino a dar el último empujoncito para tirar la economía mundial barranca abajo, reflejándose hasta ahora en caídas catastróficas de todas las principales bolsas mundiales. Como respuesta a la crisis económica el gobierno norteamericano anunció que invertirá 850.000 millones de dólares (llegando a un total de 1, 5 billón en dos semanas) para asistir a los bancos –con lo cual espera evitar varias quiebras-, y la Reserva Federal bajó la tasa de interés a casi cero, mientras que sólo dispondrá de 50 mil millones para atender a los afectados por el virus. La Unión Europea por su parte, inyectará 700 mil millones de euros para salvar al sistema financiero, antes que a los pacientes infectados, que como en Italia o España mueren por falta de asistencia. Lo mismo Japón. Está claro que es lo que les importa, no solo para Trump, sino para toda la burguesía imperialista.

Aun así, y a pesar de estos anuncios las bolsas siguieron cayendo alrededor de un 4% (en la apertura del 18/3) por temor a una recesión mundial.

Mientras que para este año se estimaba un crecimiento pírrico de la economía de EEUU del 2%, la zona euro y Japón del 1%, con un una posible contracción en la economía más importante, la alemana. Los emergentes Brasil, México, Turquía, Sudáfrica y Rusia experimentan un estancamiento y las dos grandes esperanzas del capitalismo, China y la India, retraerán su crecimiento por el efecto Corona a un 4,5 %.

Ahora la perspectiva más optimista es la caída en una recesión, mientras que cada vez hay más elementos que indican la perspectiva de una depresión como la del 29-30.

El gran endeudamiento de los Estados imperialistas pone un límite a la capacidad de salvataje que utilizaron años anteriores para evitar la caída de grandes bancos y de empresas imperialistas emblemas nacionales como la GM de EE-UU. Por otra parte, el dinero volcado al sistema financiero puede momentáneamente evitar una quiebra, pero no tendrá ningún efecto para reactivar la producción estancada hace ya 13 años.

América latina se ve afectada no solo por la caída general de la demanda, en particular de China, que ha provocado una caída de los productos agropecuarios de exportación, por la caída en los precios del petróleo y en general de todas las materias primas, sino también por el reflujo de capitales que buscan refugio en los bonos del tesoro de EEUU.

Las caídas de las bolsas y la crisis que se está produciendo ahora, es consecuencia de la irracionalidad orgánica, propia del sistema capitalista. La pandemia no es la causa de la crisis, si no apenas su detonante. El problema es que, en su decadencia, el capitalismo imperialista ha creado inmensas burbujas especulativas, mientras que paralelamente se va desacelerando la producción a causa de la ley descubierta por Marx de la caída tendencial de la tasa de ganancia. El coronavirus aceleró una crisis que ya había empezado a estallar por la caída de los precios del petróleo.

Habrá que ver cuál es la reacción de la clase trabajadora mundial. En un principio prevalece un estado de perplejidad y temor generalizado. La crisis por el virus está siendo utilizada por los capitalistas para imponer el toque de queda, la represión de cualquier organización, el amedrentamiento. Mientras los trabajadores están inmovilizados, el virus es una excusa para especular con los precios, y para reducir el número de jubilados que para el capitalismo, en todos los países son “población sobrante” que provoca un gasto innecesario. El parate agravado por el coronavirus puede ser la oportunidad ideal de los capitalistas para blanquear despidos, bajar salarios y cerrar fábricas.

El virus en Argentina

El virus ingresa en el país como si entrara el coronavirus en un paciente de alto riesgo. Argentina no solo que es un país semicolonial, con una infraestructura deficitaria por donde se la mire, sino que ya lleva varios años seguidos de recesión.

El caso de la infraestructura del transporte es un desastre calamitoso. El gobierno de F&F plantea el aislamiento social, pero los trabajadores tienen que tomarse el tren Roca o Sarmiento y el subte, viajando prácticamente como sardinas enlatadas. Si bien por las sucesivas medidas que fue adoptando el gobierno disminuirá la circulación de personas en capital y el conurbano, parece muy difícil que eso alcance para cumplir la decisión gubernamental de que debe viajar todos sentados.

Lo mismo sucede con la infraestructura de la salud pública. Las UTI (Unidad de Terapia Intensiva) y respiradores artificiales son completamente deficitarios en todos los efectores del país.

Cuando se produzca el aumento exponencial de los contagiados, los hospitales entrarán en un colapso absoluto. Por ejemplo, en la ciudad de Rosario hay 270 camas para terapia intensiva de las cuales 207 son de sanatorios privados. Y estamos hablando de una ciudad donde el PS hizo campaña durante 30 años diciendo que la salud pública de Rosario era la mejor del país. Hasta ahora el único anuncio directamente relacionado con la atención a los infectados es la promesa presidencial de construir 8 hospitales “modulares” de emergencia, sin dar mayores detalles sobre la capacidad de atención de los mismos.

Pero no sólo colapsará la situación sanitaria, sino que también la situación social, porque las medidas anunciadas ayer por el gobierno nacional son absolutamente insuficientes para responder a las necesidades que se le plantearán a los trabajadores y a los sectores pobres del pueblo.

El gobierno ha dispuesto un bono por única vez de $3mil para los jubilados que cobren la mínima y $3.100 para las personas que reciben AUH. Pero los precios máximos por 30 días “para evitar la especulación” se limitan a 50 productos. Como el gobierno reconoce que los créditos por $350.000 millones para asistencia de las pymes y demás programas para financiar a las patronales e incentivar el consumo serán garantizados mediante la emisión monetaria, es indudable que la inflación liquidará muy pronto y con creces las sumas otorgadas.

La suma total que dispuso el gobierno llegaría a $700 mil millones, destinada principalmente para atender las pérdidas que van a tener las patronales, incluyen la ampliación del Programa de Recuperación Productiva (Repro) para las empresas y la exención temporaria del pago de contribuciones patronales para los sectores más afectados.

Saben perfectamente que ello no evitará el cierre de empresas por lo que el ministro de Hacienda indicó que “se reforzará el seguro de desempleo».

Como hacer frente a esta catástrofe social y sanitaria

Para hacer frente a esta catástrofe social y sanitaria, para garantizar los insumos médicos y de cuidado y aislamiento, los respiradores, salas de emergencia que puedan funcionar como Unidades de Terapia Intensiva, más camas, la contratación de más personal de salud, para garantizar los salarios de todos los trabajadores licenciados y para garantizar los puestos de trabajo, hace falta mucha plata. No se trata solo de evitar que haya muchos muertos, es también muy importante evitar la propagación del contagio, porque al parecer los contagiados quedan con secuelas del 20 al 30% de incapacidad pulmonar. Hay que tener en cuenta que viene para más largo de lo que reconocen los gobiernos, y en Argentina se viene el invierno.

Por lo tanto, hay de que dejar de pagar todo tipo de bonos de deuda porque, aunque en el caso del estado nacional ya es un hecho la paralización de las negociaciones con los acreedores extranjeros y el FMI, se siguen pagando vencimientos de bonos locales, no sólo por parte del gobierno nacional, sino que también las provincias, como el caso de Kicillof en la provincia de Buenos Aires.

Hay que confiscar inmediatamente todos los ingresos provenientes de las exportaciones de la producción agropecuaria (compensando a los productores solamente con una cantidad de dinero que les alcance para vivir y volver a sembrar), las mineras, y de otras grandes empresas exportadoras, y poner esa plata a disposición de la emergencia sanitaria para cortar la expansión del contagio y para atender a los que ya fueron contagiados, y de la emergencia social, garantizando la continuidad de los puestos de trabajo y los salarios completos de todo el personal licenciado por causa de la pandemia.

Hay que nacionalizar y centralizar en un banco nacional único a toda la banca pública y privada, para orientar centralizadamente adonde se va a poner la plata disponible para atender la emergencia sanitaria y social. Hay que establecer el monopolio estatal del comercio exterior para regular lo que se compra y lo que se vende y el monopolio del comercio interior para controlar el abastecimiento interno para el consumo de la población.

Solo deben funcionar las industrias cuya producción sea indispensable; y para eliminar toda especulación por parte de las patronales, son los trabajadores los que tienen que tomar el control de la producción y distribución en sus propias manos, es decir, bajo control obrero. Para esto es fundamental tener en cuenta las condiciones de higiene y seguridad en las que se realiza todo el proceso productivo.

El resto de los trabajadores de la producción deben ser licenciados con el 100% del salario incluyendo los aumentos que como mínimo compensen la pérdida inflacionaria desde la anterior paritaria. De esa manera se puede parar la mayor parte del país para cortar la propagación del contagio. Al mismo tiempo que estas fábricas y establecimientos permanezcan con una guardia de trabajadores rotativa, por si las patronales quieren cerrarlas, y de ser así hay que estatizarlas con administración obrera.

En la salud, para atender esta emergencia hay que reclutar todo el personal sanitario que ahora está desocupado para que cada trabajador haga turnos de menos horas (cobrando salario completo) para tener menos exposición al contagio.

Las ultimas noticias están diciendo que los test que se están haciendo en el Instituto Malbrán (en el único lugar donde se hacen al menos por ahora) son insuficientes para saber la cantidad de contagiados, es decir que es muy probable que el virus ya esté desparramado por todo el país.

Todas estas disposiciones debería ser el programa de emergencia del movimiento obrero al gobierno. Pero la burocracia sindical de la CGT y CTA se viene “lavando las manos” ya desde mucho antes de que apareciera el virus, dejando que el gobierno haga lo que quiera, sin preocuparse por los trabajadores. El colmo es la burocracia de la UOM que se declaró en cuarentena yéndose a sus casas, mientras los obreros metalúrgicos se siguen exponiendo la salud en sus laburos. Eso sí avisaron que cualquier problema que tengan los obreros ¡¡se comuniquen con ellos por Facebook!!

Por su parte, la conducción de Amsafe Rosario -que posa de combativa-, está proponiendo organizar un comité de crisis en conjunto con el gobierno. Es decir, un organismo de conciliación de clases como los que funcionaron durante la crisis del 2001 para imponer a los trabajadores que acepten con resignación cargar con el peso de la crisis, a cambio de concesiones insignificantes.

Está visto que no se puede esperar nada de los dirigentes sindicales burocráticos. Este programa de emergencia lo proponemos para que se pongan a discusión en asambleas de trabajadores –en las que se tomen en consideración todos los procedimientos de prevención de contagio- para que se tomen las resoluciones y las medidas de lucha para forzar a su cumplimiento, como un reclamo básico y elemental de defensa de nuestras vidas y nuestra salud. Nuestra lucha debe tener como estrategia instaurar un Gobierno de Trabajadores.

Si hubiera un gobierno de trabajadores ningún interés económico de las patronales impediría que adoptáramos estas medidas. Cuando los trabajadores conquistemos el poder derrocando a la burguesía, estableceremos un sistema de salud único controlado por el Estado Obrero, integrando la salud pública, con la expropiación y estatización de los sanatorios privados que lucran con nuestra salud, y los laboratorios privados, que ponen precios siderales a los medicamentos. Habría una misma salud para todos, no como ahora que hay una salud para pudientes y una salud para pobres.

Con el triunfo del socialismo a nivel mundial, la salud de la población sería una primera prioridad y estas pandemias podrían ser evitadas porque habría recursos suficientes puestos a disposición de la investigación para la producción de vacunas y la cura para muchas enfermedades, que bajo el capitalismo solo se producen si reditúa una gran ganancia económica.

El capitalismo mundial en su época de decadencia imperialista, arrastra a la humanidad a cada vez mayores calamidades. La expoliación y depredación de los recursos naturales, la liquidación del equilibrio de la naturaleza está provocando una catástrofe climática. La sed de ganancias exorbitantes de un puñado de super-billonarios nos condena a la exposición de mortales pandemias. Y como si esto fuera poco hay una carrera armamentística mundial preparatoria de una tercera guerra mundial.

La revolución socialista es la única posibilidad real que tenemos los trabajadores para terminar con esta decadencia social y abrir una perspectiva para nosotros y las nuevas generaciones. Para esa lucha que se nos plantea como ineludible, necesitamos construir un Partido de Trabajadores revolucionario, para lo cual en el PCO estamos construyendo sus cimientos.

18/3/20

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