Un balance de la lucha en Liliana

La lucha en la metalúrgica Liliana apareció públicamente por primera vez a principios de 2013, cuando los trabajadores que luchaban por el pase a planta permanente, sufrieron varios despidos.

En ese momento los trabajadores apoyados por organizaciones políticas de izquierda lograron su reincorporación y el pase a planta en grupos en un plazo de 6 meses. Este fue un primer triunfo que fortaleció enormemente al activismo de la fábrica y al conjunto de los compañeros. También colocó a los trabajadores de Liliana como un punto de referencia para el activismo obrero de la región.

En realidad siempre comentaban cómo esa predisposición de luchar, fue un proceso que se fue gestando lentamente, primero formando un grupo con compañeros de mucha confianza, que de a poco se fue extendiendo a un grupo mayor, esperando que las condiciones estuvieran a su favor, para luego salir a luchar cuando el conjunto de los trabajadores estuviera predispuesto. Este fue un proceso que llevó largos meses.

Así fue que lograron elegir delegados de “hecho” en una asamblea con todos los compañeros de la fábrica. Delegados que la UOM Rosario jamás reconoció como “legales”. Sin embargo la propia burocracia sindical como el Ministerio y la patronal siempre recurrió a ellos para “comunicarse” con los trabajadores. Como lo dice la palabra “de hecho” eran delegados.

Esta es una enseñanza importante para los trabajadores en general y para los metalúrgicos en particular, ya que muchas empresas de este rubro no tienen delegados, debido a los acuerdos existentes entre la burocracia y las patronales.

Muchas veces los compañeros recurren a que solamente se puede llevar adelante una medida siempre y cuando “tenga amparo legal”, sin embargo en realidad, esto depende fundamentalmente de la relación de fuerzas entre las clases.

Las leyes están hechas para beneficiar a las patronales, hechas por su estado capitalista, que defiende sus intereses. Lógicamente que hay que aprovechar los resquicios legales que deja el sistema, las contradicciones internas, pero lo central es entender que no se puede esperar que la legalidad esté del lado de los trabajadores para salir a luchar, ya que todo el sistema legal está para beneficiar a los capitalistas, y por lo tanto, las acciones de lucha dependen de la relación de fuerzas que haya entre la patronal y los trabajadores.

Lo que demostraron los compañeros de Liliana -y esto quedará como una importante enseñanza-, es que no hace falta tener delegados “avalados por el sindicato” para pelear por nuestros derechos más elementales. Que los trabajadores deben ante todo confiar plenamente en la fuerza de su unidad, en la relación de estrecha confianza que debe haber entre los delegados y la base, que no existe otro método mejor que la democracia obrera para establecer este vínculo, pero que también, esto solo no alcanza.

Los delegados clasistas deben tener siempre una política correcta, para saber principalmente leer cual es el estado de ánimo de los compañeros para salir a luchar, no solamente dentro de la fábrica sino el estado de ánimo del conjunto de la clase trabajadora, ya que ninguna fábrica o empresa esta envasado al vacío. Esto último creemos que es donde radicó el error de los compañeros en la siguiente etapa de la lucha.

La segunda etapa de la lucha

Una vez obtenido ese primer gran triunfo, los compañeros ya sabían que la patronal iba a querer ir por la revancha, y que el momento crítico iba a ser cuando se inaugurase la planta nueva en Granadero Baigorria. Una patronal con fuertes contactos políticos con el gobierno nacional de CFK, los que le permitieron acceder a un importante crédito de millones de pesos para instalar semejante planta.

La segunda parte del conflicto se hace pública recién en febrero, pero en realidad comienza a fin de año, la semana entre el 25 de diciembre y el 1 de enero.

Los compañeros hicieron un pedido de un bono de fin de año. Aclaremos que un trabajador de la línea blanca cobra un sueldo de miseria (en diciembre estaban en $4200 mensuales). La patronal se niega a dárselos y por lo tanto deciden salir a luchar.

Pensamos que acá se produce el primer error: después de una serie de asambleas por plantas donde “aparentemente” toda la base estaba unida y dispuesta a iniciar un plan de lucha, realizan un corte en la Autopista con muy pocos compañeros. Alrededor de 20 compañeros de una plantilla de 500 obreros aproximadamente (si se tiene en cuenta todas las plantas).

La patronal hace una lectura de la situación en la que el activismo aparece en una acción despegado de la base, y pasa a la ofensiva. Despide 12 de esos 20 compañeros. Es que en ese corte había algunos militantes de organizaciones de izquierda como la nuestra, y compañeros de la metalúrgica Allocco, que habían ido a solidarizarse, pero sobre todo muchos estudiantes del PTS y unos pocos activistas de Liliana. Como dijo un obrero presente en el corte: mucho “aparato” y pocos obreros.

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Allí comienza la última parte del conflicto y la más dura. Tanto sea el gobierno provincial, como el nacional, a través de sus Ministerios de Trabajo, como la propia UOM no hicieron más que “tirarles tierra encima” a los compañeros. El papel de la burocracia fue nefasto, llegaron a organizar una movilización con carneros y encargados diciendo que eran los “verdaderos trabajadores”. Obviamente los medios de comunicación burgueses los presentaron de esta manera.

Luego de varias semanas de desgaste, la patronal, el gobierno y la burocracia de la UOM quebraron la lucha y los compañeros quedaron definitivamente despedidos.

Decir la verdad a los trabajadores

En varios textos de los maestros del marxismo, estos nos aconsejan siempre decir la verdad por más dura que sea, no exagerar los triunfos, no deformar la realidad. Así por ejemplo lo dice León Trotsky en La Historia de la Revolución Rusa en el capítulo “Los Bolcheviques y los Soviets”:

El rasgo distintivo de los bolcheviques…La prensa del partido no exageraba los éxitos, no deformaba la correlación de fuerzas, no intentaba imponerse a gritos… Los datos de la prensa bolchevista del año 1917 se revelan, a la luz de los documentos de la época y de la crítica histórica, como incomparablemente más verídicos que los de los demás periódicos. La veracidad se desprendía de la fuerza revolucionaria de los bolcheviques, pero, al mismo tiempo, consolidaba esa fuerza. La renuncia a esta tradición ha constituido posteriormente uno de los peores rasgos que han caracterizado a los epígonos (stalinistas). «No somos unos charlatanes -decía Lenin, inmediatamente después de su llegada-. Hemos de basarnos únicamente en la conciencia de las masas. No importa que nos veamos obligados a quedarnos en minoría… El quedarse en minoría no debe causar ningún temor… Ejercemos la crítica para librar a las masas del engaño… Estas acabarán por convencerse de que nuestra orientación es acertada. Todos los oprimidos se acercarán a nosotros… No tienen otra salida.» La política bolchevista, comprendida en su integridad, se aparece ante nosotros como la antítesis directa de la demagogia y del aventurismo…”

No hacer un balance serio de los errores cometidos hace que los trabajadores no puedan sacar todas las conclusiones de una lucha (que en este caso terminó en una derrota) y prepararse mejor para las próximas; más todavía para jóvenes compañeros que hacen sus primeras armas en la lucha de clases.

Sin embargo, el PTS, que jugó el principal papel de dirección en el conflicto, escribe un balance lleno de triunfalismo, evitando evaluar los errores cometidos, y dice: “Se abre una nueva etapa de este durísimo conflicto. Los compañeros prometen seguir luchando”(*). Pero en ningún momento hace un balance serio de la etapa que se cierra, de la lucha que terminó, en la cual los principales activistas quedaron afuera de la fábrica. Esta es la amarga realidad que el PTS no menciona en su nota-balance. Por eso, para poder remontar esta dura derrota, es muy necesario analizar los errores que se cometieron.

Siempre, pero más en la situación actual, en la que todavía no hay un ascenso generalizado de lucha de clases, hay que medir muy bien lo que pasa en la base, hay que estar muy pegado a la base, prestar mucha atención si hay o no predisposición a la lucha del conjunto de los compañeros.

Pero, como dijimos antes, creemos que el error de cortar la Autopista sólo con el activismo condicionó el resto de la lucha, ya que le declaró “la guerra” a la patronal precipitadamente, sin haber medido antes correctamente las propias fuerzas. Porque, hay algo que no cierra en la caracterización que hizo el PTS. Si en diciembre dijeron que los trabajadores de todas las plantas de Liliana querían parar, y según dice el balance del PTS, los trabajadores bancaban el paro, ¿por qué entonces el piquete contra los despidos estaba garantizado solamente por la base estudiantil del partido y los despedidos, y no por una parte importante de los propios compañeros de la fábrica?

Esta más que claro, que errores cometemos todos y los vamos a seguir cometiendo, pero la cuestión es que se hace para remediarlos. Lo que vimos nosotros desde el PCO es que la dirección del conflicto, es decir la dirección del PTS, no tuvo la política de corregir los errores cometidos, sino que al revés, intentó en todo momento tratar de resolver el conflicto con una política de “aparato”. Porque al comienzo del conflicto, cuando se realizaron asambleas en puerta de fábrica de hasta 50 compañeros, el PTS no tuvo ninguna política para incorporar a esos compañeros activamente a la lucha. Nos podrán decir que el apoyo de los trabajadores de base era pasivo. Pero si era así, entonces lo fundamental era que había que hacer menos “política superestructural” y mucho trabajo de convencimiento en la base, contrarrestar a fondo el que hacía la patronal y la burocracia, que visitaban “casa por casa” a los obreros para meterles miedo, porque si se pierde el apoyo de la base se pierde todo, como finalmente ocurrió.

Sin embargo la política del PTS se basó únicamente en buscar apoyo superestuctural, que viniera un diputado de la izquierda, que “diera el apoyo” la burocracia de la CTA o la CGT de San Lorenzo, que un diputado del Movimiento Evita…, etc., etc. No estamos diciendo que no había que haber buscado el apoyo de la burocracia micheli-moyanista, sino que no puede ser el único y menos el principal objetivo conseguir un apoyo que sólo fue de palabra, y que no pasó del acompañamiento a los ministerios, ya que la burocracia, incluso la que se pinta de “izquierda” como la CTA, o de “combativa” como Quiroga de la CGT San Lorenzo, solo “se mueven” cuando sienten presión por la base, como el año pasado cuando se desató el conflicto en la Petroquímica de Capitán Bermúdez (ex Electroclor) que está en el mismo cordón industrial, y la burocracia de San Lorenzo convocó a paros y cortes de ruta que fueron importantes. En cambio en este caso, ni la CTA, ni Quiroga dispusieron medidas de fuerza concretas en apoyo de los obreros de Liliana, ni tampoco se los comprometió seriamente a ello buscando un punto de apoyo en la base del movimiento obrero de la región. Entonces, cuando se ensalza demasiado el apoyo que sólo de palabra da la burocracia sindical a un conflicto, sin definir medidas concretas de lucha, no se la está “embretando” sino que en realidad se la está ayudando a hacerse pasar por combativa.

La lucha en Liliana nos permite extraer muchas conclusiones para el movimiento obrero de la región, tanto en los aciertos de la primera etapa, como en los errores de la segunda. Una lectura correcta de la situación subjetiva y objetiva, que sólo se puede obtener con un análisis marxista de la realidad, es indispensable para medir bien la relación de fuerzas, antes de salir a la lucha. Debe quedar como una importante enseñanza que no se puede salir a la lucha contando sólo con la vanguardia, y menos reemplazar al conjunto de los trabajadores con el aparato partidario, ni aún si con ello fuera posible ganar una lucha, ya que un triunfo obtenido de tal manera sería igualmente efímero.

Esta pelea, como la de Allocco y otras que se dieron, deben ayudar al activismo a ir a fondo con las conclusiones, y de esta manera prepararse para enfrentar el nuevo horizonte de conflictos que se vienen.

(*) “Una nueva etapa de la gran lucha de Liliana”, 13/3/2014, LVO 561

Remo

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