Trabajadores de Bimbo San Fernando en dura lucha por los puestos de trabajo

El 10 de mayo pasado la planta San Fernando del GRUPO BIMBO sufrió un incendio parcial. Este incendio destruyó las cámaras frigoríficas, el depósito de materias primas y las líneas de pan precocido, que la empresa había trasladado a San Fernando después de cerrar la planta de Fargo Bertrand de Pacheco. De entrada BIMBO despidió a los trabajadores contratados a través de la agencia Adecco, mostrando con esta acción que la precarización laboral, iniciada en la década menemista y sostenida por todos los gobiernos posteriores y hasta la fecha, es un handicap para las patronales en su ofensiva sobre las condiciones de trabajo de la clase obrera. Desde el incendio hasta el 15 de junio BIMBO se dedicó a “poner en orden los papeles” con el fin de cobrar el seguro de millones de dólares. Durante más de un mes mantuvieron la incertidumbre sobre la continuidad de la planta, que concentraba el “negocio de congelados” del GRUPO BIMBO, y de los puestos de trabajo de más 280 familias, consideradas esenciales desde que comenzó la pandemia. Finalmente, el 15 de junio, en una reunión con todo el personal, el gerente de RRHH comunicó que habían decidido cerrar la planta y despedir a todos los trabajadores.

Es necesario aclarar de entrada que esta planta, así como toda la industria alimenticia, había sido considerada “esencial” desde el inicio de la pandemia. El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, había decretado el mismo 19 de marzo de 2020 que la producción alimenticia debía seguir funcionando durante la cuarentena. De hecho, a fines de marzo de 2020, los trabajadores de BIMBO San Fernando habíamos realizado una medida de fuerza reclamando en defensa de nuestra salud y la de nuestras familias, frente a las inexistentes medidas de cuidado sanitario de parte de BIMBO. Esta lucha había chocado contra el acuerdo de la empresa, el gobierno y los sindicatos de la CASIA (Confederación de gremios alimenticios) para etiquetarnos como esenciales, y en las mismas reuniones con la patronal esta se excusaba en la presión del gobierno de mantener la producción por considerarla “esencial”. Sin embargo, más de un año después, en medio de la segunda ola y con una crisis económica cada vez más profunda, el mismo gobierno que se llena la boca con una supuesta “prohibición de los despidos” avala el cierre de la planta antes considerada “esencial” y el despido de sus casi 300 trabajadores.

Preparación para la lucha contra el eventual cierre y despidos

Los trabajadores ya habíamos intuido este desenlace tras un mes de dilación y habíamos hecho una asamblea, el jueves 10 de junio, preparatoria de la lucha que se venía. Esta asamblea había sido propuesta, el lunes 7 de junio, por la comisión interna de Pasteleros a todos los sindicatos (STIA alimentación, Panaderos y el mismo sindicato de Pasteleros) con la intención de unificar a todos los trabajadores de la planta. Esa propuesta fue inicialmente aceptada por todos los sindicatos y sus comisiones internas. Sin embargo pocas horas después el STIA de Rodolfo Daer, y sus delegados o “soldaditos verdes”, se bajaron de la asamblea mostrando ya de entrada su rol divisionista y derrotista.

La asamblea fue de todas formas convocada por Pasteleros y Panaderos. Y, a pesar del boicot de la verde de Daer, un grupo grande de compañeros afiliados al STIA, incluido un delegado y un congresista, participaron de la misma. Esto mostraba que había un ánimo desde la base a unificar las fuerzas enfrentando el divisionismo de la verde de Daer, quien en una “asamblea” por zoom ya había mostrado la hilacha, adelantando que solo podían “pelear” por la doble indemnización pero no por los puestos de trabajo. En esta misma asamblea ya la conducción verde de Pasteleros también mostraba la hilacha. Cuando un trabajador les preguntó si iban a apoyar la lucha contra un eventual cierre de planta y los despidos, los “dirigentes” verdes evadían la respuesta con la excusa de que “todavía no había despidos”. No querían comprometerse a hacer lo que nunca hacen: defender los puestos de trabajo.

 A pesar de las trabas que ponía la burocracia sindical verde, desde afuera (STIA) o desde adentro (Pasteleros) de la asamblea, los trabajadores votaron de forma unánime la moción de la comisión interna de Pasteleros en defensa de los puestos de trabajo y arrancar las acciones con una volanteada en las puertas de las otras plantas del GRUPO BIMBO. Esta actividad fue llevada adelante el viernes 11 y el lunes 14 en las plantas de Pilar y Villa Tesei. Así, los trabajadores de todo el GRUPO BIMBO conocían nuestra situación desde nuestra propia voz y letra y no desde las mentiras de la patronal y sus cómplices del STIA que dirigen las comisiones internas de esas plantas. Así, antes del triste 15 de junio, los trabajadores empezábamos a prepararnos y mostrábamos a la patronal, y a sus cómplices de la burocracia sindical, nuestras fuerzas y predisposición a defender los puestos de trabajo.

La confirmación del cierre y el inicio de la lucha abierta: asamblea y acto en puerta de fábrica

La siguiente asamblea fue el mismo 15 de junio inmediatamente después de la comunicación patronal de que quedábamos despedidos, incluida la provocación, por parte del gerente Fernando Debesa, de que ellos tenían el derecho legal de pagar la mitad de la indemnización (artículo 247 de la LCT), pero como eran sensibles a nuestra situación y como “gratificación” depositarían el resto de la indemnización hasta llegar al 100 % (artículo 245) … ¡Miserables y cínicos! Igual de miserables que los delegados verdes del STIA que separaban a sus compañeros de la asamblea general para reunirlos aparte y convencerlos de que era inútil luchar. Otra vez, a pesar de estos canallas, varios compañeros del convenio STIA vinieron a la asamblea general, donde se votó la moción de la comisión interna de Pasteleros de pelear contra los despidos y por la reapertura de la planta,  realizando como primer paso un acto y corte de calle en la puerta de la planta ese mismo viernes 18 de junio.

El acto resulto muy convocante. Participaron la mayoría de los trabajadores del convenio Pasteleros y grupos de compañeros del STIA y Panaderos. Además, contamos con el apoyo y la participación de muchas organizaciones políticas y sindicales solidarias con nuestra pelea. Los que se ausentaron fueron los burócratas de los tres sindicatos, mostrando que no estarían presentes en ninguna acción de los trabajadores y solo harían presencia cuando la patronal y el gobierno los mandasen a reventar el ánimo y la predisposición a la lucha de los compañeros. En el acto, en el discurso de cierre de uno de sus delegados, Javier Roces, militante del Partido de la Causa Obrera (PCO), se denunció públicamente, no solo las mentiras de la patronal sobre la “destrucción total” y la “imposibilidad” de reactivar la planta, sino también la incoherencia del discurso del gobierno peronista que había considerado esencial su producción y hoy permitía el cierre y el despido de casi 300 trabajadores también “esenciales”; no solo se desenmascaraba la vergonzosa agachada del STIA de Daer que teniendo en sus manos la posibilidad de parar la producción de todo el GRUPO BIMBO decía no poder luchar contra el cierre y los despidos, lo mismo que la verde de Pasteleros que ni se hacía presente en la primera acción de lucha.

Además de todas esas denuncias, se planteaba una salida propia, de los trabajadores, opuesta a la decidida por la patronal y avalada por el gobierno. Planteábamos que, si la producción de esa planta era esencial por ser alimenticia, el gobierno nacional de Alberto Fernández y el gobernador kirchnerista Kicillof debían estatizarla, garantizando los puestos de trabajo de centenares de trabajadores y la producción alimentos para los comedores populares y escuelas. Y también se planteaba una orientación de lucha: contra el discurso derrotista y desmoralizante de los dirigentes verdes e incluso del sector de la comisión interna agrupado en la Celeste y Blanca de Pasteleros, había que hacer acciones de creciente contundencia, votadas en asamblea y unificar la movilización con otros sectores del movimiento obrero, fundamentalmente con los movimientos piqueteros que estaban movilizados reclamando alimentos y puestos de trabajo. Es decir, unir las fuerzas de la clase trabajadora, ocupada y desocupada, con un programa que pusiera los intereses de los trabajadores por encima de los de la patronal que quería cerrar la fábrica por considerarla poco rentable. No era un discurso “para la tribuna” o sin fundamento. Realmente la lucha por la reapertura de la planta, a pesar de ser muy dura por enmarcarse en una situación mayoritariamente pasiva y conservadora de la clase trabajadora ocupada, tenía la potencialidad de golpear políticamente al gobierno, desenmascarando su discurso demagógico hacia los trabajadores.

La acción conjunta con los compañeros de EMA-Edesur y la primera marcha al ministerio

Si bien el acto tuvo una influencia positiva en el estado de ánimo de los compañeros, no alcanzo para contrarrestar una tendencia grande dentro de los mismos trabajadores a buscar una solución a través de la “doble indemnización”. Esto quedó claro en la asamblea siguiente del martes 22 de junio. Allí volvió a reaparecer la verde de Pasteleros para envenenar la discusión tratando de dividir a la base con la zanahoria de la doble indemnización para restarle fuerza al reclamo de las reincorporaciones y la defensa de los puestos de trabajo. Otra vez el delegado de la Celeste y Blanca (moyanista), a pesar de decirse opositor a la burocracia verde, volvía a alimentar la misma política derrotista que la conducción del gremio, incluso llegando a minimizar el acto anterior como “circo político”, la misma cantinela que sale de la boca de las patronales, el gobierno y todas las burocracias sindicales cuando los trabajadores en lucha reciben el apoyo de las organizaciones de la izquierda y el clasismo.

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Evidentemente el problema no es solo que el dinero de la indemnización al 100%, depositado ese mismo día por la patronal, haya obnubilado a los compañeros. Más bien, en la balanza de las decisiones de cada trabajador, los factores objetivos de la situación general, que no se caracteriza por un ascenso de la lucha obrera y popular, por lo menos entre los trabajadores ocupados, en blanco, pesaban más que la potencialidad de una lucha dura pero con posibilidad de triunfo a través de una correcta orientación política, que golpeara a los enemigos en sus puntos más vulnerables.

La cuestión de que no estuviera firme y garantizada todavía la doble indemnización hizo que se votara por unanimidad la movilización al Ministerio de Trabajo para la audiencia de ese jueves 24 de junio, precedida por un corte de calle en el Obelisco acordado con los trabajadores despedidos de EMA-Edesur, también considerados “esenciales” hasta el momento de su despido como “descartables”. En esa audiencia  la patronal hizo la primera oferta del pago de doble indemnización para los compañeros que aceptaran el despido, quedando pendiente la cuestión de la extensión de la vigencia de la cobertura de la obra social por dos años. Por parte de la comisión interna se reclamó una respuesta en relación a la cuestión de la reincorporación de los compañeros que no aceptaran el despido y para ello se fijó una nueva audiencia para el día viernes 2/7, que luego fue postergada para el 7/7.

Hacia la segunda marcha al ministerio y la continuidad de la pelea por los puestos de trabajo

Entre los compañeros se fue definiendo una amplia mayoría que aceptarían la doble indemnización y compañeros que estamos dispuestos a seguir la lucha por la reincorporación, cuestión sobre la cual la patronal no había cerrado formalmente una definición.  Decidimos no esperar de brazos cruzados la nueva audiencia y acompañar las acciones que habían decidido tomar los compañeros de EMA/ Edesur, para fortalecer nuestra unidad en la lucha. Esto se concretó con la presencia de un grupo de compañeros en apoyo a los bloqueos de los portones de la empresa que hicieron los compañeros de EMA en Edesur de Capital y Avellaneda.

Mientras los trabajadores hacíamos estas acciones la patronal, la burocracia sindical y el ministerio de trabajo, es decir, el gobierno, hacían sus maniobras para tratar de desarmar la lucha por la reincorporación. Intentando forzar a todos los trabajadores a aceptar la indemnización, nos “apuraron” con la firma de un preacuerdo para el mismo día de la audiencia en el ministerio, día en que teníamos organizada la movilización para respaldar nuestro reclamo de reincorporación. Hasta cambiaron el modo de realizar la audiencia, que hasta ahora había sido presencial, a modo virtual, sin que hubiera ninguna justificación por el ascenso de los contagios, sino más bien al revés. Es decir, estaba claro que el objetivo era desalentar la movilización y el reclamo de reincorporación.

Así y todo, los compañeros que queremos la reincorporación pudimos concretar la movilización apoyados por con la presencia de otros compañeros que ya aceptaron la indemnización. Es decir, la movilización votada en asamblea se cumplió a pesar de todos los obstáculos y maniobras de la patronal, el gobierno y la verde del sindicato. En esto nuevamente el delegado Quaranta de la Celeste y Blanca volvió a jugar en la práctica igual que la verde, quedándose en la planta y bajando a su agrupación de la movilización votada en asamblea. La nueva audiencia volvió a dar el mismo resultado: intransigencia de la patronal a reincorporar a los trabajadores, aval del ministerio-gobierno a esa intransigencia y la complicidad de la verde y la celeste y blanca de pasteleros.

Se abre una nueva etapa de la lucha. Los trabajadores que seguimos peleando la reincorporación debemos organizarnos en asamblea y mantener el apoyo de un sector de la base que, a pesar de haber aceptado el arreglo económico, demostraron en la movilización su solidaridad de clase. Cerramos esta nota en este punto del conflicto. En próximo número de La Causa Obrera publicaremos un balance de la lucha una vez que el resultado este definido.

Javier Roces

Delegado BIMBO San Fernando

Militante del Partido la Causa Obrera

7/7/21

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