Elecciones en Bolivia: La capitulación de una parte del centrismo trotskista al MAS y al “populismo-progresismo” en general

Este domingo próximo, 18 de octubre, está prevista la realización de las elecciones presidenciales en Bolivia, que pondrían fin al llamado “gobierno de transición”, que asumió el poder después de la caída del gobierno de Evo Morales-G Linera el 10 de noviembre pasado.

La declaración de los compañeros de Fabriles Socialistas Revolucionarios de Bolivia (FSR) es clara y fiel a los principios marxistas, ya que sostiene que, sólo manteniendo la independencia política, los trabajadores podrán realizar la tarea histórica de su liberación de la explotación capitalista. 

Pero para el centrismo trotskista, los principios son como una herencia anatómica del pasado en extinción. Está ahí, pero no se sabe para qué sirve. Y con el correr del tiempo por no ejercitarla se va atrofiando paulatinamente hasta desaparecer.

En cambio, para los marxistas revolucionarios, es decir, trotskistas, los principios son una guía para la acción.  No se trata de reivindicarlos para una autocomplacencia estéril, ni de recitar los principios como los cristianos rezan el padre nuestro, para después poder dormir tranquilos. Por supuesto que la política, necesita de las tácticas, pero las tácticas son válidas solamente si se cuadran con los principios. Si no es puro oportunismo. Y para poder dirigir a las masas trabajadoras en el proceso de la revolución socialista, hay que mantener con coherencia una política que sólo fundamentada en los principios puede tener un verdadero contenido revolucionario, independientemente de que en algunos momentos pueda dejarnos circunstancialmente aislados. 

El PO (oficial), tras la ruptura de Altamira, sigue manteniendo su carácter centrista y repite para esta elección la misma posición que tuvo en 2005, llamando a votar por el MAS. 

En ambos casos el argumento es similar, que del resultado electoral se desprenden cursos distintos para la “lucha de clases”. En este caso: que el triunfo del MAS sería favorable a “las masas”, mientras que el triunfo de Mesa o cualquier otro favorecería a los “golpistas”. Un típico argumento oportunista, que lleva a la liquidación de la independencia política de quien pretende ser un partido de la clase obrera.

Rafael Santos, que firma la nota, agrega, con la acostumbrada pedantería: “A nadie se le puede escapar, sin embargo, que las elecciones concentran la crisis política. El resultado electoral NO será indiferente para el futuro de la lucha de clases en Bolivia, como pretende el POR boliviano y algunos izquierdistas trasnochados que llaman a votar en blanco o nulo y se cruzan de brazos. Pero hay que tener anteojeras para no ver que la crisis política sigue abierta. La derecha conspira y trata de evitar el triunfo del MAS, que significaría un descalabro para los golpistas. Y las masas buscan la vía para derrotar a la derecha golpista que maniobra para legitimarse mediante las elecciones amañadas”. (1)

Desde Marx en la Circular de 1850, Lenin en relación a las elecciones a la Duma y Trotsky rechazando un candidato común del frente único contra el fascismo en Alemania, todos los argumentos habidos y por haber de los oportunistas para apoyar “críticamente” a algún sector de la burguesía o votar el “mal menor”, han sido refutados. Y en relación a las consecuencias “objetivas” que tendría el resultado electoral en el desarrollo de la situación política podríamos también citar a Trotsky:

“Pero, nos dicen Stalin y Bujarin, autores del proyecto de programa, la marcha de Chiang Kai-shek hacia el norte provocó un potente despertar de las masas obreras y campesinas. Esto es indiscutible. Pero, ¿el hecho de que Guchkov y Chulguin llevasen a Petrogrado el acta de la abdicación de Nicolás II no ejerció un papel revolucionario, no despertó a las capas populares más aplastadas, más fatigadas, más tímidas?; pero, ¿el hecho de que el laborista Kerensky se convirtiese en presidente del Consejo de Ministros y Comandante en jefe de las fuerzas armadas no despertó a la masa de los soldados, los empujó a los mítines, levantó a los campesinos de las aldeas contra los propietarios rurales? Se puede plantear también la cuestión de una forma más amplia: en general, toda la actividad del capitalismo, ¿no despierta a las masas, no las arranca, siguiendo la expresión del Manifiesto Comunista, de la estupidez de la vida del campo, no lanza los batallones proletarios a la lucha? ¿Un juicio histórico sobre el objetivo del capitalismo en su conjunto, o de ciertas acciones de la burguesía en particular, puede sustituir a nuestra actitud activa de clase revolucionaria hacia el capitalismo y la actividad de la burguesía? La política oportunista siempre se ha basado sobre un “objetivismo” de este tipo, no dialéctico, conservador, seguidista. El marxismo siempre ha enseñado que las consecuencias revolucionarias de ciertos actos que la burguesía está obligada a realizar serán tanto más decisivas, indiscutibles y duraderas cuanto más independiente sea la vanguardia proletaria con relación a la burguesía y esté menos dispuesta a dejarse atrapar por el engranaje burgués, a adornar a la burguesía, sobrestimar su espíritu revolucionario y su capacidad para establecer el “frente único” y luchar contra el imperialismo”.

Es decir, las consecuencias objetivas que pudiera producir el triunfo electoral del MAS, sólo pueden encausarse en el sentido revolucionario a partir de una posición política independiente. Si “las masas buscan la vía para derrotar a la derecha golpista” como dice Santos, no será por medio de la urna, si es que realmente el enemigo que se enfrenta es una derecha “golpista”. Y menos que menos podrá ser derrotada de la mano con el MAS ya que justamente el MAS ha pactado y conciliado con esa derecha golpista. La línea de derrotar a la derecha golpista por medio de las urnas es la línea del MAS, que ahora cuenta con el apoyo del PO.

Lo mismo que dice el “nuevo” Mas de Argentina, que también llama efusivamente a votar por el MAS de Bolivia (2): “en definitiva, será solamente en las calles donde se podría resolver el pleito con el golpismo”. ¿Y entonces? qué sentido tiene darle apoyo electoral, justamente cuando en ese plano electoral-parlamentario-institucional lo que hicieron fue pactar y sostener al “gobierno golpista”.

Por esa razón Trotsky diferenciaba la actitud ante el frente único contra el fascismo del apoyo electoral a la socialdemocracia: “La idea de presentar a las elecciones presidenciales (en Alemania de 1932) un candidato del frente único obrero es una idea fundamentalmente errónea…”. ¡Y allí estábamos ante el ascenso electoral de Hitler!!!

Es que Trotsky tenía clara la estrategia: “La lucha de la Oposición de Izquierda por la independencia completa e incondicional del partido comunista y de su política, en todas las condiciones históricas y en todas las etapas del desarrollo del proletariado provocó una tensión extrema entre la oposición y la fracción de Stalin…”

Quizás para Santos, y otros tantos centristas, Trotsky esté en su lista de “trasnochados” y/o sectarios. Muchas veces Lenin y Trotsky recibieron esa calificación de los centristas y oportunistas. Pero, nosotros podemos imaginar que diría Trotsky de Santos.

Continúa diciendo la nota de Santos: 

“El escenario convulsivo de Bolivia plantea una lucha activa contra el fraude en curso”. Si hubiera un fraude en curso, evidentemente habría que luchar para que se respete la voluntad popular.

Pero parece que para los centristas sólo hay que luchar solamente contra los fraudes de la “derecha golpista”, pero no contra los fraudes electorales si los cometía Evo Morales-García Linera, cuando estaban en el gobierno. Dado que buena parte de la izquierda que se reivindica trotskista le capituló al gobierno del MAS, le dejó el terreno libre a la derecha para arrastrar tras de sí a amplias capas de la clase media, sectores de la clase trabajadora, obreros mineros, poblaciones indígenas y campesinos, previamente reprimidos por el gobierno del MAS cuando fueron a reclamar por sus derechos y necesidades elementales, y cuyas movilizaciones fueron efectivamente las crearon las condiciones para la caída del gobierno del MAS. ¿Hubiera habido golpe sin estas movilizaciones? ¿Eran justos los reclamos de estas movilizaciones? ¿Acaso Evo no quería perpetuarse en el poder igual que Lukashenko? ¿La oposición a Lukashenko, no tiene el apoyo del imperialismo europeo? ¿Y entonces? ¿Por qué los mismos que ahora apoyan las movilizaciones en Bielorrusia contra Lukashenko califican de golpistas las movilizaciones contra el evidente fraude de Evo Morales que ya antes había desconocido abiertamente la voluntad popular? Otra cosa es que estas movilizaciones las capitalice la derecha, lo mismo que en Bielorrusia las capitaliza la oposición con el apoyo del imperialismo europeo. 

El PO y otros representantes del centrismo trotskista apoyan fervientemente las movilizaciones en Bielorrusia contra un fraude que nadie ha podido comprobar, aunque seguramente sea cierto, pero que inclusive en ese caso es difícil que le haya dado el triunfo a la oposición.  Aunque participan importantes sectores de la clase obrera y de la clase media, el movimiento es claramente dirigido por una oposición burguesa que está sostenida y amparada por el imperialismo europeo. Pero allí el centrismo no cuestiona la mano oculta del imperialismo, no condena a la derecha golpista que busca legitimar un gobierno en el extranjero amparado por la ONU y la OTAN. ¿Será que el imperialismo europeo es un “mal menor” frente a los regímenes residuales del stalinismo? ¿Acá no cuenta cuanto porcentaje de medios de producción siguen siendo propiedad del Estado? ¿O será simplemente que el centrismo trotskista se adapta a la opinión pública del progresismo de clase media europea globalista, así como en América Latina se adapta y le capitula al “populismo-progresismo”? 

Continúa escribiendo Santos: “Frente a la ausencia de una candidatura independiente, hay que valerse del voto al MAS como una vía para desenvolver la movilización contra el golpismo, oponiéndole una política revolucionaria a su política conciliadora y de compromiso con los golpistas y el imperialismo”. Santos concluye su maniobra con una mentira para encubrir su política oportunista. La política del PO se basa el que “El resultado electoral NO será indiferente para el futuro de la lucha de clases” y que “el triunfo del MAS, que significaría un descalabro para los golpistas. Y las masas buscan la vía para derrotar a la derecha golpista”. 

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Entonces, la ausencia de una candidatura independiente es sólo una excusa. Si son coherentes con los argumentos que sostienen para justificar su voto al MAS, si hubiera una candidatura que dividiera los votos con el MAS, la rechazarían, dirían que le hace el juego a la derecha. Que no haya una candidatura obrera independiente, solo le hace más barato el costo político de su capitulación.

Para cubrir las huellas de su capitulación el PO recurre a esgrimir una caracterización que se contrapone a su política, sin pestañear: “La delimitación con el nacionalismo burgués es crucial para Bolivia y para América Latina. Un nuevo gobierno del MAS no volverá siquiera al pasado. Quien se entregó dos veces (renunciando y desmovilizando en el golpe de noviembre y frenando la huelga general para que no caiga Añez) volverá a frustrar las ilusiones y expectativas que puedan tener las masas trabajadoras. El MAS va a tratar de cerrar las grietas abiertas en la crisis política en curso y la que pueda emerger como resultado de un eventual triunfo electoral suyo”. 

En realidad, como buen partido nacional trotskista que en más de 55 años de existencia fue incapaz de construir una organización internacional, solo le interesa la delimitación del pero-kirchnerismo con el cual disputará -como parte del FIT-u- las elecciones en el año próximo. Y justamente por eso, para mantener una relación oportunista con la base electoral del MAS mayoritaria entre la emigración boliviana en el gran bs as, es que al PO le calza este voto al MAS.

Fíjense que Santos escribe: “Un nuevo gobierno del MAS no volverá siquiera al pasado”. Es decir, el balance que tiene el PO del pasado, es decir del gobierno del MAS, es que ha sido progresivo para las masas, dado que sólo se delimita por su política frente al golpe y el posterior acuerdo y conciliación con los golpistas. Pero no cuestiona “el pasado” del gobierno del MAS que, sin embargo, desde el 2009 mantuvo un creciente curso reaccionario.

La Lor-ci /PTS en el mismo barco oportunista, sólo que esta vez alcanzó a sacar los pies del voto útil al mal menor

 La misma ubicación frente al MAS y su gobierno tiene la Lor-ci, el grupo boliviano hermano del PTS:

“Es por toda esta política de conciliación con los golpistas y la negativa a impulsar la movilización de masas, que ya ha provocado críticas y malestar en las mismas bases electorales del MAS, que no se puede brindar un voto por el MAS ya que el mismo significaría avalar esta política que debilita a las fuerzas obreras y populares y desmoraliza a franjas de vanguardia que desean derrotar al golpismo. Es con esta vanguardia con quiénes desde la LORCI hemos venido impulsando el mayor frente único para la lucha”. (3)

Pero la Lor-ci no explica las razones por las cuales el MAS nunca podría haber desarrollado una lucha consecuente contra el golpe de estado. Tampoco explica las razones de clase que le permitieron pactar con la derecha golpista. No. Y al no hacerlo le resta peso a la crítica. La crítica no desnuda el carácter de clase del MAS y de su gobierno. En la crítica de la Lorc-ci, la conciliación con la derecha golpista pasa como un error circunstancial, una cuestión de táctica. Inclusive el MAS lo puede computar a su favor con el argumento de evitar el derramamiento de sangre, el mismo argumento que utilizó Perón para huir a Paraguay en 1955. Los argumentos de la Lor-ci se escriben, sin tener en cuenta las necesidades actuales e históricas del heterogéneo movimiento de masas boliviano, sino mirando por el ojo de la cerradura a través de la cual miran a la vanguardia masista decepcionada. Y con ello le sigue regalando a la derecha una parte de la vanguardia obrera y popular-campesina e indígena que se movilizó contra el fraude y contra el carácter burgués del gobierno de Evo-Linera.

Nosotros haremos ese trabajo por la Lor-ci.

El MAS, movimiento predominantemente campesino con una dirección pequeñoburguesa, que emergió como referencia política de masas en los levantamientos populares de 2003 y 2005, cumplió la función que cumplen todos los “frentes populares” ante los ascensos del movimiento de masas: desviar el ascenso del curso revolucionario, que se enfrentaba y rompía con el régimen burgués semicolonial, para llevarlo por la vía muerta electoral, nuevamente al seno estrecho de las instituciones “democráticas” que esterilizan la iniciativa revolucionaria de las masas hasta que se vuelven impotentes y contenidas en el régimen burgués.

Hasta el 2009 el gobierno de Morales-Linera se vio obligado a hacer concesiones para aplacar a las masas y desmovilizarlas. En el 2009 pacto con “la derecha golpista” en la Asamblea Constituyente. Y a partir de ahí el gobierno del MAS entró en un curso reaccionario, incluyendo la represión a los sectores obreros, trabajadores, indígenas, campesinos y populares que se movilizaban por sus reivindicaciones parciales. Se alineó sin condicionamientos, con los mismos sectores de la burguesía que respaldan a la derecha. Sirvió a sus intereses y los del imperialismo, preferentemente al europeo. Sacrificó los territorios de los pueblos indígenas del TIPNIS en aras de los acuerdos con la burguesía brasileña. Y para imponerlos los reprimió una y otra vez. Dejó quemar la Chiquitanía amazónica por sus acuerdos con la burguesía agroganadera, incluyendo a los “sojeros”.

Y luego intentó extender su mandato gubernamental burlando la voluntad popular expresada en el referéndum de febrero de 2016 y en el fraude electoral de las elecciones de 2019.

¿Que la derecha golpista aprovechó esta situación en la que el gobierno del MAS tenía cada vez más oposición de lo que otrora fuera su base social, es decir, de obreros, campesinos e indígenas? Naturalmente. En todos los casos, una vez que el partido, movimiento o frente popular deja de serle útil a la burguesía, intentará desalojarlo y volver a un gobierno integrado por sus representantes más directos. ¿Pero si a la coalición política que asumió el poder en noviembre de 2019 enancada en la movilización contra el gobierno del MAS se la llama “la derecha golpista”, como habría de llamarse al MAS? Un populismo ya reaccionario, de derecha, fraudulento. En cambio, los centristas que hablan de “la derecha golpista” como el PO y el PTS/Lor-ci insinúan sin decirlo que el MAS está a la izquierda, que es progresivo en relación a esa derecha o por lo menos que sería un mal menor. ¿Por qué razón? Porque su base electoral es indígeno-campesina. ¿Pero acaso no hemos visto más de una vez en Argentina al peronismo asumir el poder para imponer a las masas trabajadoras una mayor explotación contra su propia base social electoral?  Es que justamente para eso la burguesía los impulsa y los respalda a asumir el poder.

Es obvio que el PTS/FT viene girando cada vez más en esa posición, ya que en 2004 llamó a votar por Chávez en el referéndum revocatorio, pero luego se desdijo, al criticar al PO (dirigido por Altamira), por impulsar el voto a Evo y el MAS en el 2005. Allí el PTS –sin autocriticarse de su posición en Venezuela-, contra el PO, sentenció que mantener la independencia política se trataba de una cuestión de “principios”. En Brasil 2018, los principios del PTS-MRT quedaron de lado para votar por Haddad, el candidato del PT, contra el “fascista” Bolsonaro.

Se ve que el acuerdo posterior a la caída de Evo-Lineras, entre el gobierno de Añez y el MAS que tiene las dos terceras partes del parlamento, es tan evidente, que hasta para el PTS/Lor-ci sería muy complicado justificar el voto al MAS, ya que el gobierno golpista es sostenido por el mismo MAS. Pero igual se la rebuscan para propagandizar el carácter de mal menor del MAS, de manera que para cualquiera que lee lo que publica la Lor-ci, siente una guiñada de ojo a su favor.

Antonio Bórmida 17/10/20

  1. https://prensaobrera.com/internacionales/bolivia-el-centro-de-la-crisis-politica-esta-hoy-en-el-terreno-electoral/
  1. No tenemos nada que ver con los architraidores reformistas del MAS pero no podemos permanecer neutrales frente al golpismo fascistoide encabezado por Mesa, Añez y Camacho y que cuenta con la complicidad directa del gobierno de Trump. De ahí que llamemos a rechazar el voto a los golpistas y a un voto ultra-crítico a Arce al que acompañamos con un programa independiente, de clase, anticapitalista y por la formación de un Instrumento Político de los Trabajadores tantas veces postergado en Bolivia. Llamamos también a prepararse para salir a las calles en caso de fraude y también a la conformación de comités de autodefensa antifascistas contra personajes como Camacho, la eventual represión de la policía y las fuerzas armadas golpistas, la Unión Juvenil Cruceñista y otras instituciones racistas por el estilo. Porque, en definitiva, será solamente en las calles donde se podría resolver el pleito con el golpismo.
  1. http://www.laizquierdadiario.com.bo/Derrotar-al-golpismo-con-la-organizacion-y-movilizacion-independiente-del-campo-y-la-ciudad

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